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«Dios nos espera siempre donde están las raíces»

Pbro. Jos? Juan S?nchez J?come 06/02/2017

alcalorpolitico.com

En medio de un invierno verdaderamente atípico nos ha sorprendido un notable descenso de temperatura por lo menos en las últimas semanas. No tuvimos ocasión de celebrar con estas bajas temperaturas la Navidad, como regularmente la esperamos. Nosotros, más que otros países, resentimos los trastornos que está provocando el cambio climático.
 
Pero por lo menos el fío de los últimos días nos ha hecho recordar las condiciones que acompañan el invierno. Aunque no se sienta tanto a nivel climático, el invierno más extremo se ha sentido a nivel social. Apenas estamos digiriendo algunas realidades y ya hay otras encimándose y aumentando los niveles de estrés y preocupación. Apenas estamos planeando cómo adaptarnos a las duras condiciones de los cambios inesperados, cuando ya otros factores se asoman con toda su carga amenazante.
 
No nos ha dado tregua este invierno social que impone condiciones de vida muy difíciles. No vemos con claridad una salida ni se asoman a corto plazo los resultados, la cosecha que tanto se espera, la primavera anhelada.  
 
Igual que en el invierno, no vemos por ahora los frutos, no es el tiempo de las flores, todavía no se asoman las hojas que anuncian la llegada de la primavera. Sin embargo, el invierno tiene su consistencia y razón de ser, porque aunque no veamos flores y no sea el tiempo de los frutos, este tiempo por muy duro y extremo que sea no pierde sus raíces que se vigorizan y se preparan para dar fruto a su tiempo.
 
En medio del invierno social que vivimos también tendríamos que considerar que para nosotros es el tiempo de las raíces. Es un tiempo en que tenemos que revisar de qué estamos hechos y cuánta consistencia tiene nuestra vida. Quizá no es el tiempo de los frutos, de los resultados y de la cosecha, pero es un tiempo para regresar a las raíces y descubrir de qué estamos hechos para seguir luchando por nuestros ideales.
 
Decía el poeta Rainer María Rilke: «Dios nos espera siempre donde están las raíces». Con todas sus tensiones y angustias este tiempo también es para buscar un encuentro con Dios desde las raíces mismas de nuestra vida. Por eso es un tiempo que incluso con la falta de resultados también tiene su propio sentido y sus ventajas, porque nos da la ocasión de encontrarnos con Dios y en su divina presencia ver con claridad todos los dones que nos ha dado, los recursos que poseemos para sobreponernos al invierno más crudo.
 
“No es el tiempo de la flor ni del fruto, sino el tiempo de la raíz. Y las raíces no trabajan en el escaparate, sino en la más noble trastienda, la que está en el hondón de la vida, para que luego se pueda presentar y exhibir lo que callandito se ha ido preparando". Así se expresaba recientemente el obispo de Oviedo, Mons. Jesús Sanz Montes.  
 
No nos cuesta disfrutar la vida cuando hay resultados, no nos cuesta agradecer a Dios cuando viene la cosecha. Pero en tiempos de carencias y falta de resultados también necesitamos agradecer a Dios por el momento de interiorización que vivimos para descubrir lo que no hemos hecho bien y sobre todo para regresar a nuestras raíces, de tal manera que aprendamos a vivir desde la verdad y en su momento vengan los resultados.
 
Si no hay frutos ni hemos obtenido los resultados esperados, aprovechemos este tiempo para ir a las raíces de nuestra vida. Allí también encontraremos a Dios y nos daremos cuenta de todo lo que poseemos para sobreponernos a este invierno social que impone durísimas condiciones de vida.
 
Aunque no haya frutos, Dios jamás nos abandona y en el regreso a nuestras raíces descubriremos que Dios nos asiste para comenzar a preparar la cosecha que anhelamos.
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