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“Día de muertos” es para la UNESCO: “obra maestra del patrimonio cultural de la humanidad”

- Jorge Salazar, de la secundaria105, envía información documentada de la celebración - A modo de homenaje, dice: “no asimilamos aún el asesinato de una de nuestras alumnas”

Xalapa, Ver. 28/10/2009

alcalorpolitico.com

Naturalmente, este escrito es distribuido a todos los alumnos de la Escuela Secundaria Técnica 105 en forma de tríptico y con algunas imágenes para hacerlo más atractivo.

A usted se lo mando con sus respectivas adaptaciones.

Le envío un saludo fraterno y triste por la reciente tragedia que no asimilamos aún por el asesinato de una de nuestras alumnas.

Prof. Jorge Salazar García.
“DIAS DE MUERTOS”

La UNESCO, en el año 2003, declaró a esta festividad indígena como una “obra maestra del patrimonio cultural de la humanidad”

La muerte es parte de la vida. La sobrevivencia misma, paradójicamente, depende de ella. Es un misterio que evoca temor y respeto en todas las culturas del mundo. El hombre, al no encontrar respuesta a la pregunta de por qué morimos, le ha rendido culto de manera especial a lo largo de la Historia.

Los pueblos de la América prehispánica también realizaban ritos relacionados con este importante evento. Fue tan fuerte su raigambre en las comunidades que aún hoy se conservan algunos elementos esenciales que le caracterizaron en su tiempo, debido a sus significados profundamente humanos.

En México, a esa costumbre, le llamamos “Días de Muertos” (Miccailhuitontli) y le dedicamos varios días del calendario. Tiene sus orígenes en la época precolombina y sigue practicándose desde la sierra Tarahumara hasta la península de Yucatán.

Nuestros antepasados no creían en la existencia de un lugar en el que se sufriera más después de morir; en cambio, si pensaban que había lugares especiales para cada tipo de fallecimiento (uno para el guerrero, otro para los ahogados, etc.) desde donde se podía acceder al reino de los muertos (Tlalocan). Ahí, después de agradecer los dones recibidos en vida, se fundían con el agua, el fuego, el aire y la tierra regresando a formar parte del Universo.

Los indígenas consideraban a la Muerte (Mictlantecutli) un suceso natural, no un castigo. No le temían; la hacían su aliada para que ésta les liberara de sus angustias terrenales e intercediera ante sus Divinidades por ellos. Esta cosmovisión les llevó a observar una vida de respeto por la Naturaleza y sus Dioses

Su culto permitía a las comunidades agradecerle a la tierra las buenas cosechas otorgadas, e involucraba a todas las clases sociales. Era aprovechada para convivir y transmitir sus creencias a las nuevas generaciones y llegó a convertirse en útil pretexto para reactivar la economía regional ya que propiciaba el trueque, incentivaba la agricultura, el comercio, las artesanías y, por supuesto, fortalecía su identidad y sentido de vida.

Durante la colonia, las costumbres y tradiciones de las naciones indias fueron prohibidas. Algunas desaparecieron; otras, se modificaron incorporándoles elementos de la cultura occidental que los españoles trajeron consigo.

Este sincretismo transformó la celebración de las fiestas Aztecas, Mayas, Totonacas y demás etnias sojuzgadas; quienes, no obstante la represión de que fueron objeto, no cesaron en su empeño por conservarlas. Esta situación, obligó a la Iglesia a tolerarla., por una parte, mientras que por otro lado imponía la celebración de “Todos los Santos” (instituida por el Papa Gregorio IV en el año 835) para disminuir la “idolatría” y proseguir con la encomienda evangelizadora de los conquistadores.

Afortunadamente, la tradición se conservó y se continúa celebrando de tantas y variadas formas como distintas regiones conforman el territorio nacional, conservando, en casi todas partes los elementos éticos, sociales y humanos que le son propios, desde el principio.

