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Columnas y artículos de opinión

El reto de Peña

Al Pie de la Letra

Por: Raymundo Jiménez

03/09/2012

alcalorpolitico.com

Una vez conocida la sentencia del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), cuyo fallo es inatacable e irreversible, Enrique Peña Nieto se ha convertido oficialmente en Presidente de la República electo, pero aún está por verse si ya en el ejercicio del poder el priista logra erigirse en el líder que requieren los mexicanos.

Y es que, como era de esperarse, los seguidores del candidato del Movimiento Progresista, Andrés Manuel López Obrador, han emprendido acciones en varias entidades del país en contra de la validación de la elección presidencial. Este sábado, en Xalapa, miembros de #YoSoy132 se apoderaron del palacio municipal y de otros espacios públicos donde hasta el día de ayer mantenían su protesta.

Hoy otra vez, al igual que hace seis años, México corre el riesgo de perder un sexenio más por las divisiones del conflicto poselectoral que nuevamente pueden complicar los acuerdos políticos para sacar las reformas estructurales tan necesarias para el apaciguamiento, crecimiento económico y desarrollo social del país.

Las opiniones divididas se observan por doquier. Este domingo, por ejemplo, el periodista de origen mexicano Jorge Ramos Ávalos, conductor titular del Noticiero Univision y considerado por la revista Time como uno de “los 25 hispanos más influyentes de Estados Unidos”, escribía ayer en el diario “Reforma” que se vale protestar y resistir, y que se vale buscar todas las formas posibles para oponerse al priista Peña Nieto. Pero sugería “hacerlo de una manera no violenta, inteligente, democrática y ejemplar”.

Ramos Ávalos cuestionó que los siete magistrados del Tribunal no encontraran pruebas suficientes de irregularidades que pudieran modificar el resultado final, cuando sí lo han visto, y muchas veces, millones de mexicanos. “(…) El Tribunal Electoral decidió que sí se puede ganar con trampa una elección presidencial en México y así le dio a Peña Nieto el triunfo en las pasadas elecciones. El problema es que la decisión no aclaró muchas sospechas que aún quedan sobre la imparcialidad y legitimidad del proceso. Eso dejó a México dividido”, consignó el destacado periodista que ha ganado ocho premios Emmy y el prestigioso Maria Moors Cabot otorgado por la Universidad de Columbia

“Ahí están las miles de tarjetas de débito repartidas con la intención de comprar votos. Y ahí están también todos los comerciales de televisión que hizo durante años Peña Nieto, cuando era gobernador del Estado de México, para promover su imagen y su campaña a Los Pinos. Algunos de esos comerciales los hizo su actual esposa, Angélica Rivera. El gasto es en decenas de millones de dólares.

“Lo que es obvio y evidente para millones de mexicanos –las tarjetas y los comerciales– no lo fue para los jueces del TEPJF. Por eso las acusaciones de que tomaron partido, de cinismo y de poco rigor legal. Imposible saber si la compra de votos y la campaña televisiva fueron determinantes en el resultado del 1o. de julio. Pero está claro que hubo trampa.

“Ante estos abusos electorales, muchos mexicanos ya no quieren decir ‘ni modo’. Esa fue la respuesta típica por más de medio siglo. Pero, afortunadamente, nuestra cultura política ya no la acepta más. La pregunta, entonces, es ¿qué hacer?”, lanza la interrogante Ramos Ávalos, quien en sus 30 años de periodista le ha tocado cubrir procesos electorales en varios países americanos, como Colombia, Nicaragua y Venezuela, cuyas lecciones, dice, son muy claras y pueden aplicarse a México. “En nuestros países –refiere–, muchas veces hay fraudes e irregularidades. Muchos presidentes latinoamericanos, al igual que Peña Nieto, han ganado con trampa. Pero en política la mejor venganza es el éxito en las urnas”.

Para el columnista asociado al New York Times Syndicate, la misión de los opositores a Peña es clara: “no hay que dejarse. Nunca. Y están dejando en evidencia a los que hicieron trampa para que nadie, nunca más, lo vuelva a hacer. La democracia solo avanza a pasitos y se arma desde abajo, no desde arriba.

“Al final de cuentas lo que importa no es la protesta sino el poder (y con él la posibilidad de cambiar al país). El gran reto de la izquierda y de la oposición democrática en México es transformar este conflicto en una victoria electoral en el 2018”, concluye.

