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Columnas y artículos de opinión

Lo típico, que te mande a chingar a tu madre

Prosa Aprisa

Por: Arturo Reyes Isidoro

10/06/2013

alcalorpolitico.com

Declaró Alejandro Montano Guzmán, diputado federal por Xalapa Rural y secretario de la Comisión Especial de Programas Sociales de la Cámara de Diputados, que en Veracruz la participación política se expresa con pasión, pero también con sentido jarocho, con un timbre de alegría.
 
Esa comisión es una de las que visita los estados donde habrá elecciones y, lógicamente, Alejandro aprovechó para decir que todo está blindado contra el fraude y bla bla bla, pero fue inevitable, por su origen, que le preguntaran sobre el candigato Morris, que busca acabar con las ratas en el gobierno y al que ciudadanos han propuesto como candidato a la alcaldía de Xalapa.
 
En declaraciones que se publicaron el sábado en El Universal, Montano dijo: “Esto no estropea el espíritu democrático de las elecciones de mi estado”. Es el calor jarocho, insistió, lo que se expresa. “Así somos, interesados en la política, pero con ‘chistes alegres’”.
 
Y para corroborarlo, narró una anécdota ocurrida a un grupo de funcionarios que hicieron una escala en Alvarado, para comer, “ya tarde, a las cuatro y media, cuando ya estaban hambrientos. Se sentaron a la mesa y devoraron las tortillas fritas y salsas al alcance de su mano”.
 
Platicó Alejandro que entonces llegó la dueña, doña Juana, a darles la bienvenida y a ofrecerles la mejor atención posible. “Entonces, uno de los funcionarios, muy propio, le preguntó: ¿Qué es lo típico aquí?”. Doña Juana le contestó: “Mira mi’jo, lo típico es que te mande a chingar a tu madre, pero también hacemos mariscos, pescados, esto y lo otro”.
 
Montano Guzmán comentó: “Así es la política en Veracruz, sazonada con el carácter alegre jarocho, y con una gran participación política, que cuando se expresa en las elecciones, llega a ser muy apasionada”.
 
Cuánta razón le asiste al ex secretario de Seguridad Pública en el gobierno del licenciado Miguel Alemán. El jarocho y el veracruzano en general es amistoso, alegre, dicharachero, pícaro, y de la política, fuera, ciertamente, de la pasión que es capaz de llevarlo a los peores excesos, hace una verdadera fiesta en la hay que aprender y saber participar en ella y divertirse y no enojarse si se quiere salir indemne.
 
¡Hay de aquel que se mete a la política y no conoce la idiosincrasia del veracruzano! Por experiencia propia sé que, sin embargo, no obstante la pasión con la que abrasa sus causas, es posible dialogar, razonar y entenderse con el otro. Y hay comprensión, entendimiento y hasta espíritu de colaboración si se actúa con respeto y si se cumple. Cuando así ocurre –“yo sé con quién lo palabro”, dice el indígena popoluca del sur del estado–, miel sobre hojuelas.
 
Me pareció positivo, un buen signo, que al desayuno oficial con motivo del Día de la Libertad de Prensa o de Expresión, el viernes 7, se haya invitado a periodistas que ejercen la crítica, a veces hasta despiadada y con humor, contra el poder establecido. Vi llegar, por ejemplo, a Antonio Trujillo Perdomo, a Salvador Muñoz, a Hugo Figueroa, a Aurelio Contreras Moreno. Y no pasó nada.
 
(No lo creía, hasta que me lo corroboraron en diversos lugares, que muchos fueron porque pensaban que iban a rifar un coche y a regalar pantallas planas de televisión, o computadoras, u hornos de microondas, o grabadoras, o Idpas, o viajes al extranjero, o “becas”. Se tuvieron que conformar con un libro de Catón y, algunos, con un chaleco de tela con la leyenda “Prensa”. Pero fue bueno, a mi juicio, que el Gobierno del estado acabara este año con esa perniciosa práctica, que nunca más debe volver.)
 
