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Universidad Anahuac

Sección: Estado de Veracruz

El Museo de los Escritores (II)

- Cultura sólida y educación de calidad, apuntalan la política democrática y el florecimiento de la ciencia y cultura popular

- No hay auténtica política democrática sin una cultura popular humanista, con acceso generalizado al conocimiento

- La promoción cultural de las grandes capitales es crucial, y ahora más, con las nuevas tecnologías

Vctor A. Arredondo 28/09/2021

alcalorpolitico.com

Hay una infinidad de ejemplos en la historia de la humanidad sobre la manera en que la educación, la ciencia y la cultura de alto nivel aseguran la grandeza social. Y ello se refleja tanto en mejores perspectivas de vida ciudadana como en el auge de conglomerados urbanos que enaltecen la estética, el conocimiento y los grandes valores universales. Las bibliotecas, los museos, los monumentos, los parques públicos, las instituciones académicas, los festivales, los teatros, las salas de espectáculos y exhibiciones, acrecientan la calidad de vida ciudadana, al mismo tiempo que forjan la determinación del ciudadano común hacia la búsqueda de la excelencia en su respectivo campo de acción. Se trata de que las manifestaciones culturales de primer orden sirvan como fuente de evocación de que una vida digna está al acceso de todos y de inspiración personal en lo que uno hace a diario.

Un rasgo común de las metrópolis consideradas como auténticos escenarios internacionales de la cultura es que llevan las expresiones estéticas, literalmente, a las calles. ¿Quién no se estremece al visitar física o virtualmente las calles y festivales abiertos de Roma, Kioto, París, Montreal o Venecia?; ¿habrá quien no se inspire al transitar los museos y templos de Nueva York, Viena, Beijing, Madrid, la ciudad de México o los parques públicos y salas de exhibición, conciertos y de teatro de Londres, Sídney o Vancouver?

Con toda proporción guardada ante las grandes metrópolis culturales, desde hace casi siglo y medio Xalapa ha vivido de manera interrumpida, etapas de intensa promoción cultural para hacerle honor a su apelativo de la Atenas Veracruzana. La reubicación de la capital del estado a la ciudad de Xalapa en 1884 por el gobernador Juan de la Luz Enríquez, y el desarrollo de obras durante su mandato como la creación de la Escuela Normal Veracruzana y de la estación del tren, la remodelación del Colegio Preparatorio, junto con otros proyectos de remozamiento urbano, crearon condiciones idóneas para el florecimiento cultural. Esta política de promoción fue continuada durante los diecinueve años de gobierno de Teodoro Dehesa, promotor de la Academia de Pintura de Xalapa, de la primera sala de cinematografía, de la prensa escrita, de la actividad teatral, así como mecenas de pintores, de la talla de Diego Rivera, escultores, músicos, filósofos y poetas.



Debieron pasar 18 años para que el Gobernador cordobés Cándido Aguilar creara, además de decenas de escuelas rurales, la oficina de Desarrollo Universitario en 1919, ideada como cuna de la universidad en Veracruz y dirigida por otro cordobés, el doctor Manuel Suárez, quien tenía como encomienda coordinar la educación secundaria, técnica y los contados cursos del nivel profesional que existían en aquel entonces. La afortunada llegada al gobierno estatal de Heriberto Jara dio continuidad a las iniciativas culturales dado que su lema de gobierno lo asoció con la educación y la colaboración de intelectuales a favor del proletariado. Además, dedicó esfuerzos notables para urbanizar la ciudad con obras como la del Estadio Xalapeño. En 1921 invitó a formar parte de su gabinete al escritor tuxpeño y líder del movimiento literario del “estridentismo”, Manuel Maples Arce, lo que convirtió a Xalapa en un referente nacional de la literatura, recibiendo así el título de “Estridentópolis”.

Hubo que esperar veinticinco años, desde la creación del Departamento Universitario, para que en 1944 y como iniciativa del gobierno de Jorge Cerdán, se fundara la Universidad Veracruzana como formadora de recursos humanos desde el nivel de secundaria hasta la educación superior, encargada del estudio de las ciencias y con una misión clara en la difusión cultural. La energía que trajo el proyecto universitario en la promoción cultural veracruzana, que ha llegado a trascender fronteras, merece el reconocimiento y el análisis sobre la mejor manera de potenciar su tercera función sustantiva, contribuyendo en el camino a proyectar de nueva cuenta a la Atenas Veracruzana.

En contraste, y salvo algunas loables iniciativas aisladas, es preocupante la ausencia de acciones sistemáticas, publicas y civiles, para realzar la distinción que, en 1804, el naturalista, explorador y geógrafo alemán Alexander Von Humboldt le asignó a la capital de nuestro estado, como la “Ciudad de las Flores”. Hoy, todo se traduce a baches, a disímbolas ocurrencias constructivas sin supervisión en los diseños y la seguridad, y a contados camellones o glorietas con adornos florales. Desde la época del gobernador Heriberto Jara y más recientemente del gobierno de Rafael Murillo Vidal con la recuperación y ampliación de los Lagos del Dique, de Agustín Acosta Lagunes con la protección de reservas naturales en la ciudad y la construcción de grandes vialidades arboladas y del Museo de Antropología, de Patricio Chirinos con la construcción de Avenida Presidentes, la ampliación de reservas naturales y la donación del amplio terreno donde se asienta el Campus para la Cultura, las Artes y el Deporte de la Universidad Veracruzana, no se han observado obras citadinas de tal calado que sean congruentes con el distintivo calificativo de “Ciudad de las Flores”.



Es indispensable dignificar la infraestructura urbana, coordinar el mejoramiento estético de barrios y viviendas, y resolver lo esencial, dotar a las calles de una señalética y a los domicilios de una numeración ordenada para facilitar el tránsito citadino y los servicios domiciliarios. En un entorno más ordenado y estético se encontrarán escenarios propicios para llevar el arte y la cultura a las calles.

El Museo de los Escritores (I)