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Sección: V?a Correo Electr?nico

La vinculación de academia y empresa

Manuel Mart?nez Morales Xalapa, Ver. 09/09/2011

alcalorpolitico.com

La idea de vincular el sector académico con el empresarial para la transferencia del conocimiento a la industria existe en México desde hace al menos 30 años; sin embargo hasta la fecha no se aprecian resultados concretos. Durante el congreso BioMonterrey 2011, organizado por el gobierno del estado, por medio de la Coordinación de Ciencia y Tecnología, y la Universidad Autónoma de Nuevo León, académicos y empresarios debatieron sobre la urgente necesidad de allanar el camino y el marco legal para vincular ambos sectores y generar el desarrollo económico y social de la nación.

Coincidieron en que, si bien tanto los investigadores como empresarios han fallado en propiciar esa unión, el gobierno y otros actores políticos también tienen gran responsabilidad en ello, pues se ha carecido de un proyecto de Estado en la materia y la normatividad, más que facilitar la vinculación, la dificulta.

A mi me parece que equivocan el diagnóstico y que las causas de esta situación se encuentran en otra parte: obedecen por un lado, a condiciones estructurales de una economía dependiente y subordinada a los intereses del capital transnacional y, por otro, a la permanencia en el poder de una clase política vendepatrias siempre dispuesta a cambiar la riqueza nacional por algún plato de lentejas, perdón quise decir por yates, autos de lujo, algunos milloncitos de dólares y la bendición de Washington para continuar en el poder y seguir saqueando el patrimonio nacional.

Por ejemplo, Pemex no invierte en la construcción de nuevas refinerías o en la renovación tecnológica de las plantas petroquímicas ya existentes, pero importa gasolina y gas a precio de oro, y financia a la empresa española Repsol con cerca de 20 mil millones de pesos, adquiriendo el 5 por ciento de sus acciones. Pemex, empresa de carácter público, en lugar de buscar y fortalecer su vinculación con la academia ha procedido a desmantelar el Instituto Mexicano del Petróleo y, por ende, a acentuar la dependencia científica y tecnológica pues contrata servicios de empresas extranjeras para realizar funciones que podrían realizar científicos y técnicos mexicanos.

Por otro lado, las empresas transnacionales fabricantes de automóviles o de equipo electrónico obtienen jugosas ganancias a partir de sus “inversiones” en México; inversiones de saliva subsidiadas alegremente por el gobierno federal y los gobiernos estatales: se les obsequian grandes extensiones de tierra –con la infraestructura necesaria- para la instalación de sus armadoras o maquiladoras, se les condonan impuestos y se llega hasta el extremo de financiar su establecimiento con fondos públicos, como los de las Afore. ¿A cambio de qué?

Estas empresas, instaladas en suelo mexicano, no buscan el acercamiento con centros de investigación y desarrollo tecnológico nacionales puesto que su equipamiento tecnológico lo traen consigo y las actividades de investigación las realizan en los países en los cuales se encuentran sus oficinas matrices, ya sea en sus propios laboratorios o bajo contrato con universidades allá localizadas.

El director del Instituto Nacional de Medicina Genómica (Inmegen) y ex director del Instituto de Biotecnología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Francisco Xavier Soberón, declaró –en el congreso mencionado- que sin una política de fomento avanzada y diferente a la actual, y sin muestras contundentes de que la colaboración academia-empresa es una prioridad nacional, en el país no habrá innovación. Dijo que en México se habla de esta vinculación desde la década de 1980, pero a la fecha no hay muestras de resultados. Sin embargo, resaltó que actualmente existen todos los elementos para concretarla, para lo cual empresarios e investigadores deben confiar, además de que las autoridades gubernamentales deben propiciar esa colaboración.

Las patentes, aseveró, son el mejor indicador de la inventiva de las naciones, y en este renglón las acciones de México son desalentadoras, lo que indica una muy limitada capacidad de innovación. Esto es inconcebible para el país.

El investigador subrayó que es necesario quitarse el miedo al fracaso, pues existe una tasa de éxito de sólo 20 por ciento, pero para innovar se debe fracasar. Además, también se requiere de la participación bidireccional de academia e industria. Lamentó que a casi un año de que termine el actual sexenio el Programa Nacional de Innovación aún no haya visto la luz.

Resulta claro que hace falta definir una política científica nacional que incluya mecanismos para favorecer la vinculación academia-empresa. Como un elemento para superar las condiciones que propician el rezago científico y tecnológico podría pensarse en la creación de empresas de base tecnológica (EBT), que basan su competitividad en el dominio que ejercen sobre determinada tecnología que les permiten mantener altas tasas de innovación en productos y/o servicios. Las EBT deben mantener estrechos vínculos con centros de investigación, instituciones de educación superior y con otras empresas, así como con servicios de consultoría y apoyo financiero, constituyendo una red de relaciones institucionales que sustenta su capacidad innovadora. A este entorno se le denomina “polo de innovación”.

Las EBT son el elemento central de los polos de innovación. En el país ha habido intentos interesantes por crearlos. En el decenio de 1990 se crearon diez incubadoras de empresas y el parque tecnológico “San Fandila”, en Escobedo cerca de Querétaro, y “Los Belenes” en Guadalajara. Parece ser que este último continúa en operación, situación que contrasta con el cierre de incubadoras desde finales de los noventa, pues hacia mediados de la década pasada (2000-2010) no se encontraban más de cinco incubadoras en operación.

Sin embargo, los polos de innovación nunca han sido bien delineados ni han obedecido a una política integral y explícita de desarrollo científico y tecnológico, como es el caso en otros países (Brasil, Francia y China, entre otros).

Finalmente, además de ser centros naturales de vinculación entre empresas y academia, las EBT constituyen un eslabón clave en la conformación de un sistema nacional de innovación tecnológica, cuyo establecimiento y evolución constituirían la etapa inicial en la creación de un sector de conocimientos en México, base para superar el rezago tecnológico industrial.

¿Existen las condiciones en el país para establecer empresas de base tecnológica que constituyan los núcleos de los necesarios polos de innovación tecnológica?