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Seccin: Estado de Veracruz

Sursum Corda

La oración es el último tesoro de quienes ya no tienen nada

Pbro. Jos Juan Snchez Jcome 01/04/2019

alcalorpolitico.com

¿Qué sería de este pueblo sin la fe en Dios? ¿Cómo podríamos seguir adelante si no llegara el consuelo de la fe hasta lo más profundo del alma? ¿Cómo seguir viviendo y soportando este ambiente de muerte si no fuera por la fortaleza y la luz que vienen con la fe?
 
A veces parece que cuando se pierde todo solo nos queda la fe para comenzar de nuevo, para soñar de nuevo, para recuperar el sentido de la vida, para aprender a vivir con el dolor que queda y para ser rescatados, cuando nos han arrebatado prácticamente todo.
 
En la tragedia y en el dolor cuesta mucho trabajo experimentar la bondad y cercanía de Dios, pero la fe -que nosotros no producimos sino que hemos recibido como un don de Dios- poco a poco llega a calentar el corazón y a habitarlo de esa dulce presencia que tiene la capacidad de transformar nuestro llanto, impotencia y frustración en esperanza y fortaleza.
 
Hay muchos hermanos que han perdido tanto, que han sufrido tanto pero que no han permitido que se apague el don de la fe. Después de las tragedias que han enfrentado intuyen que la fe es la única salida posible, lo único que nos puede dar estabilidad. Llegan a reconocer que por muy peligroso y despiadado que sea nuestro mundo nada nos separará del amor de Dios y nadie impedirá que nuestros amigos y familiares, desaparecidos y asesinados, sean acogidos por la misericordia de Dios donde ya nadie más les hará daño.
 
Vivir la fe en situaciones extremas, como nos muestra el testimonio de las familias que han pasado por la tragedia, debe ser para nosotros un estímulo que nos lleve a defender y compartir esa fe que siempre nos levantará y fortalecerá ante las situaciones más inesperadas.
 
La fe nos llevará a reproducir los mismos sentimientos de Cristo para consolar a tantos hermanos que han sido alcanzados por la violencia y la inseguridad.
 
Lamentablemente flota en el ambiente la pena, el luto, el miedo y la impotencia. Otra vez Veracruz, ese pedacito de patria que sabe reír y cantar, vuelve a aparecer en las estadísticas con números alarmantes. Para las autoridades parecen sólo números, pero son rostros concretos, padres, madres, hijos, hermanos, amigos, familiares, personas asesinadas y secuestradas, hombres y mujeres -muchos de ellos jóvenes- que fueron privados de su vida de manera desalmada.
 
Así transcurren nuestros días desde que se instaló la noche negra en Veracruz, consolando a las familias, acompañándolas en su dolor ante las desapariciones y la muerte de sus seres queridos y haciendo oración para que resurja en sus corazones el don de la fe.
 
Al acompañar y consolar a tantos hermanos nos consuelan también a nosotros las palabras que Jesús le dijo al padre Ottavio Michelini: “Hijo, reza, reza; ¡no te canses! Hoy no ves sino lo que ha podido la perversidad del Maligno; mañana verás cuánto ha podido la oración y el sufrimiento de los buenos. Te bendigo, hijo mío; ámame”.
 
Cuando nos han arrancado casi todo y cuando parece que será imposible recuperarnos nos quedan la fe y la esperanza en Dios. La fe que nos acompaña y nos ayuda a salir del dolor más intenso y la fe que nos lleva a reproducir los mismos sentimientos de Cristo para consolar a todos los que han sido agraviados por la violencia y la inseguridad.
 
Cuando nos han arrancado tantas cosas nos queda la fe que es nuestro castillo interior inexpugnable. Estos tiempos son para buscar y agarrar fuertemente a Dios, para dejar que la fe nos lleve a experimentar la fortaleza y la paz que sólo Dios puede conceder. Ante la irrupción del mal, la oración es el único espacio donde podemos sentirnos amados y protegidos por Dios. Como dice el Cardenal Robert Sarah:
 
"La oración silenciosa es el último tesoro de quienes ya no tienen nada. El silencio es la última trinchera, en la que ninguno puede entrar, la única estancia donde habitar en paz, el lugar donde el sufrimiento depone las armas durante un instante. Cuando suframos, ocultémonos en la fortaleza de la oración".
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