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La ciencia desde el Macuiltépetl

En las escuelas, dianética en lugar de ciencia

Manuel Mart?nez Morales Xalapa, Ver. 30/09/2011

alcalorpolitico.com

No es necesario invocar a Dios para encender la mecha y poner en marcha el universo.
 Dios no creó el universo y el big bang fue la consecuencia inevitable de las leyes de la física.
Stephen Hawking
 
Desde hace varias semanas, la Secretaría de Educación Pública de Puebla ha distribuido entre supervisores y docentes de la entidad cerca de 3 mil paquetes con el libro Aprendiendo a aprender y el DVD El camino a la felicidad, con el argumento de que servirán para mejorar los resultados de los alumnos en la prueba Enlace. Ambas obras están basadas en el pensamiento de Ronald Hubbard, creador de la iglesia de la cienciología y la dianética. Así pues, el Estado mexicano distribuye, en esa entidad, materiales diseñados por una organización religiosa.
 
La dianética es una de las creencias que profesan los miembros de la Iglesia de la Cienciología. La dianética, desde su origen a principios de la década de 1950, ha sido dada a conocer al público a través de varios libros escritos por el escritor de ciencia ficción L. Ronald Hubbard, su creador.
 
La sola distribución de los textos y videos citados plantea una severa vulneración al espíritu y la letra del artículo tercero constitucional, el cual establece que la enseñanza a cargo del Estado será laica y, por tanto, se mantendrá por completo ajena a toda doctrina religiosa, además de que se basará en los resultados del progreso científico, luchará contra la ignorancia y sus efectos, las servidumbres, los fanatismos y los prejuicios.
 
Mientras hay un gran atraso en la enseñanza de la ciencia y se pretende desterrar la enseñanza de la filosofía y otras humanidades en algunos programas de bachillerato público, se incorpora a los planes de estudio la dianética, promovida por una organización que, en naciones como Suiza, Alemania, Francia, Italia, España y Canadá ha sido acusada de fraude fiscal, ejercicio ilegal de la medicina, estafa y otros delitos.
 
Esta situación obliga, a quienes nos desempeñamos en los ámbitos de la educación y la investigación científica, a tomar una posición definida y manifestarnos en defensa de la educación laica y del conocimiento científico, contribuyendo al deslinde claro entre conocimiento e ideología, entre episteme y dogma, entre ciencia y religión.
 
Desde su origen, el pensamiento científico se establece en lucha abierta en contra del pensamiento dogmático, la religión y la ideología, esto es, en contra de las formas de la falsa conciencia. Si bien el modo de conocer científico en la época moderna se establece primero en el campo de la astronomía y la física, en poco tiempo se abre paso hacia otros dominios como la química orgánica y la biología, aplicándose más tarde a la consideración de la sociedad y la psique humana como objetos de conocimiento científico. El gran poder del conocimiento científico es que, gracias a su objetividad permite al hombre actuar eficazmente para transformar el mundo de acuerdo a sus propósitos e intenciones.
 
El ejercicio científico tiene como premisas esenciales la materialidad del mundo y la cognoscibilidad de éste, niega la existencia de una realidad independiente de la realidad material de la que el hombre mismo forma parte y asume que esta última se desenvuelve obedeciendo a las condiciones y a la dinámica que le son propias, como sintetiza el epígrafe de S. Hawking.
 
La ciencia se desvincula de la religión desde el momento en que supedita la validez de sus modelos a la experiencia empírica y a la praxis social. Observa la realidad y crea una teoría que debe ser probada antes de ser aceptada y que, en cualquier momento, puede ser reconocida como incorrecta o incompleta sin que esto signifique que los métodos de las diversas ciencias sean incorrectos. La ciencia explica el Universo según modelos que reconoce falibles y siempre sujetos a revisión, en función de la propia dialéctica de desarrollo del conocimiento, condicionado por las formas socio-históricas en que tiene lugar.
 
En todo momento, el estatuto del conocimiento científico ha sido atacado por las instituciones religiosas y ha sufrido los embates de las clases dominantes en cada época ya que, a pesar de ser apreciada por su valor instrumental –como núcleo fundamental de la tecnología- la ciencia, por su misma naturaleza, socava la validez y la legitimidad de las formas ideológicas, en particular de aquellas elaboradas para justificar las diversas modalidades de explotación y sometimiento que las instituciones religiosas y las clases dominantes ejercen sobre las clases sojuzgadas. Es decir, la ciencia es una de las formas de la conciencia social y debe ser apreciada en cuanto a tal, más allá de su mero valor instrumental.
 
En lugar de libros sobre dianética, en las escuelas públicas de todos los niveles deberían distribuirse libros de divulgación científica, como los de S. Hawking.
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