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Universidad Anahuac

Sección: Estado de Veracruz

Sursum Corda

Don Hipólito Reyes: vivir la fe con alegría en tiempos de persecución

Pbro. Jos Juan Snchez Jcome 16/08/2021

alcalorpolitico.com

Su Catedral fue mancillada en distintas ocasiones. A él le tocó enfrentar estas incursiones violentas que ya avisaban de la radical y fanática reacción de los grupos ideológicos que no soportan las evidencias, la racionalidad y el sentido común.

Cerca de cumplirse cien años de la persecución religiosa en Veracruz, vio cómo estas expresiones de odio hacia la Iglesia se descargaban contra la Santa Madre Iglesia Catedral y otras Iglesias de esta ciudad capital. Se trató, en todas ellas, de provocaciones y agresiones directas con toda la intención de hacer daño, burlarse y lastimar el corazón del pueblo católico.

Los ataques se siguieron presentando con total impunidad para los agresores y con la indiferencia de las autoridades que de esta manera se ubican más cerca de estas expresiones virulentas que del marco de la legalidad y la sana convivencia entre todos, como si en Veracruz se protegiera más a los grupos que se ubican al margen de la ley.



En el último ataque a la Catedral, de aquel fatídico 20 de julio que ha ensombrecido la historia de un Estado que siempre ha vivido de cara al sol, a la alegría y a la verdad, Don Hipólito Reyes Larios confirmó este ambiente de persecución que padece la Iglesia al principio del tercer milenio.

La bondad y amabilidad que mostraba con todos los fieles, a quienes siempre tuvo la atención de acercarse y atender paternalmente con cariño y paciencia, jamás se desdibujó en su persona a pesar de estos golpes bajos de los grupos ideológicos que lo atacaron de distintas maneras y que fueron escalando sus expresiones de odio, al grado de vandalizar la Catedral de Xalapa.

Pero como hombre de oración encontraba en la espiritualidad cristiana la fuerza y el ánimo necesario para abrazar la experiencia de la cruz en su vida, como exhorta San Giuseppe Moscati: "Ama la verdad, muéstrate como eres sin falsedades, sin miedos ni miramientos. Y si la verdad te cuesta la persecución, acéptala; si te cuesta el tormento, sopórtalo. Y si por la verdad tuvieses que sacrificarte tú mismo y tu vida, sé fuerte en el sacrificio".



Era plenamente consciente del cambio de época y de los riesgos que supone defender la vida humana naciente, así como el matrimonio y la familia en estos tiempos de imposiciones y sanciones ideológicas. Sin embargo, nunca dudó cumplir su misión y defender a los bebés más indefensos, a pesar de las amenazas que esta labor conlleva en nuestros tiempos.

Siendo muy consciente y apasionado del misterio de la vocación al que sirvió incondicionalmente acompañando a tantas generaciones de seminaristas, laicos, religiosas y sacerdotes a lo largo de su vida en el Seminario de Xalapa, en OSMEX, en OSLAM y en el Colegio Mexicano en Roma, sintió otra vez el llamado de Dios a no perder la paz y la alegría, así como a resistir y a confirmar la fe de los fieles en un ambiente de persecución con guante blanco, disfrazada de cultura y legalidad.

Como dice Paolo Sottopietra: "Dios nos pide hoy la disponibilidad a la persecución: moral, mediática, legal y también física. Cristo, cuando envió a sus discípulos, previó las persecuciones. Los tiempos que vivimos vuelven a situar en primer plano estas palabras suyas, haciendo que las sintamos de nuevo como una posibilidad que nos concierne. El "sí" que Le decimos en el sacerdocio y por la misión conlleva esta conciencia".



Don Sergio Obeso Rivera vivió la transición entre dos milenios y preparó a la Iglesia de Xalapa para asumir los nuevos retos. Pero Don Hipólito Reyes Larios, una vez que tomó el báculo pastoral, sintió el impacto de la posmodernidad y la actitud beligerante de los grupos que promueven una reingeniería social anticristiana.

Fue llamado a la vida cristiana, al sacerdocio ministerial, a la dignidad episcopal y a dar testimonio alegre de Jesús en medio de la persecución encubierta. Y casi veinte días después de aquel fatídico 20 de julio del presente -en el que los diputados de Veracruz despenalizaron el aborto-, recibió el último llamado de Dios para entrar en la patria eterna.

No volvió a ver su Catedral libre de esas pintas execrables. Quizá para que cada vez que miremos con dolor e indignación esos actos vandálicos recordemos el dolor de un pastor que a pesar de este sufrimiento nunca perdió la humildad, la paciencia y la alegría para servir a Cristo.



Esa afrenta en pleno centro de Xalapa nos recordará el encargo que pesa sobre nosotros para seguir defendiendo el designio de Dios sobre la vida, el matrimonio y la familia. Y al mismo tiempo nos recordará el llamado que también a nosotros se nos hace para estar dispuestos a vivir la fe con alegría, en tiempos de persecución.

La causa de una Iglesia atacada por estos grupos ideológicos y la causa de los niños en el vientre materno amenazados por el Congreso de Veracruz, son dos causas que Don Hipólito se ha llevado al cielo para seguir intercediendo por los que ahora tenemos la responsabilidad de seguir promoviendo el evangelio de la vida.

El Espíritu Santo, que está sobre nosotros, formó a Don Hipólito y lo trajo para ser pastor de la Iglesia de Xalapa y ha sido el mismo Espíritu quien lo ungió y le dio la fortaleza necesaria para constituirlo también en el pastor de los bebés en el vientre materno.



Con la muerte de nuestro pastor sentimos cómo Dios ha unido en la tribulación a su pequeño rebaño, para hacerle saber que sigue siendo suyo.