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La tisis o muerte blanca

“Cambiemos de marcha para acabar con la tuberculosis”: Lema del Día Mundial de la Tuberculosis: 2015

01/04/2015

alcalorpolitico.com

“Cambiemos de marcha para acabar con la tuberculosis”
Lema del Día Mundial de la Tuberculosis: 201

“No quiero nada sino la muerte”
Jane Austen

El término tisis/consunción aparece por primera vez en la literatura griega, alrededor del año 460 a. C. Hipócrates (siglo V a C. - siglo IV a C.) Identificó la tisis como “la enfermedad más frecuente de enfermedad de su tiempo”. La describió entre población de 18 a 35 años; casi siempre era fatal, llegando incluso a prevenir a los médicos de visitar a pacientes con tisis para salvaguardar su reputación. Aristóteles (384-322 a.C.) opinaba que la enfermedad era contagiosa; muchos médicos griegos la creían hereditaria. Galeno, el médico más eminente después de Hipócrates, definió la tisis como “una ulceración de los pulmones, tórax o garganta, acompañada por tos, fiebre, y consunción del cuerpo por el pus.”

Hoy día, en todo el orbe, se celebra el día 24 de marzo como el Día Mundial de la Tuberculosis. Este día ha sido elegido porque en el año 1882, un 24 de marzo, el médico alemán Robert Koch anunció al mundo el descubrimiento de la bacteria responsable de la tuberculosis, el Mycobacterium tuberculosis. Es importante que las personas sepan que la tuberculosis es curable, pero en la actualidad los esfuerzos para encontrar, tratar y curar todos los enfermos son insuficientes.

El Día Mundial de la tuberculosis pulmonar (TBP), busca crear conciencia sobre la prevalencia de la tuberculosis en el mundo, así como los esfuerzos realizados para su prevención y control. A lo largo de los años, esta conmemoración ha ofrecido la oportunidad de movilizar la agenda política, económica y social para la prevención y control de la enfermedad en diferentes países.

En la campaña de comunicación 2015, la OPS/OMS seguirán el enfoque global de la OMS que se centra en el diagnóstico de la enfermedad y la detección de casos no diagnosticados, con énfasis en las poblaciones vulnerables, los determinantes sociales y las grandes ciudades para la Región de las Américas para poder poner fin a la enfermedad. Algunos datos interesantes acerca de TBP:

1.-La TB mata a los miembros productivos de la sociedad. 2.-Cada segundo una persona se infecta por TB. 3.-Un enfermo infecta de 10 a 15 personas en un solo año. 4.-Del 5 al 10% de los infectados desarrollarán la enfermedad en algún momento de sus vidas. 5.- 5 de cada 10 enfermos morirán en 5 años, si no reciben tratamiento. 6.-Hasta un 50% más riesgo de TB tienen las personas VIH +.7.- La tuberculosis es curable.

En fecha reciente apareció en “Al calor político” un mensaje del coordinador estatal del área de atención de tuberculosis de la Secretaría de Salud, Francisco Javier Fuentes Domínguez, quien dio a conocer que 25 por ciento de los casos de dicha enfermedad se registran en la zona conurbada Veracruz-Boca del Río, con lo que se ubica como la región con mayor incidencia de tuberculosis en la entidad.  El funcionario detalló que -contrario a lo que se piensa- esta enfermedad se propaga más fácilmente en zonas urbanas densamente pobladas y no en zonas rurales de alta marginación como se suponía hace un par de años.

“Antes se decía que la tuberculosis era la enfermedad de los marginados, pero lo cierto es que no es así, se comprobó que las zonas urbanas son más propensas de la enfermedad porque el movimiento de la gente hace propicia su propagación”, declaró.

UNA  HISTORIA CASI OLVIDADA...
La tisis o “muerte blanca”, fue inspiración de pintores, escritores,  poetas y músicos ¿Quién  no  ha escuchado a Violeta en la Traviata de Verdi, o la voz hecha susurro de Mimí en la Bohemia  de Puccini? ¿Quién ignora que la “tisis”, segó vidas tan valiosas como la de Chopin, Chejov,  o  Grieg? Pero la tuberculosis,  no  es  poesía  ni  canto, es drama… Drama de la vida real.

Del entonces  Lazareto, más tarde Sanatorio Macuiltépetl,  no  se  sabe  a  ciencia  cierta  cuando nació, si en las postrimerías del siglo XIX, o en los  albores  del  XX.  Despectivamente  le llamaban “Lazareto”, seguramente  a  semejanza  de  los  lugares  donde, en la edad media  llevaban  a  morir a  los lazarillos: los leprosos.

