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En Caliente

Por: Benjamín Garcimarrero

24/03/2014

alcalorpolitico.com

Entró mi secretaria al privado y me dijo: “Ahí está una señora que dice que es familiar de usted y quiere plantearle un caso personal”.
 
¿Cómo es ella?
 
Más o menos de unos cincuenta y cinco años, morena, más retinta que agüerejada, jamona y con voz de barítono acatarrado.
 
 ¿Y qué quiere?
 
No me dijo, pero dice que es un asunto personal y que es su parienta.
 
Bueno, pásamela pero adviértele que en cinco minutos tengo una audiencia oficial (lo que si era cierto).
 
Entró la “parienta”, tuteándome asquerosamente y se soltó a hablar de un hilo, tal parecía que la habían vacunado con aguja de fonógrafo porque ni siquiera hacía pausa para tomar aire, abrió la boca y se la salió un discurso de más de diez minutos que ya hubiera querido el propio Demóstenes o cualquier jilguero priista en campaña electoral. Y yo que no creía en los juicios orales, me percaté de lo equivocado que estaba.
 
El caso es que andaba buscando trabajo para su engendro y supuso que yo tenía la facultad y la varita mágica para colocarlo con un ligero toque de tráfico de influencia.
 
-¿Y qué edad tiene tu chamaquito? Le pregunté.
 
- Apenas va a cumplir los treinta y dos
 
- ¡Cómo!, o sea que hace mucho que le sube el agua al tinaco.
 
- Pues sí, pero tiene mucha necesidad de trabajar, porque se casó y ahora ya tiene un bebé de lo más precioso.
 
- Me imagino que para eso no pidió recomendación, ¿verdad? Y bueno ¿sabe manejar automóvil?
 
- No, fíjate que no aprendió porque me daba miedo que fuera a tener algún accidente y su papá nunca le quiso prestar el coche, así que no sabe.
 
- ¿Has visto alguna película del agente 007?
 
- Si, ¿y a que viene eso?
 
- Pues que James Bond, gana muy bien porque sabe hacer todo lo que le pidan, si tiene que manejar un auto, lo hace, una moto, un submarino, un avión, un barco; sabe usar una ametralladora, una pistola, un lanza llamas, se sube en un globo, en un barco, en una trajinera de Xochimilco, en una rubia, en fin; sabe de vinos, wiskis, y añejamientos; distingue perfumes, venenos y toda clase de pociones; juega baraja, póker, siete y medio, hasta burro castigado; sabe esquiar, nadar, sacar espinillas y cortar callos; y claro, no necesita ninguna recomendación y mucho menos de su mamá.
 
Así es que me vas a perdonar pero tu manganzón, cuando menos que sea él personalmente quien pida la recomendación, porque existe la otra posibilidad que ya me pasó con un primo, que le conseguí la chamba por petición de su mujer, no se presentó a trabajar y cuando le hablé para decirle que lo estaban esperando me dijo: -Esa pinche vieja no me puede ver descansando en la casa, si yo la verdad no tengo ganas de trabajar. ¡Mándala a descular hormigas!
 
Desde entonces se me quitó la maña de andar haciendo recomendaciones y mucho menos a petición de madres, abuelas y familiares.  
 
Si el que se quiere ir soy yo, después de cuarenta cinco años de estar en el surco, ya me quiero ir a tocar el piano en un prostíbulo.
 
- No sea malito, aunque sea ahí recomiéndamelo.

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