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Columnas y artículos de opinión

¿Profeta en los Estados Unidos de Norteamérica?

La mirada de los otros

Por: Tomás Rodríguez Pazos

16/08/2012

alcalorpolitico.com

Una sentencia bíblica reza: “nadie es profeta en su tierra”. Ésta, sintetiza la actitud generalizada de los pueblos renuentes a reconocer el valor y la ejemplaridad de alguien de su propia estirpe.
 
Javier Sicilia, escritor y poeta, se ha convertido en “la voz que clama en el desierto” a favor de las víctimas de la violencia en nuestro país. Encabeza el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. Su motivo personal, el asesinato de su hijo en Cuernavaca el 11 de marzo de 2011. Desde entonces, dejó de lado su oficio y emprendió caravanas y mítines, cuyo signo es el acompañamiento a los afectados y no lo político.
 
El 13 de agosto del presente inició en Tijuana un peregrinaje inesperado con otras 70 personas, el cual lo llevará a Washington para “demandar a la sociedad y gobierno estadunidense un alto a la guerra contra el narco, mayor control ante la venta de armas e impulsar temas sobre drogas y migración”, según reportan diversos periódicos nacionales.
 
A mi entender, se ha convertido en una especie de profeta, como lo advierto en la última estrofa de sus poema “Dolor”:
 
“A orillas de lo incierto,
entre los deportados, me senté;
ya no tengo visiones,
pero a veces, a mis espaldas oigo
el hastío y los huesos que crujen con el viento.
“Hijo del hombre, ¿podrás hacer vivir estos huesos?,
¿podrás hacerlos vivir?”
 
A los lectores de aquel Sicilia que escribía en la revista Proceso y del autor de “Tríptico del Desierto” (Premio Nacional de Poesía, Aguascalientes 2009) no pasará inadvertida la referencia al Salmo 137:
 
“A orillas de los ríos de Babilonia
estábamos sentados y llorábamos,
al acordarnos de Sión;
 
Javier Sicilia “anuncia” en el ajeno terreno preelectoral de la autollamada Norteamérica un camino diferente para recomponer las relaciones México-Estadunidenses que sólo son de “buena Vecindad” en el discurso, ¿Lo escucharán allá y lo apoyaremos aquí? ¿Podrá la fuerza de las conciencias hacer más que la fallida diplomacia?

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