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Comentarios a la agenda nacional en ciencia, tecnología e innovación

(Tercera y última parte)

Manuel Mart?nez Morales 22/11/2012

alcalorpolitico.com

Otros dos temas que ocupan un lugar destacado en la Agenda Nacional en Ciencia, Tecnología e Innovación (ANCTI) son los correspondientes al establecimiento de un sistema nacional de evaluación de la ciencia y a la relación que guarda la Educación Superior con el desarrollo científico y tecnológico.

El tema de la evaluación debe verse con cautela pues, cuando desde las esferas del poder se invoca la evaluación, el término no ha sido más que la pantalla para establecer mecanismos de control y coerción, particularmente sobre las universidades públicas las cuáles -mediante el sistema de premios y castigos derivados de tales “evaluaciones”- han visto seriamente mermada su autonomía y, en buena medida, sus funciones sustantivas se han pervertido.

Lo mismo puede decirse de los sistemas de estímulos para los investigadores basados en la “evaluación de su productividad”. (Veáse, por ejemplo: El síndrome de Procusto y la política científica, de Juan José Barrientos, en www.jornada.unam.mx/2010/08/29/sem-jose.html)

En la sección referente a la planeación estratégica y la evaluación, la ANCTI se afirma: “Como parte de un proceso continuo de mejora es primordial que se realice una evaluación rigurosa y objetiva del trabajo de investigación y de formación de recursos humanos del más alto nivel… Se deben establecer mecanismos eficientes de evaluación en toda la cadena de Educación Superior y CTI…”

Para enseguida -faltaba menos- acudir a las fórmulas burocráticas: “Se propone la creación de un Sistema Nacional de Evaluación… Bla, bla, bla”

Aunque por ahí, muy al margen se recalca que los procesos de evaluación deben estar ligados a la planeación estratégica a fin de evitar distorsiones o efectos indeseables. De hecho esta propuesta sugiere un centralismo indeseable en la planeación y evaluación de las actividades de ciencia, tecnología e innovación y en la Educación Superior. Creo que la historia de las últimas décadas en este rubro nos muestra lo perjudicial que ha sido el centralismo en cuanto a la planificación y conducción de las tareas de investigación científica y tecnológica, así como en aquello correspondiente a la Educación Superior. Me pregunto si tal política centralista y con ánimo de controlar y conducir la ciencia y la técnica -y la Educación Superior- por el desastroso rumbo que se ha seguido en la últimos años no obedece a la intención deliberada de aparentar que las cosas cambian para que todo siga igual.

Creo que la alternativa al centralismo autoritario (que emplea como mecanismo de control y coerción una versión distorsionada de la evaluación) es permitir que se pongan en práctica una diversidad de acciones a partir de la experiencia concreta de investigadores y académicos -en lo individual y en lo institucional- en cada región del país, buscando colectivamente la integración del quehacer científico, tecnológico y educativo en torno a objetivos nacionales, proceso basado en la participación democrática, pues de otra manera se tenderá a la burocratización perversa y paralizante de actividades sustantivas -la generación, aplicación y difusión de conocimiento- necesarias para favorecer el bienestar colectivo.

Cabe también mencionar que recientemente la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) cuestionó el enfoque con el que el gobierno de Felipe Calderón ha implementado la evaluación en el sistema de enseñanza nacional, pues lejos de ser una herramienta para la mejora del aprendizaje se convirtió en un instrumento de medición y rendición de cuentas y sostuvo que el logro educativo en México sigue entre los más bajos de los países miembros.

La OCDE concluye que los componentes clave de un método exitoso de evaluación de las escuelas no están presentes en México, por lo que emitió una serie de recomendaciones, entre ellas regresar a la motivación original de la evaluación en términos formativos. (La Jornada, 9/11/12, pág. 40).

En pocas palabras, la “evaluación” que se impone desde las esferas del poder, lejos de contribuir a mejorar los procesos de investigación científica y la educación superior ha conducido a un estancamiento y a una distorsión de estas actividades, haciendo a un lado la auténtica evaluación que sólo puede ser operativa y eficaz cuando se establece y practica a ras del suelo, es decir en el aula o el laboratorio aplicada por los propios sujetos que participan en los procesos correspondientes.

En lo que respecta a la Educación Superior y su vínculo con la ciencia y la tecnología, después de plantear una serie de consideraciones generales y de proponer medidas de carácter también general (incremento presupuestario, ampliación de la cobertura, etcétera), la ANCTI propone “la reorientación y transformación estructural de su quehacer (de las instituciones de Educación Superior) a partir de una estrecha relación con el entorno que les permita obtener un conocimiento válido de los problemas de la sociedad. Un conocimiento que es requisito para proporcionar respuestas oportunas a las necesidades y demandas sociales; encontrar mecanismos de adaptación y transformación de las funciones institucionales a los nuevos modos de generación, transmisión, difusión y aplicación del conocimiento; establecer procesos efectivos de comunicación con la sociedad que redunden en la retroalimentación de sus funciones sustantivas… Desarrollar nuevos mecanismos de construcción del conocimiento mediante proyectos de colaboración multi- e interdisciplinarios y formar profesionales altamente calificados y comunidades académicas críticas.”

A lo cual sigue una serie de propuestas que a mi juicio no rebasan los buenos deseos y se enmarcan, de nuevo, en una excesiva burocratización de funciones.

Luego sigue un apartado que me parece de sumo interés pues se ocupa de una crítica bien fundamentada de los procesos de evaluación. Después de hacer un recuento de los diversos sistemas de evaluación aplicados durante los últimos veinte años, los autores de la Agenda reconocen: “… a dos décadas de su instrumentación, esta políticas han experimentado un desgaste y es posible observar distorsiones que comienzan a producir efectos negativos que, de no atenderse, podrían anular muchos de los logros alcanzados. Por ende, y a pesar del constante mejoramiento de los indicadores de calidad establecidos, en los diversos espacios académicos, destacan los siguientes problemas y retos: (a) Los procesos de evaluación han estado centrados en indicadores de insumos y procesos, en menor medida, en indicadores de resultados e impacto, convirtiendo los medios en fines… (b) La sobrevaloración de los indicadores, no permite dar cuenta de los aspectos particulares del desarrollo académico de las Instituciones de Educación Superior (IES)… (c) El modelo de evaluación de la educación superior es redundante y desarticulado, posee una tendencia a la estandarización que no reconoce especificidades, enfrenta problemas regulatorios y muestra rendimientos decrecientes; es insuficiente la articulación de los distintos instrumentos y organismos de evaluación que operan en el sistema… (d) La relación entre los procesos de evaluación y la asignación de recursos extraordinarios, mediante la asignación de fondos concursables, ha inducido a respuestas adaptativas por parte de las IES y de los académicos, que en algunas ocasiones se han traducido en el cumplimiento formal de los indicadores…”

En fin se mencionan aspectos desfavorables de la evaluación como hasta ahora se ha dado, tema que ya otros hemos abordado desde hace tiempo sin consecuencia alguna; tal vez ahora que se ha abierto una consulta ciudadana al respecto puedan hacerse cambios de fondo que en verdad induzcan no solamente una dinamización de la actividad científica, sino también una comprensión real sobre cuál es la principal limitante del desarrollo científico, tecnológico y la innovación, y que actúa como camisa de fuerza sobre estas actividades y sus aplicaciones: El sistema económico capitalista, explotador del trabajo humano, injusto y depredador de la vida y de la naturaleza, interesado sólo en incrementar las ganancias del capital privado, por completo ajeno al bienestar humano.

Ese es el problema de fondo, no hay que olvidarlo.
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