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Columnas y artículos de opinión

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Espacio Ciudadano

Por: Jorge E. Lara de la Fraga

24/09/2012

alcalorpolitico.com

“La llave del éxito en la vida es el conocimiento de uno mismo y del valor de las cosas…”

El pasado fin de semana, en medio del fervor patrio, tuve la oportunidad de ver por televisión los incidentes relacionados con una pelea internacional de box, donde intervinieron como protagonistas un hijo de Julio César Chávez y un púgil que responde al nombre de Sergio “Maravilla” Martínez. En forma concisa les manifiesto que el estilista argentino fue “mucha pieza” para nuestro paisano y éste únicamente en el episodio 12 estuvo a punto de noquear a su adversario. Lo expuesto tiene la finalidad de destacar la actitud enfermiza que posee un buen número de padres, en cuanto a obligar a sus hijos a que sigan determinada actividad, a que estudien una carrera o efectúen un oficio específico, sin considerar para nada la voluntad, el interés, las habilidades o la vocación de los inquietos renuevos. Me dio pena ver cómo quedó el rostro de Julio César Chávez junior. Puso voluntad y empeño durante la referida confrontación boxística, pero carecía de los recursos para contrarrestar los ataques hábiles de su oponente. Es de suponerse que su emocional progenitor, al término de las hostilidades, lo cuestionó duramente y “lo puso como campeón”, comportamiento a todas luces torpe, injusto y de poco sentido común.

Los errores de los padres no los deben cargar los hijos. El boxeador Chávez mayor tuvo su esplendor y ha sido reconocido ampliamente, pero eso no lo faculta para querer “fabricar campeones”, a imagen y semejanza suya, dentro de su misma familia, con los riesgos implícitos para sus vástagos en esa ruda práctica del pugilato. La imposición de los mayores hacia los jóvenes, en lo profesional, laboral, cultural y social, es un problema muy difundido. Conocí a un joven talentoso, con excelentes notas académicas, que fue obligado a estudiar medicina. Su “respetable” padre y su abuelo gozaban de prestigio en el terreno de la atención eficiente de las afecciones físicas, por ello se anhelaba que ese muchacho se identificara con la noble carrera de Hipócrates y de Galeno. A final de cuentas ese joven satisfizo el capricho de la parentela, pero después se enroló de manera definitiva en actividades comerciales de carácter empresarial. Existe también la lamentable historia de un investigador universitario que se empecinó en hacer de sus hijos réplicas de él mismo, enfrascándolos en tareas intelectuales arduas y ajenas al interés de los muchachos. Pasaron como familia muchas situaciones tensas, para propiciar en un momento de crisis, el suicidio de una persona y la huida de un elemento de ese hogar.

Sería deseable que a todo muchacho, al culminar sus estudios de nivel medio superior (bachillerato), se le aplicara una batería de pruebas o tests para detectar sus habilidades, sus intereses, sus capacidades cognoscitivas y sus inclinaciones profesionales -vocacionales. Aunado a ese diagnóstico personal, poner a disposición de los interesados información de carreras universitarias, la demanda ocupacional de las profesiones diversas y una relación de planteles de estudios reconocidos. Una buena asesoría psicopedagógica permitiría servir de contraparte o de antídoto para evitar decisiones equivocadas, tanto de los alumnos como de esos ancestros medievales que quieren imponer su criterio en la directriz vital y en el desempeño profesional o laboral de sus consanguíneos.

Mal proceden los progenitores que no respaldan a sus descendientes cuando los encauzan por horizontes distintos a sus singulares posibilidades, así como también actúan incorrectamente algunos profesores cuando frenan los ricos veneros de realización espontánea de los niños y jóvenes bajo su encomienda. No olvidar que quienes viven en sintonía, en armonía con su naturaleza, son plenos y felices, son triunfadores. Desde nuestros amaneceres existenciales todos venimos pertrechados con nuestras virtudes y potencialidades, mismas que debemos cultivar y proyectar. México está demandando mejores cuadros ciudadanos en estos lapsos de emergencia. Dejemos que nuestros hijos y nietos se desenvuelvan con optimismo, con libertad, a plenitud y puedan así cumplir dignamente con su cometido histórico.

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