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Madureros en combate

?ngel Lara Platas 24/04/2013

alcalorpolitico.com

A pesar de haber permanecido al lado de Hugo Chávez –al menos durante los últimos catorce años que duró por reelección su mandato–, hasta que la muerte lo derrotó, Nicolás Maduro no le aprendió mucho a su jefe y guía.
 
Las recientes elecciones que el pasado domingo catorce se llevaron a cabo en Venezuela, denotaron varias cosas que habría que observarlas con cierta atención.
 
Para empezar, los chavistas le apostaban a unos resultados similares a los de la anterior elección cuando Chávez resultó reelecto, cuya votación le favoreció con alrededor de los once puntos sobre su contendiente Henrique Capriles. Generosos en su apreciación consideraban que podría resultar, tal vez, un punto menos que el ex presidente, pero no más.
 
Jamás se imaginaron que resultaría un empate técnico de aproximadamente un punto de diferencia entre ambos contendientes.
 
Es decir, que muchos venezolanos que la vez pasada votaron por Hugo Chávez, en esta ocasión razonaron su voto y lo dirigieron hacia Capriles.
 
Maduro, lejano de toda habilidad retórica, argumenta que los que votaron por su contraparte fueron los pro Yanquis, los burgueses, los de la lana. La verdad es que no es así. La mayor parte del voto que migró fue de gente que raya en la pobreza y los clasemedieros. La triste realidad ha descubierto que los de la lana ahora son los chavistas que detentan el poder, que se han quedado con todo… o casi todo.
 
Capriles y sus seguidores han estado exigiendo el recuento voto por voto. Maduro, que en un principio había aceptado y luego reculó, ha adoptado una actitud fuera de toda mesura. Su ceguera política le impide ver que está enfrentando e infamando a la otra mitad de la población venezolana. La República está dividida en dos y los madureros en lugar de razonar las cosas como corresponde a un gobierno presuntamente democrático, están induciendo al enfrentamiento.
 
Hasta los pobres –esos que según el discurso del difunto líder ya habían abandonado la pobreza–, se han rebelado en contra de lo que consideran un gobierno populista, de excesos, que poco o nada bueno está aportando a la economía nacional. Al contrario, ven derrumbarse la economía nacional.
 
Ahora en Venezuela, las contrariedades políticas entre ambos grupos están fomentando el odio político entre compatriotas. El país está cayendo en una trampa mortal.
 
Los seguidores de ambos bandos se están viendo como enemigos y no como adversarios políticos. La sociedad se está polarizando hasta el asesinato.
 
Un país partido por la mitad, como es el caso de Venezuela, con facilidad puede llegar a la guerra fratricida. Una matanza entre hermanos.
 
No se podría predecir el tiempo que los venezolanos permanezcan en esa situación, pero lo que sí está a la vista, es que la descomposición social y política está cada día más cerca.
 
Sin embargo, entre la espesa nube de incertidumbre política, se puede apreciar claramente que mientras Maduro perdió ganando, Capriles ganó perdiendo.

Durante las campañas, Nicolás contó con todo el apoyo de los medios de comunicación venezolanos que se encuentran bajo el control del gobierno nacional. Por cada cien menciones del chavista, Henrique Capriles solo tuvo acceso a una. En la boleta electoral que los votantes tuvieron en sus manos para depositar en las urnas, la foto de Nicolás Maduro apareció catorce veces, mientras que la de su opositor, sólo una.
 
Evidentemente fue una contienda inequitativa. Fue una elección de estado.

La insistencia de Capriles y sus seguidores a contar voto por voto, obedece a que saben del fraude aunque no cuentan con pruebas. Tienen la certeza que las computadoras donde no hubo supervisión de la oposición, fueron manipuladas. Estiman que si no se hubiera orquestado el fraude, Capriles Radonsky hubiera triunfado por una diferencia mayor al medio millón de votos.
 
El presidente venezolano y su gabinete, entre sus mismos compatriotas están enarbolando el encono para alcanzar el posicionamiento perdido. Están convirtiéndose en un peligro para la gente. Están en el camino equivocado.
 
Los chavistas tienen un concepto por demás relativo de la democracia. Como la interpretan ellos, pareciera más un pretexto para avasallar y amenazar a ciudadanos que votaron por otra opción política, que un concepto para unir y articular el mejor proyecto de nación con el consenso de las mayorías.
 
El camino por recorrer será largo y sinuoso, pero los venezolanos tendrán que hacerlo con determinación y valentía.
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