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Las palabras de la ley

Las limosnas y la Justicia social

Salvador Martnez y Martnez Xalapa, Ver. 15/07/2020

alcalorpolitico.com

El concepto jurídico de Justicia social atraviesa la Constitución Política de México de principio a fin. Son artículos emblemáticos el 3 (Derecho a la educación), el 27 (Derecho a la tierra o territorio) y el 123 (Derecho al trabajo), que por su extensión no podemos trascribir. Hoy comentamos una noticia y, de una vez, dejamos caer el juicio rector del comentario: la Justicia social es previa a la “caridad”. A los necesitados no les bastan las dádivas sino requieren aquello que se les debe en justicia.
 
El derecho no es amor, pero hace posible el amor (en este caso, el amor social). El problema del contexto respecto a la justicia es definir de forma concreta lo que es debido. Debemos entender por “derecho” el saber de los juristas sobre el orden jurídico positivo. Eduardo García Maynez, aun cuando haya creído ver tres derechos, lo cierto es que él supo observar tres aspectos del saber de los juristas y los observó entrelazados entre sí en su célebre teoría de los tres círculos.
 
El conspicuo iusfilósofo mexicano distinguió entre el saber sobre el orden jurídico formalmente válido (el orden jurídico vigente); el saber sobre el orden jurídico intrínsecamente válido (aquellos valores que competen al individuo y a la sociedad como “lo suyo”) y el saber sobre el orden jurídico eficaz (aquel que en los hechos se cumple). Sin cuestionar dicha teoría del derecho, hoy pretendemos aproximarnos a uno de los valores que, según este autor, valen en sí y por sí: la Justicia.
 
El reporte noticioso en comento parece que se refiere a una cosa de necios: “En Xico se analizan toque de queda y sanciones por festejo en pandemia” (Portal alcalorpolitico.com 12/07/2020). La necedad: sólo querer sancionar.
 
La opinión publicada considera que los xiqueños se juegan la salud. Otras voces sostienen que defienden la derrama económica que en estos días se debía presentar en aquel pueblo mágico. Las medidas represivas obedecen tanto al riesgo para la salud como a reducciones economicistas, pero adolecen de falta de comprensión del fenómeno.
 
El contenido de la noticia informa un poco más: “Pese a que otros municipios están tomando medidas más estrictas ante los contagios de COVID-19, pobladores de Xico salieron a bailar a las calles celebrando ‘La noche del cencerro’, provocando grandes concentraciones, esto como parte de los festejos en honor a Santa María Magdalena” (el núcleo de los festejos es el 22 de julio).
 
Iniciemos afirmando que es impresionante ver y escuchar a los pobladores de este lugar danzar con los cencerros atados a la cintura. Xico es un municipio del Estado de Veracruz (México), con una población que gira alrededor de los 40, 000 habitantes. El municipio incluye en su territorio un total de 84 localidades, las principales son: San Marcos de León, Colonia Úrsulo Galván, Tonalaco y Tembladeras.
 
Ciertamente, el fenómeno es más complicado que aquellos granos de verdad que acompañan el informe noticioso o los rumores. “La configuración de la ciudad no obedece tanto a un plan arquitectónico como a una manera particular de ver, sentir y pensar la vida: es la encarnación, tangible y material, de una visión del mundo. Antes de ser piedra, cemento o ladrillo, las ciudades son una imagen” (Octavio Paz).
 
Los parques de los amantes están clausurados, los mercados son contagiosos, los templos están cerrados, el palacio municipal presta servicios limitados (agua y basura), incluso las curanderas y los curanderos (las brujas y los brujos de hoy) están confinados. En suma, la cosmovisión está hecha añicos. Urge construir una nueva visión del mundo, pero los pobres no le creen ni a los científicos ni a filósofos ni a los ministros del culto religioso, menos aún a los gobernantes.
 
Aquellos que viven en la pobreza tienen como característica esencial que sólo dependen de la divinidad y, en el caso de Xico, se trata de una divinidad femenina: Santa María Magdalena. Antes de que se levanten las protestas, digamos que, como en muchos pueblos de nuestra región, se vive un sincretismo religioso. Quizás sus habitantes no esperan que la ayuda les caiga del cielo, pero sí que la divinidad mueva los corazones de los ricos, pues los empresarios son susceptibles de conmoverse (Helder Cámara). Estos no tienen la necesidad de salir a danzar.
 
En los estudios del derecho, se aprende que la Justicia es la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno lo suyo. La expresión “lo suyo” se refiere a los derechos de cada uno y sobre esto existe una pretensión o una exigencia En la Constitución Política de México existe una cláusula de recepción de los Derechos Humanos, dando lugar a un complejo bloque de Derechos fundamentales en la cúspide de la Supremacía Constitucional. Tratándose de la Justicia social se podría involucrar todo el bloque de derechos, pero le hemos dado relevancia a tres: derecho a la educación, derecho al territorio y derecho al trabajo.
 
Las dificultades emergen en ese “dar a cada uno”, pues la Justicia social se refiere a los asuntos de la sociedad. En sí mismo, el acto por el que se atribuye a un sujeto una cosa que no le estaba atribuida -de ninguna manera y bajo ningún aspecto-, no es un acto de justicia. Hay veces, sin embargo, en que un sujeto no tiene la cosa como derecho [ius in re], pero en cambio es derecho que le sea atribuida la cosa [ius ad rem]. Nos parece que en este segundo campo se desenvuelve la Justicia social.
 
Más allá de las dificultades conceptuales, hay un rasgo de la justicia social que conviene a nuestro tema. En efecto, la justicia social se refiere a todo cuanto constituye una exigencia mínima que ponga la vida de los seres humanos a cubierto de las calamidades y las catástrofes. Hoy diríamos: para garantizarles una protección social básica: un trabajo y un salario justo, la posibilidad de formar un modesto haber para evitar el empobrecimiento generalizado (la actual calamidad), seguros de vejez, enfermedad o desempleo.
 
La pandemia COVID-19 sorprendió a México sin esa protección social básica y lo único que se nos ocurre es castigar a quienes carecen de ella. En el pasado, y aún en el pasado reciente, dicha protección básica no existió para la gran mayoría indigente. La pretensión de poner el pasado en claro llevó a Octavio Paz a ponerlo en un poema y notamos unos versos: Estoy en donde estuve / voy detrás del murmullo, / pasos dentro de mí, oídos con los ojos, / oigo las voces que yo pienso, / las voces que me piensan al pensarlas. / Soy la sombra que arrojan mis palabras.
 
Hoy se le pide a Xico, y a los municipios que llevan a cabo fiestas patronales, que no las realicen ni vayan a ellas. Esto parece absurdo y es probable que las autoridades se tropiecen con actos de rebeldía. Tal vez, y sólo tal vez, habría que pedir a los habitantes de Xico que alegren una celebración que acostumbran, al estilo de los primeros cristianos, el mole en su hogar, con la familia reducida y una imagen de la Santa, que la veneren en el patio o en el solar de su casa, que aquí bailen hasta que el cuerpo aguante.
 
Mientras tanto una autoridad moral “…ha recordado que la caridad consiste en dar a aquel que ya tiene lo que merece, puesto que dar lo que alguien merece, es decir, hacer justicia, no es realmente una donación.”
 
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