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Libertas

Espacio ultraterrestre

Jos Manuel Velasco Toro 29/11/2018

alcalorpolitico.com

(Primera parte)
 
El martes 20 de noviembre de 2018 cumplió 20 años la Estación Espacial Internacional (EEI), obra de ingeniería espacial que inició con la construcción del módulo “SARIA”. Actualmente tiene una dimensión de 108 metros que comprenden 1 300 metros cúbicos de espacios habitables con seis laboratorios. En el programa de la EEI participan la Agencia de Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA), la Agencia Espacial Europea (ESA), la Agencia Espacial Canadiense (AEC), la Agencia Japonesa de Exploración Espacial (JAXA) y la Agencia Espacial Federal Rusa (FKA). Un proyecto de orden internacional donde la colaboración ha sido múltiple por el conocimiento científico y la tecnología aportada, el desarrollo de diversos proyectos de investigación espacial y con la presencia de astronautas de distintas naciones, tanto de los países directamente involucrados como de otros países, tal es el caso de los mexicanos José Hernández (que trascendió de inmigrante a astronauta) y fue capitán de vuelo en la misión 128 de la NASA y Rodolfo Neri Vela en la misión STS 61-B cuyo objetivo fue colocar en órbita el segundo satélite mexicano Morelos y realizar experimento de Flujo Continuo de Electroforesis.
 
La efeméride de la EEI nos da pauta para reflexionar un poco acerca de la importancia en la exploración y aprovechamiento del “Espacio Ultraterrestre”, ámbito en el que está ubicada EEI. El concepto deviene del derecho internacional y se acuñó en 1962 cuando la Organización de las Naciones Unidas (ONU) postuló la Resolución titulada: Declaración de los principios jurídicos que deben regir las actividades de los Estados en la exploración y utilización del espacio ultraterrestre, aprobada por la Asamblea General el 13 de diciembre de 1963. Cinco años después, el 27 de enero de 1967, y como efecto del avance en la exploración espacial por parte de la Unión Soviética y los Estados Unidos, se firmó el Tratado sobre los principios que deben regir las actividades de los Estados en la exploración y utilización del espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes, documento que fue signado en Londres, Moscú y Washington D.C. Actualmente, 103 países lo han firmado y ratificado, entre ellos México. Bajo los principios de estos tratados opera la EEI.
 
Pero veamos qué implican los tratados y qué derechos posee la humanidad, lo cual es resultado de su entrada al espacio ultraterrestre derivada del desarrollo científico y tecnológico. Cuatro son los elementos vinculantes iniciales que están vigentes: 1) La no apropiación, por lo que ningún Estado puede reclamar soberanía sobre éste ni de los cuerpos celestes; 2) La libre, igualitaria exploración y utilización del espacio ultraterrestre por todos los Estados con fines pacíficos; 3) El deseo de exploración ultraterrestre para bien de la humanidad; y 4) La cooperación internacional en aspectos científicos y jurídicos con fines pacíficos. Estos elementos emergieron de dos preocupaciones derivadas de los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial y la guerra fría: el temor de que se colocaran armas nucleares y de destrucción masiva en la órbita terrestre y la propaganda o acción destinada a amenazar la paz y el quebrantamiento de esta, esto último procedente de la resolución de 3 de noviembre de 1947 por la cual se condenó todo quebranto intencional de la paz mundial.
 
¿Pero qué es el espacio ultraterrestre? El espacio aéreo de un país es el que se extiende hacia la atmosfera por encima de su espacio territorial, sobre el cual ejerce soberanía y está regulado por el derecho internacional. En cambio, el espacio ultraterrestre es el que está más allá de la atmosfera e inicia en el límite donde termina el campo gravitatorio de la Tierra. No pertenece a un país en específico y es considerado patrimonio de la humanidad, por tanto, está regulado por los tratados internacionales establecidos en el seno de la ONU y reconocidos por todos los países firmantes. Esta regulación tiene principios que han dado origen al Derecho espacial con el fin de normar el uso y exploración del espacio, así como de los cuerpos celestes. Como patrimonio de la humanidad, su exploración y uso debe ser con fines pacíficos y no podrá ser objeto de ocupación de una nación para reivindicar soberanía (principio que está en peligro de no ser respetado ante la posibilidad de habitar la Luna, Marte y otros cuerpos celestes por parte de corporaciones de capital privado). Bajo esta pauta existe la obligación de los Estados de informar de todas las actividades espaciales y registrar los objetos enviados al espacio que se consideran bajo jurisdicción de la nación que los envió, así como el personal abordo, y también los daños causados por un objeto. Los astronautas son estimados como “Enviados de la Humanidad”. En este tenor de patrimonio de la humanidad, China ha ingresado al conjunto de países que están explorando el Cosmos y planea iniciar la construcción, en 2019, de otra estación espacial que ubicará cerca de la Luna, para lo cual ha invitado a organizaciones y empresas para que participen con experimentos científico que serán realizados en órbita e incluso enviar astronautas. China proyecta el inicio de operaciones en 2022.
 
Si bien el espacio ultraterrestre (como también los fondos marinos y subsuelo fuera de los límites jurisdiccionales de una nación) es reconocido plenamente como patrimonio común de la humanidad por los países firmantes de los tratados, en el ejercicio de su exploración se están dando condiciones para uso militar. Tal es el caso de los Estados Unidos que, en junio de 2018, estableció crear la sexta rama militar de su ejército: la fuerza militar espacial, ignorando los principios de no apropiación del espacio, de su uso pacífico y de cooperación internacional establecidos en los tratados. Como también de apropiación vía colonización próxima de la Luna y Marte por parte de los países y empresas privadas que lideran la exploración espacial. Ambas posturas ponen en riesgo la libertad, la igualdad y la seguridad global de la humanidad.
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