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En defensa de la educación laica

Manuel Mart?nez Morales 24/05/2012

alcalorpolitico.com

Artículo 24. Todo hombre es libre para profesar la creencia religiosa que más le agrade y para
practicar las ceremonias, devociones o actos del culto respectivo, siempre que no constituyan un delito o falta penados por la ley. El Congreso no puede dictar leyes que establezcan o prohíban religión alguna.

El Artículo 24 constitucional es muy claro y, entonces, ¿por qué tanto interés en reformarlo? Tal parece que la clase política mexicana está dispuesta a postrarse ante la jerarquía católica y a apoyarla en su embestida contra el Estado laico, lo cual debe alertarnos a todos los mexicanos sobre el fortalecimiento de una tendencia política e ideológica oscurantista que ha estado presente –en forma latente– desde hace mucho tiempo. Esta tendencia, favorecida principalmente por la iglesia católica y la derecha más radical, ha cobrado visibilidad y vigor últimamente pues se encuentra asociada al proyecto de las clases dominantes para establecer un Estado de corte fascista que –en vista del agotamiento y crisis del actual modelo económico– pareciera ser la única salida que les queda para mantener su hegemonía sobre la sociedad mexicana. Así parecen demostrarlo las acciones del gobierno encabezado por Felipe Calderón en las distintas esferas de la vida nacional, siempre acompañado, a tono o en contrapunto, por el coro clerical.

Particularmente, la reforma mencionada resulta en un ataque abierto a la educación laica y al conocimiento científico. Pues el dictamen avalado por los sufragios del PAN, PRI Y PVEM establece “el derecho de participar, individual o colectivamente, tanto en público como en privado en las ceremonias, devociones o actos de culto respectivo”. Sobre lo cual el senador Santiago Creel Miranda comentó que no puede seguir la simulación en el país y que “la reforma es para que los padres de familia tengamos el derecho de determinar si nuestros hijos van a tener o no educación de carácter religiosa, de eso se trata, no de cambiar el Artículo 3 constitucional”.

En su turno otro senador, de apellido Díaz Delgado, manifestó su voto a favor y dijo que “también se debe trabajar para que las iglesias, como asociaciones religiosas, tengan acceso a los medios de comunicación masiva abiertamente, pues es un tema que ha estado guardado”. Más claro… ni el lodo.

Esta situación obliga, a quienes nos desempeñamos en los ámbitos de la educación y la investigación científica, a tomar una posición definida y manifestarnos en defensa de la educación laica y del conocimiento científico, contribuyendo al deslinde claro entre conocimiento e ideología, entre espíteme y dogma, entre ciencia y religión. Lo cual no implica, de manera alguna, el atacar, descalificar o combatir las creencias religiosas, sino –en el marco constitucional garante de la libertad de expresión y de la libertad de cultos y creencias– remarcar las fronteras entre conocimiento y fe.

Desde su origen, el pensamiento científico se establece en lucha abierta en contra del pensamiento dogmático, la religión y la ideología, esto es, en contra de las formas de la falsa conciencia. El gran poder del conocimiento científico es que, gracias a su objetividad (es un conocimiento que refleja certeramente propiedades objetivas del mundo material), permite al hombre actuar eficazmente para transformar el mundo –físico, biológico, social, psicológico– de acuerdo a sus propósitos e intenciones.

Por eso me uno al llamado que un grupo significativo de ciudadanos veracruzanos ha hecho a la los diputados locales para que no se apruebe en la legislatura veracruzana la reforma al Artículo 24, ya que, según declaran: “La reforma del artículo 24 constitucional afectaría al artículo 3°, que en su fracción I dispone: “Garantizada por el artículo 24 la libertad de creencias, la educación será laica y por tanto, ajena a cualquier doctrina religiosa”. Así pues, al consagrar el artículo 24 reformado la “libertad de religión” y el artículo 3°, la “libertad de creencias” no existe ni congruencia de texto ni coherencia constitucional. ¿Se dieron cuenta los señores legisladores de estas contradicciones e incongruencias? Si no, es muy grave; en caso contrario, es una falta de ética y una vergüenza.”

Señores diputados de la Legislatura del Estado de Veracruz, como ciudadano con derecho a expresar libremente mis opiniones exijo que quienes nos representan tomen en cuenta nuestra voz y no avalen la reforma al artículo 24 constitucional; que la desechen por improcedente y que el artículo 24 constitucional permanezca sin cambios, porque es producto de una larga lucha por las libertades y garantiza la convivencia pacífica de la nación y la laicidad de la República.

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