Pero en la misma página editorial de “Reforma”, el historiador y ensayista Enrique Krauze rememora al poeta argentino José Luis Borges, quien alguna vez dijo que “México vive obsesionado por la contemplación de la discordia de su pasado”.

“Ahora podría agregar ‘y de su presente’ ”, dice Krauze, quien argumenta que “siempre hubo algo falso y simplificador en reducir la historia nacional a la querella entre indígenas y españoles, realistas e insurgentes, conservadores y liberales, reaccionarios y revolucionarios. Hoy parecemos estar detenidos en dos versiones encontradas sobre el destino de México: la que comulga, y la que no comulga, con López Obrador”.

El director de la revista “Letras Libres” resume que “por casi seis años la dicotomía ha sido paralizante y opresiva. También omnipresente. Nos desayunamos, comemos, cenamos y hasta soñamos con ella. Debemos superarla. El mexicano común, el que no vive obsesionado en la contemplación del pasado sino en las urgencias del presente y las angustias del futuro, tiene otras prioridades, que son las verdaderas.

“Ante todo, espera que vuelva la paz interna y con ella la posibilidad de recorrer los caminos, las calles y las plazas del país sin temer un asalto; de atender un pequeño negocio sin sufrir una extorsión; de dormir sin zozobra por la seguridad física de los hijos. Acotar la violencia criminal llevará años, quizá generaciones, y requerirá la convergencia eficaz de muchas medidas públicas. Pero requerirá también de un imprescindible consenso nacional contra el crimen que hasta ahora, increíblemente, no existe, porque la interminable discordia política distorsiona su sentido y aplaza su realización”

El autor de “Por una democracia sin adjetivos”, “Biografía del poder”, “La presidencia imperial”, “Travesía liberal” y “De héroes y mitos”, entre otros libros, pregunta cómo lograr ahora sí las reformas laboral y energética que podrían permitir al país crecer económicamente el siguiente sexenio por lo menos dos dígitos, con lo cual se paliaría la creciente pobreza, se generarían miles de empleos y decaería la delincuencia.

“¿Cómo abrir el candado? El pasado autoritario no ofrece ya fórmulas aplicables. Con la pluralidad del Congreso, la autonomía de la Suprema Corte y la libertad de prensa, no hay lugar para ‘Quinazos’ o para la imposición automática y vertical de ninguna reforma. Tampoco cabe esperar un puente de diálogo con la corriente que representa López Obrador. Su divisa no es la violencia física sino la descalificación ideológica basada en una superioridad moral que, a pesar de ser autoproclamada, cuenta con la fe de sectores muy amplios de opinión. Esa corriente no se avendrá jamás a trabajar dentro del presente marco institucional: para ella, la presidencia es ilegítima, el Congreso –nacido de la misma elección– es parcialmente espurio, los jueces son corruptos. En cuanto a las voces disidentes, quienes no están con AMLO están contra él, están contra ‘el Pueblo’ encarnado en él.

“El próximo gobierno puede atenuar la discordia si acredita en los hechos la transición democrática interna en el PRI. Será difícil, dada la persistencia de sus dinosaurios sindicales y caciquiles. La misma elección que dio el triunfo a Peña desembocó, paradójicamente, en un referéndum reprobatorio del PRI. Aquí, por buenas razones, la historia remota y reciente pesa mucho. Las tres iniciativas propuestas (dar un rango nacional al IFAI, crear una comisión ciudadana contra la corrupción y establecer un órgano regulador de la publicidad oficial) parecen razonables pero sólo como inicio de un proceso que, de llevarse a cabo, tomará el sexenio entero. Un buen gobierno es la mejor refutación a una oposición cerrada e irreductible.

“Otro factor crucial será la relación entre el Ejecutivo y el Legislativo. Si miramos nuestra historia, nunca ha sido buena. En largos trechos ha predominado el Ejecutivo, en períodos más breves el Legislativo, pero no han sabido trabajar juntos. Deben hacerlo para encarar los problemas que nos abruman. El Congreso necesita legitimar su función. El ciudadano repudia los circos parlamentarios.

“Pero superar el pasmo es tarea de todos. Debemos dejar de vernos en el espejo discordante (y narcisista) de nuestro pasado remoto y reciente. Hay que abrirnos a la visión madura de las cosas, que es siempre plural y compleja. No conozco mejor camino que debatir públicamente sobre las prioridades nacionales. Hacer que pesen más las razones que el encono”.

¿Lo entenderán los aliados de Peña y de López Obrador?

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