Ir a Menú

Ir a Contenido

Columnas y artículos de opinión

La república de platón

Por: Angel Lara Platas

21/08/2012

alcalorpolitico.com

Para Platón, uno de los filósofos griegos más importantes, hay tres partes en el alma humana: la que conoce (la filosófica), la que está llena de ardor y bravura (la animosa), y la que solo procura la satisfacción corporal (la apetitiva). Por lo tanto –dice-, que debe haber tres partes en la estructura de la sociedad humana, para que camine acorde con las personas.

El rey filósofo que Platón concibe, se encarga del dominio del conocimiento sobre el ánimo y sobre el apetito del cuerpo político. Es decir, que en la República de Platón los guardianes del estado deben gobernar como encarnación del mismo principio, contando con un ejército bravo y celoso a ellos subordinado, y un pueblo o elemento apetitivo entregado a la obra productiva de la comunidad.

La concepción de Platón es esencialmente aristocrática y barre todo argumento democrático y todo alegato sobre la igualdad de derechos, sosteniendo que, en la sociedad, lo mismo que en el alma humana, la mejor parte debe gobernar en interés del todo.

Tal dogma está apoyado en la doctrina platónica de la “función”. Cada individuo, de acuerdo con la especial composición que las tres partes dichas determinen en su alma, tendrá su función en el sistema social. La función del filósofo es gobernar, por que sólo él conoce dónde está lo mejor. Los otros dos órdenes no pueden aspirar al mando porque carecen de semejante conocimiento.

Así, en los orígenes de la teoría política sistemática, aparecen ya todos los graves problemas que han preocupado a todas las épocas ulteriores. Quienes se han dedicado al estudio de La República de Platón, se han venido formulando una serie de preguntas como por ejemplo: ¿Es la autoridad política materia de derecho humano inalienable, que pertenece al hombre por su sola calidad de hombre, o es una consecuencia del conocimiento?

El más conocedor o capaz, ¿debe recibir órdenes o dictarlas?

¿Es la política un campo para especialistas, o para todos los hombres y mujeres comunes y corrientes? ¿Es la democracia una mera algarabía incoherente, o bien la voz del pueblo es, en cierto modo, la voz de Dios?

Y bajo estas preguntas, otra todavía más fundamental: ¿qué es el hombre; cual es su naturaleza? ¿Cómo deberá gobernar y ser gobernado?

Desde luego, Platón teorizaba y predicaba su doctrina práctica en vista, sobre todo, del estado-ciudad de los griegos. Las ciudades e islas griegas fueron, ciertamente, los primeros planteles de la teoría política y del experimento consciente en cuanto a métodos de gobierno. Esto es singularmente aplicable a Atenas que, en el apogeo de su poder hacia el siglo V (a.c.), parece una república democrática de ciudadanos plenamente organizados, aunque los esclavos y numerosos forasteros no tenían la menor injerencia en el gobierno.

Con todo, Platón justificó la decadencia del imperio ateniense, tras la derrota de Atenas por Esparta en la guerra del Peloponeso, cuando la gloria de la democracia ateniense se había extinguido. Su sucesor, Aristóteles, a menudo llamado el padre de la ciencia política, como de muchas otras ciencias, toma otro rumbo.

Platón se empeña en construir una república ideal con solo el pensamiento, en descubrir y satisfacer las necesidades reales del espíritu humano. Aristóteles se contenta más bien en escoger lo mejor de las formas y métodos usuales en los gobiernos, confesando que todos dejan algo que desear, pero distinguiendo entre los mejores y los peores, sobre la base de un laborioso estudio comparado entre las instituciones de diversos países.

Aristóteles considera que el estado-ciudad, es el modelo más alto de la civilización que distingue a los griegos de los “bárbaros”, pobladores del resto del mundo.

El estado que prefiere es, como el de Platón, un estado aristocrático poco consiente con los esclavos y obreros manuales. Sin embargo, aboga por una amplia distribución del poder político y procura trazar una constitución mixta de aristocracia y democracia. Sobre el hombre, Aristóteles dice que por naturaleza es un “animal social”, lo que hace que el vivir en sociedad le venga por ley natural y no por coerción o contrato artificial.

Agrega que la sociedad brota de la naturaleza humana, y se desarrolla desde la etapa meramente familiar hasta el adulto estado-ciudad, conforme los hombres progresan en conocimiento y cultura.

Juntos, Platón y Aristóteles, dan el tono y fijan el contorno de la teoría política para varias generaciones. La influencia de Aristóteles se deja sentir con intensidad por todo el periodo romano llamado de la Edad Oscura y la Edad Media, y así llega hasta los tiempos modernos.

En cuanto a Platón, muy olvidado desde la decadencia de Roma hasta la Edad Media, vuelve otra vez a derramar su influjo en el Renacimiento, y es todavía el más leído de los grandes pensadores políticos.

Pero resulta que el modelo “estado-ciudad” de los griegos, resultó, finalmente, un experimento político con claras contradicciones. Atenas, como otras ciudades, fue gobernada alternamente por reyes, por tiranos, luego pasa a la aristocracia y de esta a la democracia.

Columnas recientes