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Columnas y artículos de opinión

Rafael Freyre Flores

Por: Guillermo H. Zúñiga Martínez

30/06/2012

alcalorpolitico.com

En una reunión de familiares, amigos y paisanos, en el recinto que lleva por nombre el de un escritor, periodista y poeta muy popular como lo fue Renato Leduc, y que es emblema nacional de la auténtica libertad de expresión, se rindió tributo el pasado 26 de junio, a uno de los artistas plásticos más brillantes del siglo XX: Rafael Freyre Flores. Actualmente tiene 95 años de edad y lo verdaderamente hermoso: es un hombre totalmente lúcido, dueño de una extraordinaria memoria, que camina por su propio pie, y además con una gallardía envidiable; dibuja con gran habilidad y sus líneas no han cambiado porque sigue derramando bondad y principalmente belleza, en estos aciagos años de un siglo que, en lugar de violencia, reclama de sus habitantes estética y moral para lograr la armonía y paz que tanto necesitamos.

Tuve el privilegio de haber recibido la invitación del Club de Periodistas de México para disertar sobre este personaje que naciera en 1917, arrullado por las olas del Golfo de México y que sorprendió al mundo de su época, cuando a temprana edad empieza a publicar sus trabajos en El Dictamen, periódico decano de la prensa en el país.

Según el mismo Rafael Freyre, tuvo que hacer dos dibujos en su primera caricatura, los dos diferentes por sus rasgos y expresiones, y desde entonces, brilló en él el autodidactismo que ha cultivado durante toda su existencia. Por cierto, en esa ceremonia, públicamente pregunté si en la ciudad de México funcionaba alguna escuela para preparar a los caricaturistas y me dijeron que no, que a lo que más se ha llegado es incluir en los planes y programas de estudio de la carrera de periodismo una materia optativa que no es suficiente para formar profesionales en esta especialidad.

Escribir sobre un genio siempre es y será tarea difícil, sobre todo cuando plumas prodigiosas como la de Salvador Novo describieron al tlacuilo con todas sus virtudes, por eso es sorprendente el cúmulo de éxitos que Rafael Freyre ha conquistado a través del tiempo.

He tenido la fortuna de admirar sus trabajos artísticos, y el gusto que se desprende de ellos por parte del autor. No miento si expreso que el “arte rápido”, como le llamara William Feaver a las caricaturas, practicado por el pincel prodigioso de Rafael Freyre, siempre se ha apartado de la maldad, del enjuiciamiento, porque se coloca a la altura de la creatividad, y la finalidad que se ha propuesto toda la vida este veracruzano ilustre es, hacer de su obra, un arte que penetre el espíritu y sentimiento humanos, logrando, a la postre, en aquellos que retrata, no tan sólo admiración sino gratitud, porque los traslada a la historia.

Recuerdo en este momento sus interpretaciones magistrales sobre José Clemente Orozco, Diego Rivera y el apóstol de la paz Mahatma Gandhi; quiero evocar también la que realizó respecto de Margaret Tatcher y los retratos colectivos donde figuran los políticos más importantes de este país.

La realidad es que una caricatura de Freyre es sinónimo de inmortalidad.

Apenas hace unos días, el licenciado Ignacio Vázquez Torres recordaba que lo dibujó junto con Vicente Fox, Luis Dantón Rodríguez, Ramón Aguirre Velázquez, Miguel Montes García y Porfirio Muñoz Ledo, cuando luchaban internamente por ser candidatos de su partido a la gubernatura de Guanajuato.

Casi todos los amigos de Freyre conocen su currículum, su trayectoria, saben del premio “Mergentaller” en Buenos Aires, de sus exposiciones en el Instituto Nacional de Bellas Artes; no ignoran los reconocimientos que le ha hecho la UNAM, ni su participación extraordinaria enmarcada en el noticiero de televisión 24 Horas, ligado al talentoso periodista Jacobo Zabludovsky; tampoco soslayan que obtuvo el Premio Nacional de Periodismo, y están al tanto de sus libros: “Siete Dibujantes”, “Caricaturas al Aire” , “Mira lo que me encontré” y “Algo de Freyre”, entre otros.

Fue muy importante que el pasado día 27 se organizara un acto para ofrecerle al singular jarocho un homenaje, mismo que tiene una explicación muy sencilla pero a la vez profunda: exaltar los valores humanos, admirar la belleza, porque biografías como la de nuestro artista dan aliento y orientación para que la humanidad encamine sus pasos hacia la realización de obras productivas que dejen huellas indelebles.

Al tratar a Rafael Freyre, sinceramente me nace desearle más años de vida y salud, porque eso es lo que merece quien ha sido, además de un excelente y prodigioso dibujante, cartonista, poeta, comunicador, humorista, narrador y, principalmente, señero artista plástico de México.

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