En algunos lugares, se inicia días antes de las fechas establecidas formalmente (1 y 2 de noviembre), arreglando las tumbas, pintando las casas, elaborando canastitas de cartón y papel picando, buscando las fotos de los familiares muertos, comprando veladoras, incienso y otros productos que dependen de la región y el nivel socioeconómico de quiénes practican la tradición.

Son comunes los altares adornados con la flor de muerto (Cempaxóchitl) donde se ofrenda el tradicional chocolate y el riquísimo pan de huevo; los sabrosísimos tamales y otros alimentos como: dulces de jamoncillo, ate, membrillo, pepitoria, pulque, natillas, calaveras de azúcar, mole, pinole, champurrado, atole, vino; camote, calabaza y tejocote en dulce, cigarros, agua, etcétera, para que con su esencia se alimenten los espíritus de los seres queridos fallecidos.

Las personas se reúnen en las casas y en los panteones; platican, cantan, bailan, comen, ríen, compartiendo penas y alegrías con sus familiares y conocidos.

Con la tradición de “Días de Muertos” se reafirma el amor filial, el respeto por la vida y la muerte, la solidaridad, la cooperación, el trabajo, la gratitud y otros valores que hacen de ella una hermosa costumbre que debe conservarse y transmitirse; ya que trasciende los simples aspectos materiales de diversión y se convierte en crisol de la conciencia e identidad nacional.

Ante la penetración de costumbres con sello consumista promovidas por la televisión y la radio comerciales, se hace necesario mantener vivas nuestras tradiciones, no sólo en escuelas y museos sino practicándolas nosotros mismos con nuestros familiares.

Los maestros (as), principalmente en la etapa preescolar cumpliendo con el Artículo 3º, deben fortalecer y difundir nuestra cultura promoviendo y celebrando los días de muertos con los pequeños y no el Halloween cuyo origen confunde a las nuevas generaciones. Deben, también invitar a sus compañeros de trabajo y padres de familia a poner altares en sus casas junto con sus hijos y a participar en las actividades que para tal fin se programen en las instituciones escolares. Estamos seguros que así se afianza el orgullo de ser mexicanos.

Es triste que algunas personas confundan la tradición de “Día de Muertos” con el Halloween, que no tiene nada que ver con nuestras raíces. Tal vez se deba a que ignoran sus significados y consecuencias o porque algunos docentes, en el jardín de niños, y los grandes comercios, lamentablemente, promueven esa costumbre extranjera carente de elementos formativos que daña la personalidad de los niños y el bolsillo de los padres.

No se trata de anteponer una actitud chovinista ante lo que viene de fuera, pero no podemos permitir que en aras de una apertura indiscriminada, todo lo dominen las leyes del mercado por que prostituye valores tan humanos como la solidaridad y el respeto. El rechazo al halloween no carece de fundamentos. Como muestra, a continuación se exponen alunas frases que reflejan parte de las opiniones que tiene algunas instituciones, pedagogos, psicólogos y sociólogos sobre el Halloween:

“es una oportunidad para liberarse de nuestra identidad”
“Es una fiesta que se implanta desde la vertiente comercial”. (Instituto de Cultura, España).
“Desfigura el sentido humano de la vida y de la muerte”... (Stanilas Lalane).
“El pedir de casa en casa golosinas amenazando, fomenta en los niños una personalidad egoísta y egocentrista” (Inspector escolar de Francia)
“...no es un día festivo; es la comercialización de un acontecimiento”.... ( Robert Rochefort)
“...es la fiesta más importante de los satanistas del mundo entero” ...... (Jean Bonfil)
“...podría reemplazar a la fiesta de difuntos, haciendo felices a los comerciantes...(.Le Monde).

Corresponde a los adultos conocer y transmitir el significado de las tradiciones para evitar confusiones con otras costumbres que alteran la esencia de nuestra identidad.

Prof. Jorge Salazar García
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