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Columnas y artículos de opinión

La desigualdad económica y el capitalismo de cómplices

Economía y sociedad

Por: Hilario Barcelata Chávez

31/07/2012

alcalorpolitico.com

Uno de los más grandes problemas de México es la profunda desigualdad económica que existe entre las personas, lo cual se expresa en una realidad inocultable: pocos ricos y muchos pobres.

La desigualdad económica es resultado del modo particular que ha adquirido el capitalismo en México. Un capitalismo lleno de privilegios para unos cuantos, donde las oportunidades no son iguales para todos, y en donde la transgresión de la ley permite que unos cuantos puedan quedarse con la riqueza que otros producen mediante elaborados y sutiles mecanismos de explotación., que a veces son también muy burdos. Un capitalismo de monopolios, un capitalismo de “cuates”, de “compadres”. Un capitalismo donde se pagan sueldos miserables, donde no se les otorgan prestaciones laborales a los trabajadores, donde la evasión fiscal no se castiga, donde las concesiones y licencias se venden al mejor postor, donde las licitaciones siempre las ganan los amigos. Un capitalismo de arbitrariedades e impunidades. No un capitalismo de libre competencia con reglas claras que todos respeten ni condiciones iguales que sometan a todos por igual. No un capitalismo donde el que más se esfuerza más gana, sino un “capitalismo de cómplices” donde el que más compinches tiene, más rico se vuelve.

Por esta forma particular de ser del capitalismo mexicano el reparto del ingreso nacional es sumamente inequitativo, lo que queda claro al observar que el 20% de la población más rica del país concentra el 51% del total de ese ingreso, en tanto que el 20% de la población más pobre apenas recibe el 4.6%.


Esta situación es ligeramente mejor que la que existía hace 10 años. Esto resulta claro al analizar el Coeficiente de Gini que es un indicador que permite conocer el grado de concentración de la riqueza. Su valor oscila entre cero y uno, de manera que, cuanto más cercano esté a uno, mayor será la concentración de la riqueza; en cambio si se aproxima a cero más equitativa será la distribución del ingreso. En otras palabras, un coeficiente de Gini más grande significa una mayor desigualdad. En 2000, este indicador registró un valor de 0.4797, para 2005 fue de 0.458 y en 2010 registró un valor de 0.445.

Otra forma de medir la concentración del ingreso es mediante la curva de Lorenz, que es una gráfica donde se observa un área de desigualdad que se forma entre la diagonal de la igualdad absoluta y la curva dada por los valores del reparto del ingreso nacional. Esa área se denomina área de concentración. Entre más grande sea esta área, más concentrada estará la riqueza y cuanto más pequeña sea, más equitativa será la distribución del ingreso. Como puede verse en la gráfica, en México de 2000 a 2010 esta área disminuyó ligeramente su tamaño, lo cual expresa una menor concentración del ingreso.

Sin embargo, la mejora que se ha observado es demasiado poco para cambiar la situación de pobreza del país. En 2010, 70% de la población apenas recibía como remuneración cuando más, dos salarios mínimos mensuales (3,740 pesos). Otro 20% apenas alcanza cuando más 4 salarios mínimos y sólo el 10% más rico obtiene más de 5 salarios mínimos de ingreso. Un país sumamente desigual, pero no sólo en ingresos monetarios, desigual sobre todo en oportunidades, desigual en el acceso a bienes y servicios públicos, a programas de gobierno, desigual en el reparto de derechos y de obligaciones. Desigual y por lo mismo inequitativo e injusto, parejo para los ricos y disparejo para los pobres.

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