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Columnas y artículos de opinión

¡Es Chávez!

Por: Helí Herrera Hernández

08/10/2012

alcalorpolitico.com

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Twitter:HELIHERRERA.es

A pesar de la denostación mundial de los medios de comunicación afines a los grandes capitales internacionales, ganó Hugo Chávez la elección presidencial de este domingo 7 de octubre. Los organismos financieros internacionales tendrán que esperar siete años más.

A pesar de la crítica constante a sus políticas públicas por parte de gobiernos derechistas Hugo Chávez se alzó con la victoria, en unas elecciones que mediáticamente nos hicieron creer iban a ser las más cerradas de la historia Venezolana.

A pesar de la alianza entre los grupos ultraconservadores de Venezuela con los sectores más reaccionarios del mundo capitalista que metieron sus manos en las elecciones, impulsando política y económicamente la postulación primero, y la campaña después del candidato opositor Henrique Capriles, Chávez Frías los venció nuevamente con el apoyo y respaldo de su pueblo, en las elecciones más vigiladas del mundo.

En efecto, las elecciones de este domingo fueron las más vigiladas por organismos políticos y de derechos humanos internacionales que, muchos de ellos, arribaron desde hace más de dos meses para vigilar el proceso preparatorio al que se consumó hoy. Desde el centro Carter que las avaló manifestando que "fueron las más limpias que las que se realizan en la mayoría de los países latinoamericanos", hasta por los observadores electorales de la Organización de los Estados Americanos (OEA) y de la ONU, quienes las calificaron como "muy participativas, democráticas y altamente confiables".

A diferencia de las sucedidas en nuestro país el pasado primero de julio, las elecciones presidenciales en Venezuela se efectuaron con urnas electrónicas donde el elector llegaba y se identificaba con su credencial para sufragar; luego pasaba a la computadora para escoger entre Chávez o Capriles, expidiéndole el ordenador su sufragio impreso mismo que depositaba en la urna electoral. Al finalizar la jornada se compulsaba el número de votos para cada candidato registrado en las computadoras con los votos encontrados en las urnas electorales y al coincidir, se mandaba la información al centro nacional electoral para sumarlas con el resto de las 39 mil 322 mesas de votación distribuidas en los 13 mil 810 centros electorales.

Al final de ese trabajo la Presidenta del Consejo Nacional Electoral Tibisay Lucena anunció que la participación electoral fue del 84% (la más alta de todos los países del continente), y que el triunfador era Hugo Chávez Frías con el 54.42 por ciento (7 millones 444 mil 082 votos), mientras que su opositor Henrique Capriles alcanzo el 44.97% (6 millones 151, 544 votos sufragios)

Todos estos instrumentos más los miles de observadores internacionales que llegaron a Venezuela desde semanas atrás, le impiden a la oposición y sus voceros alegar algún fraude electoral por lo que se consigna, tal y como ocurrió hace seis años, que el proceso electoral de ese país sea calificado de democrático y confiable, según lo dio a conocer en esas fechas el expresidente de los Estados Unidos James Carter.

La confrontación entre el estatismo (socialismo bolivariano) y el regreso de Venezuela al neoliberalismo o capitalismo salvaje, despertó un interés inusitado en el mundo porque los medios auguraban la derrota de Chávez frente al joven Capriles, sin embargo, fueron los millones de clase medieros quienes le dieron la posibilidad al actual presidente para mantenerse seis años más al frente del gobierno federal, argumentando que fue Hugo Chávez quien con sus políticas públicas les quitó la incertidumbre “de no saber si comerían mañana”, al generar millones de empleos.

Esta elección hizo que casi nadie se enterara que el mismo domingo 7 hubo elecciones de presidentes municipales en 5568 localidades de Brasil, donde por cierto el partido del trabajo (socialista también), ganó ampliamente la mayoría de las municipalidades.

El presidente de Venezuela da una muestra más que la lucha contra los monopolios de la información en Venezuela y en el mundo es difícil pero que se puede ganar. Que se requiere cohesión social de los sectores proletarios para tejer una red que barrio por barrio le de la batalla a los enemigos de la educación, del avance social, de una distribución más justa de la riqueza.

La batalla escenificada en Venezuela no fue entre Chávez y Capriles, sino entre dos modelos económicos de desarrollo distintos, antagónicos, que llevan lustros librando cruentas luchas. Uno apoyado con todo el dinero del mundo y el otro tan solo con la fuerza de convicción de millones de desposeídos, de parias y clase medieros que exigen una vida mejor: más justa, más digna y más humana.

También lo fue porque el petróleo de esa nación sudamericana no fuera a parar a los grandes trusts norteamericanos, sino para que sus beneficios se apliquen para la mayoría de los venezolanos

Ese es el merito, a final de cuentas, de Hugo Chávez Frías. El de haber encabezado esa gran lucha no de hoy, sino desde hace más de tres décadas en su país, la patria del libertador Simón Bolívar.

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