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Lo inocultable

Rafael Arias Hern?ndez 29/08/2012

alcalorpolitico.com

En las calles y en los lugares públicos se acumula el dolor, la desesperación de los sin justicia.

Sí, de acuerdo a CONEVAL para 2010, Mixtla de Altamirano, en la sierra de Zongolica, se considera por algunos el municipio más pobre, porque el 97 % de su población (9,007), así resulta clasificada; cómo poder dejar de mencionar a Xalapa, la orgullosa Atenas Veracruzana y capital del estado, con sus 177, 918 pobres, más los que se acumulen en la semana.

¿Qué decir del estado de Veracruz con casi 4.5 millones de pobres, ubicado en segundo lugar nacional, después del Estado de México con 6.5 millones?

Los pobres, los miserables, los marginados día a día constatan que en los gobiernos, son pocos los que quieren oírlos y menos, mucho menos, los que quieren, en verdad, atenderlos y ayudarles a resolver sus problemas que, generalmente son, de necesidades básicas. Ansias de vivir y necedad de ser.

También constatan, que para la mayoría de los medios de comunicación son sólo noticia, entretenimiento y, en el mejor de los casos, temas memorables que contar, por las limitaciones, sacrificios y penalidades que tienen que soportar, los millones con hambre y sed de justicia.

Algunos intelectuales se ocupan de este enorme problema que fácilmente se puede convertir en conflicto y pocos comunicadores sostienen el compromiso social y el profesionalismo que su oficio requiere, pocos porque buena parte también sobreviven.

Historia sin fin, conocida y repetida tragedia, de ancestrales y nuevas versiones, en las que se ponen a prueba la resistencia y nobleza de los de abajo, de los agachados y los súper machos que todo aguantan, hasta sexenios y trienios completos. Aunque ahora la novedad es que, para muchos casos, se incrementará el tiempo de aguante, ahí viene el cuatrienio.

En las calles las noticias que trascienden, que rebasan el bloqueo oficial, la complicidad de algunos medios y la autocensura. La delincuencia que se expande y manifiesta en la crudeza y violencia que le caracterizan.

Según el INEGI, en 2011, en México la cifra de homicidios llegó a 27 mil 199; cuando en el 2010, fue de 25 mil 757.

Malas y peores noticias. El boletín, la declaración y el discurso oficial que le acompañan, en tono placebo, de distracción y con excesos de optimismo infundado. Desde las primeras batallas y en todo el transcurso del conflicto la objetividad, la credibilidad y la confianza públicas son también, de las primeras víctimas, frente al engaño, la manipulación, la distracción y el disimulo. Secuestrar la verdad se convierte en el deporte favorito. Vieja repetición del discurso oficial antediluviano del “no pasa nada, todo va bien y viene lo mejor”.

Mientras tanto en demasiados hogares velan a los muertos por el crimen y los heridos curan como pueden a los heridos por la misma causa.

El número de familias afectadas aumenta, como lo hace la lista de los sacrificados.
La misma fuente consigna que de 2007 a 2011, la cifra de homicidios en el país llegó a 95 mil 632.

Grandes y costosas batallas publicitarias y de propaganda se libran en el terreno de la veracidad y la credibilidad de las estadísticas y la información. Una vez más, secuestrar la verdad, ocultarla o deformarla es el objetivo; que no se sepa y mucho menos que se difunda es la “buena intención”.

Y una vez más la repetida cantaleta: “no pasa nada, vamos bien y viene lo mejor”.

Los hechos muestran otra realidad. Se estima que a la conclusión del régimen del presidente, Felipe calderón, la cifra de homicidios rebase los 120 mil.

En las calles, en los hogares la oración de la esperanza se repite, sobre todo ahí, en los miles y miles que velaron y enterraron a sus muertos; y también en aquellos en los que priva el desconsuelo y la desesperación por los que siguen desaparecidos. Los mismos de los que no se sabe su paradero y existencia. Y hay que agregar, porque es de elemental justicia hacerlo, los migrantes viene a completar y padecer esta conocida y repetida tragedia. Inocultable, crece el número de viudas y huérfanos, de heridos y afectados, de familias mutiladas y diezmadas.

De aquí, de allá y de todas partes, la oración se convierte en grito que clama justicia y atención efectiva. El silencio responde con silencio; o, como es costumbre, el discurso de siempre intenta explicar lo inexplicable, o justificar lo injustificable. Negligencia y corrupción dan paso a la complicidad y todas engendran y sostienen la delincuencia gubernamental creciente. Una vez operando la impunidad, se recicla el conocido cuento de nunca acabar.

De todas estas voces hablamos cuando ellas callan. Ausentes y presentes, sus mensajes no pueden pasar inadvertidos, porque son portadores del dolor y el sufrimiento, de la limitación y el sacrificio permanentes.

Por éstas y otras razones es preciso pasar de la reflexión a la acción. Oportuno citar al inmortal Martin Luther King Jr.

"No me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los sin ética; lo que me preocupa es el SILENCIO de los buenos"...

Veracruz hoy

INEGI consigna que en la entidad los homicidios aumentaron de 461 en 2010, a 1,005 para el 2011. En 2005 el número era de 344.
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