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Seccin: Estado de Veracruz

Las palabras de la ley

Elección de Estado

Salvador Martnez y Martnez Xalapa, Ver. 13/06/2018

alcalorpolitico.com

Tanto en las elecciones federales cuanto en las de los estados federados ya está circulando la expresión de alarma por ¡una elección de Estado! El fenómeno se denuncia en el ambiente federal respecto de la elección presidencial y se acusa en el ámbito de las entidades federativas, sobre todo, en aquellas en donde el 1 de julio habrá elecciones de gobernador.
 
Suele afirmarse que <<elección de Estado>> es cuando el gobierno en turno tiene a un candidato predilecto (generalmente del mismo partido) y hace todo lo posible para que éste quede como ganador de la elección, generalmente las acciones tomadas por éste gobierno no son licitas y brinca al poder de voto de la gente, es el poder por el poder.
 
Aunque, sin duda, las trampas son posibles y, por lo tanto, también son posibles los tramposos, nos preguntamos: ¿El mexicano es un pueblo de tramposos? No. Consideramos que la generalización no es válida, pues las instituciones se sostienen por los actos honestos de las personas y los procesos electorales saldrán adelante por el voto honesto de los ciudadanos.
 
De cara a tres posibles sistemas políticos: (1) el sistema democrático, (2) el sistema autoritario y, (3) el sistema totalitario; es voluntad del pueblo mexicano constituirse en un sistema democrático (Cf. Constitución Política artículo 40). El pasado reciente muestra que en México y en el ambiente fáctico —en los hechos— existió un sistema político con tintes totalitarios que, hoy en día, parece superado. Pero, no ocurre lo mismo con el sistema político autoritario, éste se echa de ver con harta frecuencia.
 
El derecho a elecciones libres, auténticas y periódicas (Cf. Constitución Política artículo 41, párrafo primero) es un derecho ideologizado, esto es, privilegio de unos cuantos. El desafío del momento se manifiesta en la cuestión ¿El 1 de julio será posible transformar dicho derecho en un “concepto histórico”? ¿Será posible que las mayorías populares ejerzan el derecho al sufragio de manera libre y auténtica?
 
Lo que acontece es que el ejercicio de este derecho es criterio orientador para identificar cada uno de aquellos sistemas políticos. Establecer la brecha entre, por un lado, el ideal de justicia contenido en el derecho a elecciones libres, auténticas y periódicas y, por otro, lo que acontece en los procesos electorales mexicanos exige saber conocer otras referencias. Atendiendo a la relación de las elecciones con el sistema político, el criterio clave de distinción es el de la oportunidad y de la libertad de elegir que el ciudadano efectivamente tiene. Conforme a ello —afirman quienes saben de estas cosas— es posible distinguir entre: (a) elecciones competitivas; (b) elecciones semicompetitivas; y, (c) no-competitivas.
 
En las elecciones competitivas el elector ejerce el sufragio libremente y entre opciones reales. Esa oportunidad y esa libertad, además, están garantizadas por normas jurídicas efectivamente vigentes. Si estos requisitos, que deben verificarse con unión de todos ellos, se ven limitados en algún grado, se puede hablar de elecciones semicompetitivas. Cuando ellos se encuentran vedados al elector, estamos entonces ante elecciones no-competitivas.
 
Estos tipos de elecciones corresponden a la tipología corriente de los sistemas políticos modernos: elecciones competitivas = sistemas democráticos; elecciones semicompetitivas = sistemas autoritarios; elecciones no competitivas = sistemas totalitarios.
 
También explican quienes han estudiado estas cosas que el rol de las elecciones (competitivas) en los sistemas democráticos es fundamental. En primer lugar, las elecciones constituyen la base del concepto “democracia”. Hay democracia cuando los detentadores del poder son elegidos popularmente en una lucha abierta y libre por el poder. En segundo lugar, las elecciones son la fuente de legitimación del sistema político como de sus líderes o dirigentes. En tercer lugar, las elecciones son el medio a través del cual se verifica la participación política en las grandes mayorías.
 
En los sistemas autoritarios las elecciones tienen una importancia más relativa. Teniendo presente la variedad de contextos que ofrecen estos sistemas es posible afirmar que en ellos las elecciones representan un medio, entre otros, de regular el poder político y que su verificación tiene importancia en la medida en que puede representar un cambio en la orientación del régimen. Las elecciones semicompetitivas tienen importancia en el respaldo que busca el régimen político, que se encuentra más expuesto que el totalitario a la opinión pública interna y externa.
 
En los sistemas totalitarios las elecciones no juegan un rol en el poder político. No legitiman su ejercicio ni originan su cambio. Las elecciones son instrumento de dominación política y social.
 
En el marco de las explicaciones anteriores se comprende que, según las palabras de la ley (en el caso de la Ley Fundamental), en México la democracia tiene una tradición de más de un siglo. La práctica, sin embargo, se aleja de este dato. Resulta evidente que la garantía legal de la participación política universal no basta para que grandes sectores marginales se integren a los procesos electorales, a pesar de la obligatoriedad del voto. Por otra parte, cuando esa integración se produce, está amenazada por la manipulación, el caciquismo, el clientelismo y otras deformaciones políticas. La elección de Estado es la más clara manipulación de las elecciones.
 
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