Miguel Dorantes Mesa, mi padre, vio la  luz  primera en Naolinco de Victoria, un 13 de  febrero de 1915. Un año más tarde y por la situación misma de la Revolución Mexicana, la familia se traslada a vivir a Jalapa, donde cursa los primeros estudios, hasta la preparatoria. Ingresa a la Escuela Médico Militar y al término de su carrera, es enviado al puerto de Manzanillo, Colima, para prestar servicios en la Armada de México. Tan  pronto le fue posible, solicitó la baja del ejército. En Julio de 1945 regresó a Xalapa, su "tierra  adoptiva", de la que siempre estuvo enamorado... Tenía treinta años de edad. Era alto, delgado, jovial, amable, humano, pero sobretodo, profundamente honesto. Lleno de amor y esperanza, comenzó a  trabajar. Se sentía rico, inmensamente rico, más rico que muchos “verdaderamente” ricos,  porque siempre tuvo para dar y dio a  manos llenas.

Con su primer sueldo compró para los pacientes, sillas de madera, mismas que se  convirtieron en calor y humo, en la primera noche de frío invernal. Este hecho, le dolió  profundamente, pero le permitió conocer más, condición humana: el resentimiento del paciente  crónico, hacia una vida que le niega la salud... y a partir de ese día, dio sin esperar recibir.

Al principio lo llamaron “loco”, “idealista”, “visionario”, cosa que no le preocupaba: sólo reía ante la  falta de fe... pero  siempre existe gente que creé y se une a las buenas causas, naciendo así, lo que fuera el Sanatorio para personas con tuberculosis: el Macuiltépetl. En náhuatl significa  cinco cerros, símbolo y emblema de Xalapa, en cuyas faldas, se construye este nosocomio. Al  inicio, “el  lazareto”, constaba de dos pabellones, mejor dicho, dos galeras, una para hombres y otra para mujeres. No existía nada más. Miento, había: tristeza, enfermedad y hambre; figuras macilentas, que tosiendo, caminaban sin tener a donde ir. Poco a  poco,  se  comenzaron a escuchar palabras como hemoptisis, disnea... y se supo que existieron Médicos como Roberto Koch, y Calmete y Guerin, que dedicaron su vida a la humanidad doliente. Xalapa, por años y años envío allá, a los enfermos crónicos, a los incurables, a los desahuciados, a los pobres que no tenían nada ni a nadie... y entre ellos estaban los tuberculosos.

El entonces Gobernador del Estado Don Adolfo Ruiz Cortines, sugirió cambiar el  nombre de "Lazareto" y llamarlo Sanatorio Macuiltépetl. Para entonces, la lista de  benefactores había crecido; sólo por mencionar a algunos; el Dr. Isaac Espinosa Becerra, Don  Justo F. Fernández, Don Reginaldo Falcón, el Arq. Guillermo Rivadeneyra, el Ingeniero Juan Canedo, Don Gonzalo Franceschi, Doña Esther Quiroz... los nombres se confunden en uno  solo: el  pueblo de Xalapa, que con dinero o mano de obra, construyeron ese hospital.

La lucha fue ardua. Miguel Dorantes Mesa, tocó las puertas de xalapeños y no  xalapeños, acaudalados o no... Rifó coches, organizó fiestas populares: pidió y recibió. Poco a  poco y de la nada, comenzaron a brotar los edificios. Las primeras construcciones fueron la  administración y la cocina, luego la lavandería, la escuela, el teatro al aire libre, el pabellón  para mujeres, la consulta externa, el pabellón para “sus niños”, el quirófano, el pabellón para  hombres, el de pensionistas... Recuerdo que su gran entusiasmo, lo llevaba a ver cosas que  nosotros no veíamos. Una noche, durante la construcción del laboratorio, visitamos “lo  adelantado de la obra”, pero a la luz de la blanca luna, mi madre y yo, sólo pudimos  apreciar  una hilera de ladrillos, mientras que para él,  ya  se  habían obtenido los primeros cultivos de  los bacilos de Koch.

UNA HISTORIA CASI OLVIDADA
II
“No quiero nada sino la muerte”.
Jane Austen
El Sanatorio continuó creciendo: se hicieron las perreras y el quirófano para cirugía torácica experimental, misma que floreció y se proyectó a nivel nacional. Trabajaron con ahínco los Drs. Bulmaro Cortez, Antonio Frutis, Ismael Pérez, Alejandro Sánchez, Enrique Osorno, Judith Correa, Emilia Zetina y Alfonso Sánchez.

 Para 1959, la consulta externa, contaba con turno matutino y vespertino, en apoyo  al paciente foráneo. Existían servicios complementarios, como: catastro torácico, fluoroscopía,  laboratorio y farmacia que vendía los medicamentos al precio más bajo posible. Ese año, se pusieron en servicio la caldera, permitiendo al sanatorio, contar siempre con agua caliente. Se mecanizaron la cocina y la lavandería. Se construyeron los pasillos cubiertos, que unían los diferentes pabellones.

Con las demasías de agua de la ciudad, creó el sistema de fuentes, que además de ornato, albergaban peces comestibles. Se diseñó el parque infantil, instalando en él, la vieja camioneta, que por algún tiempo, sirvió para llevar a pasear en ella, a  los pequeños pacientes y que ante la imposibilidad de continuar circulando, quedó ahí, montada sobre sus grandes  ruedas  de  cemento.

