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Columnas y artículos de opinión

El establishment

Por: Helí Herrera Hernández

17/12/2012

alcalorpolitico.com

Twitter:HELIHERRERA.es
 
Conocidas las reformas estructurales que ha planteado el Presidente de la República tanto al Congreso de la Unión como a los mexicanos, en sendos actos públicos, rodeado de los dirigentes de las tres principales fuerzas políticas de la nación, podemos emitir ya una opinión si aprobadas en verdad elevarán la competitividad del país, si las reformas al artículo tercero constitucional mejorarán el modelo educativo y, por último, si reforzaran los ingresos del Estado sin aumentar impuestos para distribuirlos a sectores sociales empobrecidos por las políticas públicas que tanto el PRI como el PAN han venido impulsando desde 1985.
 
La tarea, de inicio, hay que decirlo, se ve difícil, dado que modificar el status quo que tanto han favorecido a los dos partidos que han ocupado la presidencia de la república requiere valor, patriotismo, amor por las masas sociales que en los últimos 27 años han visto caer el poder adquisitivo del salario; que han perdido sus hipotecas; que se han quedado sin empleo; que han perdido algún familiar, que ya no han podido mandar a sus hijos a las escuelas; que han visto morir de enfermedades algún pariente que en otras naciones subdesarrolladas las han erradicado, mientras que pequeños grupos privilegiados siguen acumulando riquezas gracias a que esos gobiernos les perdonan impuestos o se los devuelven; les permiten explotar la fuerza laboral; se hacen de la vista gorda frente a los monopolios que se expanden día con día, llegando sus tentáculos a controlar casi el 46% de la riqueza nacional bruta.
 
Poner freno a los grandes intereses creados vinculados con los partidos de la burguesía, que han fincado sus triunfos en los sindicatos obreros unos, y en los organismos patronales otros, genera escepticismo, que nadie cree, y más cuando en los primeros 15 días del nuevo gobierno se han mandado señales a esas organizaciones gremiales, que la guerra declarada en el discurso por el titular del Poder Ejecutivo contra los caciques sindicales (enriquecidos brutalmente a costa de sus representados), y los grandes monopolios (radio, televisión, teléfonos, etc.), tan solo son unos coscorrones que, a valores entendidos, les darán a doña Elba Esther, al senador Romero Deschamps, a don Carlos Slim, a Emilio Azcárraga, a Ricardo Salinas y todos los que han hecho posible que el establishment se mantenga por los siglos de los siglos, mientras esa burguesía detente el poder.
 
La decisión de los diputados y senadores del partido revolucionario institucional, de eliminar las medidas que exigen una mayor transparencia y rendición de cuentas de los líderes sindicales elevándolas a ley, se traducen en un cheque en blanco, en una carta de impunidad firmada por El Estado a su favor, e impiden que la educación en México mejore, que sea competitiva, y condena a las generaciones de educandos a seguir ocupando los últimos lugares en asignaturas como Matemáticas, física o química, por debajo, muy por debajo de países latinoamericanos.
 
El petróleo nacional que es motor de la economía sufre dos cánceres que podrían colapsarla: 1.- su probable e inminente privatización que es la intención del gobierno federal, si las organizaciones sociales no se oponen y 2.- el secuestro de esta industria nacional por unos pillos que a través del sindicato han hecho infinidad de negocios multimillonarios que han impedido el desarrollo de esta empresa estatal. En la práctica ha operado una alianza entre los gobiernos federales con dicha organización gremial para colocar a PEMEX como una empresa de riesgo, que con el apoyo mediático han vendido la quimera que solo con capital privado puede ser una empresa rentable.
 
Mientras no se democratice la vida sindical de la masa obrera petrolera y se castigue con la ley en la mano a todos los funcionarios corruptos que han hecho de PEMEX su modus vivendi, México seguirá refinando petróleo en Estados Unidos y tendrá combustibles caros, impulsando la inflación e impidiendo el desarrollo del mercado interno, con las consecuencias que esto genera en la población.
 
No se ve ninguna intención del nuevo gobierno de cambiar este abominable estado en PEMEX.
 
Las reformas anunciadas el primero de diciembre no son transformadoras y solo están tocando la superficie de los problemas que se deben de arreglar. No llevan coraje, determinación, alto sentido social y amor por México. En consecuencia van a retrasar el crecimiento económico en un momento que es crítico para que México mejore su posición en la economía mundial.
 
El stablishment establecido por Carlos Salinas de Gortari en sus reformas constitucionales a partir de la LV Legislatura federal, que no son otras que la profundización del capitalismo salvaje o neoliberalismo, como lo quiera llamar, no sufrirán cambio alguno, al contrario, los monopolios mediáticos y de telecomunicaciones seguirán a pesar de los anuncios presidenciales de ofertar dos cadenas de televisión abiertas y el uso “más democrático” de la banda ancha de 2.5 gigahertz. De las dos cadenas de televisión ya se avizora que una de ellas se le quedará al duopolio TELEVISA-IUSACEL (televisión azteca), mientras que la banda ancha será acaparada por el grupo PRISA-TELEVISA, que ya están apoderados del 73% del mercado radial en México.
 
El gatopardismo de cambiar algo para que nada cambie, para que todo siga igual parece ser será el sello del actual gobierno.

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