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Sursum Corda

“Cuando se sufre, no se habla: se llora y se reza en silencio”

Pbro. Jos? Juan S?nchez J?come 22/01/2017

alcalorpolitico.com

“¿Por qué los niños sufren? No hay respuesta para esa pregunta. Solo nos queda mirar al crucifijo y dejar que sea Jesús quien nos dé la respuesta”. Hace algún tiempo así se refería el papa Francisco a un tema que nos desborda, que es muy difícil comprender, que genera frustración e indignación.
 
Y trataba de ampliar su respuesta con estas palabras: “¿Por qué sufren los niños? Es una de las preguntas abiertas de nuestra existencia. No lo sabemos. ¿Es Dios injusto? Sí, fue injusto con su Hijo. Lo mandó a la cruz. Pero es nuestra existencia humana, es nuestra carne la que sufre en esos niños. Y cuando se sufre, no se habla: se llora y se reza en silencio”.
 
Hoy también nuestra carne, nuestra existencia humana sufre por las vejaciones, los asesinatos y la violencia que pulula por doquier; sufre y se acongoja por los hechos lamentables que han sucedido en la escuela de Monterrey. Nos duele tanto la muerte de los niños, los peligros que enfrentan incluso donde deberían estar a salvo. Y nos desgarra el alma saber que un compañero de clases, que un adolescente sea el causante de la muerte y el sufrimiento.
 
Todas estas cosas lamentables que pasan y que no nos imaginamos siquiera que lleguen a suceder deben hacernos recapacitar y reorientar el rumbo de nuestras familias y de la sociedad. Este mundo que estamos construyendo les arranca la inocencia a los niños, los lastima en lo más profundo.
 
Nos sentimos en la modernidad y pensamos que no hacen falta aquellos valores que en otros tiempos le daban cohesión a la vida de la sociedad. Nos hemos amparado en el sistema democrático para votar y cambiar aspectos fundamentales de la vida que se llegan a considerar como un freno a las libertades individuales o al progreso de la sociedad. A cualquier cosa le llamamos arte y bajo el pretexto del respeto a las opiniones hemos permitido que se ridiculicen y pisoteen los valores humanos y religiosos.
 
Nos ha engañado, nos ha pervertido la cultura individualista, el egoísmo imperante, el consumismo y las ideologías que centran la mirada obsesiva y narcisista en los propios deseos, haciéndonos olvidar la necesidad de otros que sufren más, que necesitan más.
 
Cuando llegamos a tales extremos hay que protestar, desde luego. Sí, hay que protestar pero hacia el interior, hay que guardar silencio para recapacitar y descubrir lo que de manera personal y social tenemos que cambiar. Siempre estamos ante la posibilidad de hacer mejor las cosas, pero sobre todo ante la posibilidad de comenzar a hacer algo bueno por los demás.
 
Hay mucha soledad, hay mucho abandono, hay mucho dolor, hay mucha frustración a nuestro alrededor. Hay muchos hermanos que hemos dejado a la deriva y necesitamos comenzar a preocuparnos por los demás, especialmente por los que están viviendo solos, por los que están a la deriva.
 
No dejemos que se sigan presentando situaciones que nos duelen y que nos indignan. No podemos acostumbrarnos a las desapariciones, secuestros, corrupción, tiroteos, injusticias, atentados terroristas y casos desgarradores como los que vemos a nuestro alrededor.
 
¡Que más tiene que pasar! No esperemos que pasen más cosas. Comencemos a recapacitar y regresemos al camino del bien, de la virtud y de la fe.
 
Además de indignarnos y protestar ante tantos atentados a la dignidad humana, ante tanta injusticia y corrupción, comencemos a cuidar nuestra propia formación personal e intentemos hacer algo por los demás.
 
¡Que más tiene que pasar! Ojalá los políticos y autoridades crezcan en el amor y servicio a este pueblo que en amplios sectores experimenta la pobreza, la orfandad, la frustración y desesperación. Ojalá que dejen de atacar a la familia y que en vez de cuidar su imagen y los mecanismos del mercado cuiden más a la familia impulsando leyes desde los valores de nuestro pueblo y no desde los valores del mercado y los intereses internacionales.
 
Me quedo con la recomendación de Francisco: “cuando se sufre, no se habla: se llora y se reza en silencio”. Es hora de guardar silencio y no sólo durante un minuto; es hora de llorar y de rezar para que no le exijamos a Dios y a los gobernantes una solución a los problemas sino que cada uno sane desde la raíz lo que nos mantiene indiferentes y girando en una cultura que nos ha vaciado de espiritualidad.
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