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Segunda parte

Comentarios a la agenda nacional en ciencia, tecnología e innovación

Manuel Mart?nez Morales 09/11/2012

alcalorpolitico.com

La presentación pública de la Agenda Nacional en Ciencia, Tecnología e Innovación (ANCTI) ha motivado la expresión de diversas opiniones, sobre todo de investigadores mexicanos que no sólo se han distinguido por su trabajo científico, sino que en algún momento han ocupado cargos relacionados con la política científica. Algunas de las opiniones que se han dado conocer, abordan aspectos operativos de la Agenda, dejando de lado la consideración de las premisas conceptuales de las que parten las propuestas contenidas en la ANCTI.

Una de estas propuestas es la creación de una secretaría de ciencia, tecnología e innovación ante lo cual el doctor José Sarukhán Kermez, ex rector de la UNAM, afirma que una tal secretaría no resolvería nada si no se incorpora también la educación superior. Además, previene contra la muy posible tara burocrática: “La tradición en México indica que lo único que ocurre es que se burocratiza todo. Si va a haber algo nuevo en este sentido, debería ser una secretaría que una a la educación superior con la investigación.”

Al respecto, también se han escuchado las voces de otros miembros de la comunidad científica mexicana, llamándome la atención que no se discutan los planteamientos básicos de la ANCTI, pues de la definición de éstos dependen las propuestas operativas.

En un comentario anterior, traté de mostrar cómo la definición misma del objetico estratégico general encierra una visión un tanto equívoca de la ciencia y la técnica: la ciencia y la tecnología como la varita mágica que “favorecería” la solución de “los grandes problemas nacionales”.

Para hacer frente al futuro en una economía basada en el conocimiento y la innovación –dice el documento- se deben atender los grandes retos que enfrenta el país, reflejados en datos acerca del desarrollo científico como los siguientes: la inversión en ciencia y tecnología se ha estancado en 0.4 por ciento del PIB durante las últimas dos décadas, la más baja dentro del bloque de la OCDE; tampoco ha variado sensiblemente el número de investigadores por cada 10 mil habitantes (2.9), ni el número de doctores graduados por cada 10 mil habitantes (0.32), etcétera.

Antes de avanzar en la propuesta, en un apartado del documento se intenta dar cuenta del valor de la ciencia: “la ciencia es una actividad humana cuyo fin es la generación de nuevo conocimiento sobre todos los aspectos de la naturaleza, incluyendo al hombre mismo, como individuo y como sociedad, mediante la observación, la experimentación, el análisis y la interpretación. Por esto la investigación científica es sinónimo de ciencia y no se distingue de ‘ciencia básica’, incluyendo en este término a las ciencias sociales y las humanidades.”

Si bien es clara la observación acerca de la finalidad de la ciencia, la segunda parte del texto resulta algo ambigua al identificar investigación con ciencia y a ésta con ‘ciencia básica’ y luego agregar confusamente que se incluye en este término a las ciencias sociales y las humanidades. ¿En qué sentido las humanidades pueden ser consideradas ciencias –de acuerdo a estas nociones- si no están basadas en la observación o la experimentación, sino que generalmente (por ejemplo, la filosofía) parten de la abstracción, así como es el caso en algunas de las ciencias sociales?

Aunque esto puede parecer un asunto menor en realidad no lo es pues, si lo pensamos un poco, de la concepción que tengamos –como individuos y como sociedad- sobre la ciencia y su finalidad depende en mucho lo que pueda proponerse para alentar su desarrollo y para orientar las tareas propias de la investigación científica. Hay autores, como Marcelino Cereijido, que insisten en diferenciar investigación de ciencia y en distinguir también entre ciencia básica y ciencia aplicada, y enfatizan la importancia de considerar cuidadosamente la especificidad de cada una de las disciplinas científicas.

