Ir a Menú

Ir a Contenido

Cultura Viva
Universidad Anahuac

Sección: V?a Correo Electr?nico

Guerra también en México

Arturo Reyes Gonz?lez Xalapa, Ver. 14/03/2012

alcalorpolitico.com

En lo personal, referirme al asunto de la paz del mundo, de nuestro planeta, forma parte de los sueños o de las ideas que enlisto como parte de los rezos que en algunas ocasiones realizo; cuando siento que lo necesito o me acuerdo, hago una oración, pido algún favor y, ya de refilón, lo confieso, al final también pido por la paz mundial.

Y es que hacer la lista de manera especifica de aquellos por los que pido se puede alargar tanto (niños pobres, niños enfermos, niños huérfanos, niños maltratados, niños sin amor, los que no tiene que comer, los que no pueden caminar, los que no ven, los que tienen cáncer, los que son violados por familiares cercanos; más los ancianos, los pobres, etcétera, etcétera, etcétera) que a veces es más fácil pedir por la paz del mundo y por los más necesitados y listo, los englobamos a todos.

Porque en distintas formas pero todos sufrimos algún tipo de violencia (física, verbal, psicológica), por lo que decir paz para todos los abarcas en una sola petición. A final de cuentas, en ese contexto personal, la paz del mundo no es más que un lejano sueño –lo afirmo– imposible de alcanzar en el corto y mediano plazo.

Pero hablar de la paz mundial también me remite al estereotipo de la bella y joven finalista del concurso de belleza de la década de los ochenta o noventa que, al momento de ser entrevistada por los jueces, en su turno al responder algún cuestionamiento para demostrar su preparación y buenos sentimientos solía responder que haría todo lo posible para contribuir a la paz del planeta.

Esto es, la paz del mundo acababa siendo un recurso para que estas mujeres de poco cerebro salgan libradas de tan duro y complicado reto. La paz era algo así como una buena intención, algo “nice”.

Lo anterior viene a colación por la información vertida hace un par de semanas por el Instituto para la Investigación de Conflictos de Heidelberg, que resaltó que el año pasado hubo veinte guerras en todo el mundo, la cifra más alta desde 1945.

Pero además, que en el 2010 tuvimos seis y que el máximo histórico anterior al 2011 fueron las 16 guerras de 1993.

El Instituto agregó que además de las guerras iniciadas en Medio oriente y en África a raíz del estallido de la Primavera Árabe, (claro, seguro muchos, muchos pensamos que el asunto de la guerra es lejano, muy lejano, de hasta por allá), el informe incluye los enfrentamientos entre el Estado y los cárteles de la droga en el noreste de nuestro país, aunque destaca que la mayor parte de la violencia del 2011 se concentró en conflictos internos, sobre todo en regiones de Medio Oriente.

¿O sea, a ver, a ver, a ver, cómo?

Yo que estaba pensando en la tregua de ETA en España, en las FARC de Colombia, en Libia y Muammar Gadaffi, en Irak y en Saddam Hussein, en Estados Unidos y en Osama Bin Laden; y resulta que la guerra la tenemos nosotros acá, a relativamente muy pocos kilómetros comparado con Medio Oriente.

¡Chin, tremendo balde de agua helada!

Lo veía como algo lejano, muy lejano, algo prácticamente ajeno, fui capaz de ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.

Entonces me imagine a un “arturito” árabe, hindú, del otro lado del mundo pidiendo a Alá, a Buda, por la paz del mundo, pero también a otro enlistando en sus pendientes a los mexicanos y su guerra contra los cárteles de la droga.

Queda para la reflexión.

[email protected]