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La Casa Blanca y la Casa Santa Marta

Pbro. Jos? Juan S?nchez J?come 15/01/2017

alcalorpolitico.com

Más que lugar de residencia, la Casa Santa Marta se ha venido convirtiendo en el hogar del Papa Francisco, donde además de celebrar la eucaristía y recibir a algunos fieles, también tiene la posibilidad de llevar una vida ordinaria conviviendo de cerca con trabajadores y personal de El Vaticano.
 
De ser conocida desde tiempos de Jun Pablo II como la Casa que albergaría a los Cardenales y prelados en su paso por la Ciudad Eterna y especialmente en los días del Cónclave, ahora la figura de Francisco ha eclipsado el funcionamiento que tradicionalmente se le daba.
 
La Casa Blanca es un símbolo de una de las grandes potencias del mundo, lugar de residencia del Presidente en turno de los Estados Unidos de América. También se podría decir que el estilo atípico e impredecible del nuevo Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, seguramente eclipsará la figura legendaria de la Casa Blanca.
 
Cada una de estas casas proyecta estilos diferentes para realizar la gestión que todos esperan de estos líderes mundiales. Tienen distintas responsabilidades y desde su propio ámbito de competencia proyectan su forma de pensar, su forma de llevar las cosas y su forma de contribuir al bien de la humanidad.
 
La Casa Blanca es un ícono no sólo de la historia y la política estadounidense sino prácticamente un ícono mundial. Pensar en la Casa Blanca no nos limita a pensar en una de las sedes del gobierno de los Estados Unidos sino en un lugar donde se concentra el poder del mundo, el control de los poderosos.
 
Su historia es ya centenaria y el paso de los presidentes por la Casa Blanca ha acentuado su carácter icónico y su prestigio de fortaleza, bastión mundial del poder.
 
La Casa Santa Marta no nació ayer con el Papa Francisco. Pero ahora se ha convertido en una realidad icónica. Ya tiene ahora proyección mundial, se comienza a ver como la sede desde donde pastorea el Papa Francisco. No sólo desde San Pedro, o desde otras edificaciones vaticanas sino sobre todo desde Santa Marta se ha derramado el Espíritu a la Iglesia y al mundo entero.
 
Casa Santa Marta atrapa los reflectores del mundo, porque se ha convertido en un lugar donde podemos ver, donde podemos escuchar de manera natural y espontánea a uno de los grandes líderes de la humanidad.
 
Se ha convertido en la residencia del Espíritu, en la sede donde se predica la fe, en el lugar de encuentro entre los hermanos, en el espacio que le permite a Francisco tocar las llagas del mundo, abrazar a todos los hombres y hablarles en estado natural.
 
Desde la Casa Santa Marta se cimbra la conciencia de muchos, incluso hasta de los mismos líderes mundiales que despachan en la Casa Blanca, en la Casa Rosada, en la Casa Azul, en el Kremlin, en el Palacio del Elíseo, en Downing Street, en Los Pinos, o en palacios de distintos colores, tonalidades y funciones.
 
Después de la gestión del presidente Barack Obama, cuya llegada al poder sacudió los paradigmas del racismo, la Casa Blanca se prepara para recibir a un huésped que ha conquistado la Presidencia de una manera sorpresiva e inesperada. Al poder que irradia de suyo la Casa Blanca se agregará el talante y estilo autosuficiente y altivo que ya destila el nuevo Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.
 
Será el Presidente de una gran nación, pero también un líder cuya gestión afectará la vida y el destino de la humanidad. De hecho sin todavía tomar el poder, de manera oficial, su estilo y sobre todo sus declaraciones ya han venido provocando graves consecuencias en México y en otras partes del mundo.
 
La Casa Marta seguirá como muchas de las edificaciones vaticanas. Frente a la Casa Blanca y otros monumentos poderosos a lo largo del mundo, esperamos que la Casa Santa Marta siga derramando el espíritu y la caridad que tanto necesita este mundo.
 
Que el Papa Francisco y sus sucesores sigan sirviendo a este mundo desde la humildad y la caridad de Cristo para que no sólo con palabras sino sobre todo con el ejemplo lleguen a cuestionar e incomodar las pretensiones ambiciosas, injustas e inhumanas de muchos líderes en el mundo. Que Casa Santa Marta se convierta en el lugar donde se siga desparramando el espíritu de Dios.
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