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Sursum Corda

Frente a las agresiones, los fieles responden con oraciones

Pbro. Jos Juan Snchez Jcome 08/06/2020

alcalorpolitico.com

Si se propusieron lastimarnos, descargando todo su odio con las pintas de esa madrugada a las Iglesias de Xalapa, lo lograron. Nos han lastimado, nos han pegado en lo que más nos duele porque la Iglesia es nuestra Madre. En la Iglesia está el Santísimo, Jesús está presente, el Altísimo adorado y alabado eternamente.
 
Justo cuando se cumplen dos meses y 18 días de confinamiento, ha sido despiadado el dolor que le han provocado a nuestros fieles que no pueden acudir a la Iglesia para defenderla y reparar espiritualmente el daño que le han provocado. Duele tanto porque la Iglesia se lleva en el alma.
 
Del otro lado de los rayones irreverentes, en el interior de la distinguida Iglesia de San José, Jesús está en el sagrario abriendo su corazón para todos, irradiando vida y santidad en esas sacrosantas paredes que ustedes mancillaron, como el soldado que traspasó con su lanza ese primer sagrario que era el costado de Cristo.
 
Pero el buen Dios, que conoce sus heridas de amor y los perdona porque no saben lo que hacen, se ha quedado con la esperanza de que algún día regresen a honrar el templo y dejen de deshonrar su propio cuerpo que es templo del Espíritu Santo.
 
La Iglesia, hablando del Altísimo, es la Casa de Dios, el lugar sagrado por excelencia donde se respira la presencia de Dios y en cuyo espacio somos transportados y sacados místicamente del dolor, del cansancio, del sin sentido de la vida y de la fatiga de todos los días, cuando el pueblo fervoroso acude al encuentro del Señor.
 
La Iglesia, hablando de este pueblo beatísimo, es el lugar donde se abren los corazones más hermosos y puros; donde nos purificamos y salimos renovados. Es el lugar donde se canta y se bendice a los demás; donde se encuentran los que estaban lejos; donde se abrazan los que estaban en guerra; donde se dan la paz los que vivían en el odio; donde se recupera la esperanza.
 
La Iglesia es el lugar donde se encuentra una familia cuando estamos solos; donde se recupera el ánimo para luchar por los seres queridos; donde se invoca al Altísimo por los enfermos, desempleados, los que sufren, por las familias, los difuntos y por tantas necesidades.
 
La Iglesia es el lugar donde se llora la muerte de los seres queridos y donde se llora por el regreso de los que estaban confrontados, así como por la llegada de las bendiciones que desde tiempo atrás se esperaban. La Iglesia es el lugar donde podemos poner en las manos de Dios a los hermanos que terminan su peregrinación por este mundo; donde vislumbramos la patria eterna.
 
La Iglesia es el lugar donde se puede ofrecer el único culto que agrada a Dios: la eucaristía. Es el lugar donde se guía a los jóvenes y donde ellos dejan su huella de alegría; donde se emocionan los niños cuando se encuentran con el ambiente místico de la Casa de Dios, donde no fingen sus reacciones y no reprimen sus gestos ante la sorpresa que causa el encuentro con Dios.
 
No son los curas, como lo dicen de manera despectiva, sino el pueblo, hombres y mujeres, niños y jóvenes, ricos y pobres, sanos y enfermos, justos y pecadores. Todos formando parte de la Iglesia de Jesucristo desde hace 2000 años.
 
Entre las Iglesias que atacaron esa madrugada, que justo marcaba la transición entre el mes de mayo dedicado a María y el mes de junio dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, está la monumental Iglesia de San José -ubicada en el barrio de Techacapan- que tiene un incalculable valor histórico y artístico por ser una de las máximas expresiones del mudéjar, gótico y barroco en Xalapa y la región.
 
A los grupos que por sistema, por odio e ideología atacan a la Iglesia les acomodan estas palabras del gran escritor francés Georges Bernanos:
 
- “La Iglesia dispone de la alegría, de un depósito de alegría para quienes viven el dolor y devolverles la alegría”. Añadía:
 
- “Lo que ustedes han dicho y hecho contra la Iglesia... lo han dicho y hecho en contra de la alegría del mundo”.
 
Por este depósito de fe, alegría, esperanza y caridad, ante las agresiones, los fieles han respondido con oraciones y ante el odio, han respondido con amor.
 
Han actuado en contra de la Iglesia que acoge a todos los que sufren, que está cerca de los desamparados, que ofrece calor de hogar a los que se encuentran solos y que socorre a los necesitados, como en este momento de emergencia sanitaria y crisis generalizada.
 
Como cristianos seguiremos defendiendo y promoviendo el don de la vida desde el vientre de mamá y estaremos dando la batalla en el Congreso, la educación, la cultura y la política, contra las imposiciones ideológicas e iniciativas que inexplicablemente y contra toda lógica intentan imponer leyes abortista en estos tiempos de crisis y de muerte.
 
Amamos a la Iglesia y la defenderemos de todos los ataques. Porque es nuestra Madre, tenemos frente a Ella una responsabilidad filial, como dice San Alberto Hurtado.
 
"Lo más grande que tiene el mundo es la Santa Iglesia, Católica, Apostólica, Romana, nuestra Madre, como nos gloriamos en llamarla. ¿Qué sería del mundo sin ella? Porque es nuestra Madre, tenemos también frente a ella una responsabilidad filial: ella está a cargo de sus hijos, confiada a su responsabilidad, dependiendo de sus cuidados. Ella será lo que queramos que sea. Planteémonos, pues, el problema de nuestra responsabilidad frente a la Iglesia".
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