El viernes, por la tarde, observándolos, no me quedaba duda de que en Veracruz cabemos todos, bien, con nuestras naturales diferencias. Teniendo como anfitrión al colega y compañero Carlos Jesús Rodríguez departíamos con una franca camaradería el presidente de la Junta de Coordinación Política del Congreso del Estado, Flavino Ríos Alvarado, priista, con el diputado federal Uriel Flores Aguayo, perredista, y con Enrique Cambranis Torres, dirigente estatal del PAN, así como con Eduardo de la Torre Jaramillo, candidato panista a diputado local.
 
Pero ahí estaban también voces plurales, de periodismo crítico: Claudia Guerrero Martínez, hermosa, cordial, amistosa y afectuosa, como siempre, Virginia Campollo Durán, Ana Lilia Velázquez, Raúl Torres Jiménez, viejo compañero mío, Miguel Ángel Cristiani González, Armando Ortiz, Francisco Licona, Alfredo Bielma Villanueva, Rafael Arias Hernández, Luis Martínez Wolf (tan ameno, como es su característica), Ricardo Vázquez Salazar, en fin.
 
De todos ellos escuché que sólo desean que a Veracruz le vaya bien, o mejor. Me pregunto si ha habido los puentes necesarios para, dentro de su diversidad, aglutinar a toda esa corriente de conocimiento y de pensamiento, que tiene mucho qué decir y qué aportar y a la que hay mucho que escuchar.
 
Pero para reforzar lo que dijo Alejandro Montano Guzmán de que la política en Veracruz está sazonada por el carácter alegre jarocho, yo, que me ocupo también de escribir de la política, el sábado decidí sazonar mi quehacer con la alegría que tiene el puerto jarocho y decidí ir a celebrar con los colegas Salvador Muñoz, su esposa Brenda Caballero, el teacher Rodolfo Casanova, Arturo Reyes Jr., y el profesor José Berber a la Isla del Amor, con una comida inolvidable y relajante.
 
Ahí recordamos con Salvador alguna diferencia que tuvimos alguna vez cuando él desde el periódico Política le dio duro al entonces gobernador Miguel Alemán Velasco, a mi juicio injustamente, y a quien yo, en mi carácter de Director de Prensa entonces, defendí con argumentos, como era mi deber. Pero eso nos hizo más amigos. Nada de persecuciones y represalias. Más de diez años después, ahora lo hemos celebrado con unos vodkas, de los que tomaba Truman Capote.
 
Por la noche, fui a parar, de refilón, a la cena que ofreció Sergio Pazos, candidato del PRI a la alcaldía de Boca del Río, a colegas de la zona conurbada en un restaurante del bulevar, muchos viejos amigos míos, tan disímbolos también pero tan veracruzanos, tan compañeros, tan valiosos como Araceli Baizábal, Rosa María Hernández Espejo, Luz María Rivera, Carolina Ocampo, Esperanza Morales, José Luis Rogel Montalvo, Abel García Urbina, Hugo Garrido, Raymundo Zúñiga, su esposa y también colega Reyna León, Manuel Carballo, entre otros muchos, bien atendidos, como se merecen, por otro colega, Julio Hernández, que veo que mueve muy bien el abanico al frente del área de prensa del candidato Pazos.
 
Por fortuna, confirmé que mis compañeros la libran bien y que la prensa, no obstante todo lo que ha pasado, goza de cabal salud, y que están en la batalla pero que también saben divertirse. Bien.
 
Los políticos ven, lamentablemente, sólo por sus intereses; los periodistas y los ciudadanos en general tenemos todo el derecho de actuar con toda libertad y como mejor nos acomode; pero es posible –y deseable– que todos podamos convivir en armonía, unidos pero no uniformados, con nuestras naturales diferencias, anteponiendo, por encima de todo, el respeto. Creo que sólo falta decisión y voluntad política.

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