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Columnas y artículos de opinión

Universalidad de la educación

Por: Guillermo H. Zúñiga Martínez

23/03/2013

alcalorpolitico.com

Extraña sobremanera la declaración de Rafael López Castañares, actual Secretario General de la ANUIES, respecto de la oferta de trabajo para sobrecalificados. De ninguna manera es aceptable que un funcionario de tal jerarquía se exprese lastimosamente sobre ciudadanos que se dedican a cultivar un perfil profesiográfico y posteriormente encuentran problemas de tipo laboral.

Textualmente dijo el señor López Castañares que: “La educación superior representa para cualquier persona la oportunidad de acceder a mejores expectativas de vida, sin embargo, esta aspiración no siempre se cumple ya que es evidente la insuficiencia de fuentes de empleo debidamente remuneradas para quienes se forman en las universidades e instituciones de educación superior”.

Lo que plantea el distinguido maestro, a mi manera de ver, parte de un error de concepción políticoeducativa. Es indiscutible que una de las obligaciones torales de cualquier régimen político, es preparar concienzudamente a los ciudadanos que gobierna, porque lo más sobresaliente es que hombres y mujeres cuenten con la formación adecuada para cuando tengan oportunidad de acceder a una ocupación que exija conocimientos; que de acuerdo con el tabulador profesional ofrezca buenos salarios y excelentes prestaciones, pues de lo contrario se repetirá lo que hemos tenido que sufrir durante mucho tiempo: que las universidades se alejen de los ambientes populares y castiguen de manera cruel a todo aquel semejante que quiere estudiar para superarse y transformar su existencia, por el cúmulo de conocimientos que va adquiriendo cuando se encuentra frente al saber y localiza alguna institución que garantiza la escolaridad y el reconocimiento a sus habilidades teóricas y prácticas.

Si hiciéramos caso de lo que postula el representante de la ANUIES, lo procedente sería reducir las matrículas en las escuelas públicas, suprimir carreras sin mayor éxito en la vida y que además no son reclamadas con vehemencia por los ciudadanos, como es el caso, verbigracia, de licenciaturas en filosofía, historia o en áreas especulativas que solamente tienen como finalidad satisfacer las curiosidades académicas de los usuarios, pero que el mercado laboral no exige de manera prioritaria.

Estas ideas de López Castañares, que se traducen en que las expectativas de los egresados universitarios para lograr una mejor vida no se alcanzan como ideal, en verdad preocupan porque no podemos negar que ante el desempleo de egresados de carreras profesionales, éstos tuvieron que aceptar salarios mínimos o algún quehacer no relacionado con su preparación específica, pero lo más importante es que una sociedad bien cultivada desde el punto de vista universitario es mucho mejor que otra que solamente prepare élites. La Universidad, como su propio nombre lo indica, debe ser para todos y no tan sólo para una selección de aprendientes.

Con base en un estudio sobre mercado laboral de profesionistas en México, uno de cada seis universitarios estaba desempleado, lo cual significa que las fuentes de trabajo no se han multiplicado de manera significativa, sino por el contrario han ido creciendo muy lentamente; nadie quiere imaginar que la economía se desarrolle a velocidad tal que en un momento dado, cuando exija la preparación de los ciudadanos para emplearlos, se dé cuenta de que no existen.

Habla el referido estudio que el desempleo entre hombres y mujeres preparados es un fenómeno que se presentaba en Inglaterra, Italia, China y ahora es también realidad en México, pero lo cierto es que aún no hemos llegado a esos extremos, por lo que se sigue imponiendo una obligación constitucional que consiste en educar a todos los que quieran aspirar a ser mejores cada día, sin pensar en las expectativas laborales, porque lo más trascendente es que, cuando éstas se den, puedan ser acariciadas por personal que logre demostrar conocimientos universitarios.

El Secretario General de la ANUIES insiste en que la incidencia del desempleo fue mayor entre los profesionistas nacionales en comparación con la población adulta en general, lo cual sugiere un sesgo sobre el personal más calificado derivado, muy probablemente, de la naturaleza de las repetidas crisis sufridas por nuestra economía en estos últimos doce años.

Independientemente de las crisis económicas políticas o sociales que se vivan, insisto en que se debe dar todas las facilidades a los ciudadanos, para que asistan a clases de nivel superior y garantizarles la validez de sus estudios para efecto de que no tan sólo transformen su existencia, sino que se encuentren preparados ante cualquier exigencia de carácter socioeconómica. Educar es una responsabilidad que se debe cumplir cabalmente.

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