Creo que estaremos de acuerdo en lo que Pablo Rudomín, reconocido investigador del Centro de Investigación y Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional y ex presidente de la Academia Mexicana de Ciencias ha dicho respecto a la ANCTI, esto es que su importancia radica en que ayudó a los miembros de la comunidad científica a tener una idea más objetiva de los problemas que vive el país y el papel que la ciencia puede jugar en su resolución aunque, dice Rudomín, “el documento contiene unas propuestas más realistas que otras, y nuestras necesidades como país son inmensas. Creo que no debemos ver lo que se dice, sino lo que se puede hacer.” Luego hace precisiones importantes en cuanto al valor de la ciencia: “Conocer y entender el mundo que nos rodea es lo que nos ha hecho humanos, poder anticipar reacciones, de tal manera que nos permitan sobrevivir… Sobrevivir como sociedad depende del conocimiento que tengamos acerca de nosotros mismos y del medio ambiente. Por tanto, el derecho a saber, a conocer debe ser asumido como una garantía individual. Así como el derecho a la libertad, el derecho al conocimiento debe estar en la Constitución.”

Esta última aseveración me parece de primera importancia, ya que considerar el derecho a conocer como una garantía individual, plasmada en la Constitución, podría ser el inicio de una transformación social que, eventualmente, condujera a una sociedad mejor educada, mejor informada y con elementos de juicio fundados en el conocimiento científico que llevarían a tomar mejores decisiones.

Considero que, a pesar de las críticas que puedan hacerse a la ANCTI, el documento tiene gran importancia ya que ha despertado un necesario debate sobre el tema. La discusión sobre el papel de la ciencia, la tecnología y la innovación en la transformación de nuestro país debe ser una discusión amplia y abierta, que rebase los claustros académicos.

Fíjese usted atento lector, que al momento de escribir este comentario me entero que por primera vez, la población mexicana podrá exponer su opinión y puntos de vista sobre los retos que considere más relevantes para el desarrollo del país, ante los cuales la ciencia y la tecnología pueden ofrecer alternativas de solución.

Se trata de poner a discusión la Agenda Ciudadana de Ciencia, Tecnología e Innovación (complemento de la ANCTI), cuyos resultados se presentarán al próximo gobierno federal, a legisladores y al sector empresarial, a fin de que sean considerados no sólo un mandato ciudadano, sino como el resultado de la reflexión de la sociedad y la academia para proponer opciones viables y así enfrentar los grandes problemas nacionales.

El proyecto se presentará al Senado e incluye 10 temas estratégicos para el país: agua, seguridad alimentaria, energía, cambio climático, educación, medio ambiente, salud pública, salud mental y adicciones, investigación espacial y migración.

La consulta comenzará el 7 de noviembre de 2012 y concluirá el 30 de enero próximo. Las opiniones podrán ser vertidas en el portal de Internet: www.agendaciudadana.mx. Además se instalarán centros de consulta en lugares de afluencia, como centros e institutos de investigación, universidades e instituciones de educación superior, plazas comerciales y en el Sistema de Transporte Colectivo Metro. (La Jornada, 7/11/12).

Esta iniciativa es impulsada por la Academia Mexicana de Ciencias, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, la Universidad Nacional Autónoma de México, el Instituto Politécnico Nacional, la Asociación de Universidades e Instituciones de Educación Superior, los consejos estatales de ciencia, el Foro Consultivo Científico y Tecnológico, y el Consejo Consultivo de Ciencias de la Presidencia de la República, entre otros organismos e instituciones.

Comparto con los promotores de esta iniciativa la idea de que la construcción de una sociedad democrática, equitativa y con desarrollo sustentable –por muy difícil que parezca- requiere hacer que la ciencia y la tecnología formen parte medular de la agenda nacional y que la ciudadanía sea tomada en cuenta; es decir, fomentar la creación de una cultura científica entre los ciudadanos.

En la próxima entrega comentaremos sobre la forma en que en la ANCTI se considera la relación entre el desarrollo científico y la educación superior.
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