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La ciencia desde el Macuiltpetl

Las trampas de la fe (tecnológica)

Manuel Martnez Morales 02/11/2019

alcalorpolitico.com

Usar dinero en efectivo es más eficiente en muchas transacciones –no en todas. Comprar chicles mediante un obligatorio y complejo sistema tecnológico no sólo "burocratiza" la transacción entre vendedor y comprador, pues la autorización para que el pago proceda atraviesa por incontables "ventanillas" computacionales y, dada la menor falla en el sistema, éste se cae como ya suele ocurrir con frecuencia cuando intentas pagar la cuenta del súper o el restorán y te dicen que no se puede pues "el sistema se cayó", lo cual te obliga a salir apresuradamente en busca del cajero automático más cercano.
 
Lo mismo tendrías que hacer si en la tortillería no pasa tu tarjeta o dispositivo, con el agravante de que ya no habrá cajeros dispensadores de efectivo. Para desenredar esta absurda madeja, hay que seguir la ruta del dinero: ¿Quiénes son los ganones de esta genial idea? Pues las grandes corporaciones bancarias, intermediarias en este circo, que manejarán tu dinero a cambio, -¡por supuesto!- de una "módica" comisión cada vez que compres tus chicles o tu kilo de tortillas. Y claro que también le cobrarán su cuota al vendedor de paletas. Dos pájaros de un tiro. La casa siempre gana.
 
Imaginemos un símil en tiempos que como moneda se usaban granos de cacao y la transacción se realizaba directamente entre comprador y vendedor: un pollo te cuesta 100 granos de cacao. Se entregan los granos, se recibe el pollo.
 
Aparece de pronto un vivillo: para que no cargues tu costal de cacao cada vez que vas al mercado, indito mexicano y para que tú, comerciante, no tengas almacenado tanto grano que te pueden robar, yo se los guardo en mi bodega y les extiendo un papelito sellado con la cantidad que almacenen. Cada vez que compres le muestras tu papelito al vendedor y le restan los granos del costo de la mercancía y este número lo agregas, vendedor a tu papelito, claro todo sellado con su sellito personal. Entonces, cuando me notifiquen la transacción, ya sea comprador o vendedor, yo hago la transferencia de granos de una caja a la otra. Claro que tendrán que pagarme por mi trabajo: por cada 10 granos que se transfieran, yo me cobro un granito de la reserva de cada uno de ustedes.
 
Esta es la elemental lógica tras la genial idea neoliberal de un mundo sin efectivo: la transferencia de la riqueza producida socialmente a unos cuantos individuos. Lógica de la acumulación de capital, en el contexto de un sistema capitalista que aprende a maquillarse según el tiempo y circunstancia, lo cual ha permitido su permanencia y reproducción.
 
Soy la voz que clama en el desierto, sin compararme con nadie, no sea que me vayan a confundir con un mesías.
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