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Columnas y artículos de opinión

…Y surgió un Plan de Estudios

Espacio Ciudadano

Por: Jorge E. Lara de la Fraga

02/08/2012

alcalorpolitico.com

(Segunda y última parte)
 
                                           Jorge E. Lara de la Fraga.
 
“Es imperativo impulsar la educación rural, atenderla y cuidarla con el mayor esmero…” G.H.Z.M.
 
Como expresaba en la primera parte de este comentario, en el año de 1974 había varios jóvenes del medio rural que estaban estudiando en los Centros de Iniciación Pedagógica y su futuro era incierto, tanto en lo escolar como en lo laboral. Enterado el C. Gobernador, Lic. Rafael Hernández Ochoa de tal problema, le indicó al Director General de Educación Popular, Profr. Y Lic. Guillermo H. Zúñiga Martínez, atender a la brevedad dicho caso y ofrecer soluciones a esos muchachos. Ante ello el Departamento Técnico de la Subdirección de Educación Rural, bajo mi encomienda, trabajó a marchas forzadas y se logró un anteproyecto de modelo académico para ponerlo a la consideración y análisis, en una reunión o foro estatal de educadores. Fue en la localidad de Carrizal, del Municipio de Emiliano Zapata, donde se llevó a cabo el Seminario de Estudios Superiores de Educación Rural, del 22 al 25 de mayo de 1975, con la presencia de la máxima autoridad del Estado de Veracruz y la participación de autoridades educativas, maestros, especialistas, alumnos, invitados especiales y catedráticos normalistas y universitarios. En razón del espacio disponible, únicamente incorporaré generalidades de la fundamentación de ese plan de estudios de los CESER (Centros de Estudios Superiores de Educación Rural) Tal documento se estructuró bajo los siguientes apartados: Datos previos, consideraciones para un nuevo modelo, sustentación básica, áreas formativas, objetivos generales y particulares y mapa o estructura curricular. Dicho Plan se cursaría en 4 grados profesionales (8 semestres), posteriores a los estudios del ciclo secundario.
 
Sobre el entendido de que los nuevos docentes deberían poseer una formación integral y disponer de las herramientas imprescindibles para superar los obstáculos de la dura realidad rural, se les otorgó mayor importancia, en ese instrumento académico, a las áreas de formación psicopedagógica, formación humanística y formación tecnológica – agropecuaria, sin dejar de considerar, complementariamente, la formación científica y la formación físico – artística. Puedo aseverar sobre el particular que durante 9 a 10 años estuvo en vigencia esa estructura curricular en las instituciones formadoras de docentes de Carrizal y Acececa, que sus egresados cumplieron cabalmente con su misión humanística y sociocultural. Muchos de ellos, con su documento recepcional como distintivo de superación, tocaron después las puertas de instituciones superiores para cursar dignamente licenciaturas y postgrados de diversa índole.
 
Amerita destacarse que ese esfuerzo gubernamental e institucional desplegado en los años de 1974 y 1975 (durante aproximadamente 165 días), es uno de los últimos capítulos educacionales donde la entidad veracruzana pudo hacer valer su soberanía académica (formación normalista) ante la federación. Con el advenimiento de los planes de estudios normalistas de la SEP (de los años 80), otorgando el grado de licenciatura, se vigorizó aún más el centralismo del Altiplano, el cual como fenómeno requiere o demanda de un análisis serio y profundo por parte de los estudiosos y expertos de la materia. Tal proceder prepotente supone que la provincia está en la orfandad psicopedagógica y humanística y que sólo la Meseta del Anáhuac posee la verdad primigenia.
 
En mi interior y a la distancia cronológica todavía resuenan en mis oídos las vigorosas palabras del entonces gobernante Hernández Ochoa, cuando inauguró el Seminario de Estudios Superiores de Educación Rural: “… Por eso queremos crear maestros con mayor capacidad técnica, con mayor capacidad pedagógica; pero, sobre todo, con mayor conocimiento de los problemas nacionales, con mayor conocimiento de los problemas de Veracruz, con mayor profundidad en las necesidades del campo y con conciencia del deterioro brutal que estamos haciendo de nuestros recursos naturales… No queremos maestros elitistas. No queremos exquisitos de la pedagogía. Queremos y anhelamos maestros esforzados, formadores genuinos, seres positivos provenientes del medio rural…”

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