Trabajaban ya las hortalizas, las porquerizas, los gallineros, la cría de pichones y de  conejos. Estos últimos, además de donar su carne, daban sus pieles, para confeccionar “los  macuilos”, zapatos con suela de llanta, revestidos con esa suave piel, para aquellos que ni zapatos tenían. Prácticamente se lograba la autosuficiencia del  sanatorio... pero mi padre no sólo quería cubrir los pies descalzos y fríos de los pacientes, sino también mantener activas manos y mentes.

Aun cuando laobra física, había crecido y podía albergar a 250 pacientes, no habían  crecido igual los recursos financieros. En su informe de ese año, comentaba: “El sanatorio Macuiltépetl, ha crecido gracias al apoyo del Gobierno Federal y Estatal; gracias a la  iniciativa privada, a la que una vez más, quiero suplicar que nos ayude enviando algún donativo; cualquier cosa puede servir: ropa, libros, juguetes o dinero. Lo que Ustedes deseen  donar, será  muy  útil  a  personas  tan  necesitadas”.

Parcialmente cubierto el aspecto asistencial, se dio a la tarea, de embellecer el lugar. El  Ing. Juan Canedo creó un hermoso parque, con una pérgola, un estanque para patos, fuentes  y  flores, muchas flores de muy bellos colores y gratos aromas. Construyó una capilla, entre el  verdor del bosque, con olor a campo y el silbar del viento. Una capilla sin imágenes ¿Por qué?  Porque Miguel Dorantes nunca le puso nombre a Dios. No le llamaba Jesús, aunque lo  admiraba y respetaba, no le llamaba Buda, Alá o Jehová. Era Dios como tal, pero seguramente más grande que como muchos de nosotros le concebimos... y fue sin imágenes, para que a ella asistieran hombres de todos los credos, pero con los mismos derechos de llorar a sus muertos. Finalmente, construyó su rincón favorito, con una pequeña fuente y las palabras de  Francisco, el pobre de Asís: 
                                                        Señor,  hazme  instrumento  de  tu  paz,
                                                        Donde  haya  odio,  siembre  yo  amor,
                                                        Donde  haya  injuria,  perdón,
                                                        Donde  haya  duda,  fe,
                                                        Donde  haya  sombra,  luz,
                                                        Donde  haya  desaliento,  esperanza,
                                                        Donde  haya  tristeza,  alegría....

Este fragmento de historia, no es el principio ni el final del sanatorio, es sólo eso: un fragmento olvidado de su historia. Fragmento que concluye el l3 de Julio de 1968, con la súbita muerte de Miguel  Dorantes.

La vida continuó… y como el tiempo “vuela” y los humanos, tenemos la costumbre en dividirlo en partes, ahora les llamaremos sexenios. Pues bien, fue durante unos de esos fatídicos sexenios anteriores, en que por “orden presidencial” se firmó el decreto de la erradicación del  Mycobacterium tuberculoso, o bacilo de Koch: por ley: ¡no más tuberculosis en México!   Desafortunadamente, el bacilo no sabe leer, por lo tanto, no se enteró de la orden y tampoco  se erradicó, por  lo que  siguió,  sigue  y  seguirá  cobrando  vidas...

Es más, se habituó a los tratamientos que en un principio, eran efectivos para  combatirlo y se hizo “resistente”. Ahora, no sólo en  nuestro  país, sino en el mundo entero: la  tuberculosis ha incrementado el número de sus víctimas y el bacilo es más agresivo y con  menor respuesta a los medicamentos que hoy por hoy, son más potentes y por ende más costosos.

Si a esto agregamos, que la tuberculosis ha sido llamada “la enfermedad de la pobreza”,  por estar casi siempre ligada a ella, el problema actual, la drogorresistencia, es verdaderamente  alarmante. Pero hoy, ya no está Miguel Dorantes, mi amado padre... aquel que pasaba las noches junto al lecho de los pequeños tuberculosos que, graves o moribundos, se aferraban a su mano, como queriendo aferrarse a la vida misma, que sin ellos querer, se les escapaba lentamente...  aquellos  “sus  niños”, los que amorosamente le llamaban “Papi”.

Tampoco existe el sanatorio... bueno, lo han transformado, tanto, tanto, que me es  difícil reconocerle.  Cada vez que visito su tumba...  la encuentro sola y olvidada.

A casi cincuenta años de su partida, aún me parece escuchar su risa, sus bromas, sus  sabios consejos, sus truncos proyectos... truncos por una muerte prematura y cruel... porque la  muerte de los que aman al  prójimo, como él lo hizo, siempre  es prematura... Siempre cruel. Y ahí, en silencio, entre el verdor del pasto, y el silbar del viento en las copa de los altos pinos, termino de leer las  palabras de Francisco “el  pobrecillo  de Asís”:
   
    Concédeme  Señor:
    Que no busque  ser  consolado, 
si no consolar...
    Que no busque ser comprendido, 
si no comprender...
    Que no busque ser amado, 
si no amar...
    Porque dando es  como recibimos, 
    Porque perdonando es como 
Tú nos  perdonas,
    Y muriendo  en  ti,  
es  como  renacemos  a  la  vida  eterna...

                                                                            Alicia  Dorantes
[email protected]
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