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Mutatis mutandis

Rafael Arias Hern?ndez 26/09/2012

alcalorpolitico.com

EL PODER DEL OLVIDO, LA AMNESIA Y LA DISTRACCIÓN.

A diario, las batallas se trasladan a la capacidad de recordar, de tener presente que no debe haber crimen sin castigo. Sin memoria, la condena es repetir la historia. ¿Qué hacer con la iniciativa anticorrupción, planteada por el que será, el titular del próximo gobierno mexicano? ¿Simular que no hay corrupción, ni delincuencia?

Como ayer y siempre, se apuesta, a que en unos días, máximo en unas semanas, el tema sea sustituido; y a que, como en el clavo, un escándalo saque a otro; y, desde luego, se apuesta al olvido, a la amnesia e ineficiencia gubernamental, al desinterés social y a la indiferencia ciudadana. Sin duda, los medios de comunicación, tienen mucho que ver al respecto.

La fuerza de la retórica predomina y la autopromoción, “el no pasa nada y todo va bien”, sustituye a la objetividad y a lo importante. En todo caso, ahí están los recursos tanto de la negación como del olvido; y también los de la distracción, el entretenimiento y la desviación del interés público, hasta extinguirlo, apagarlo o reducirlo a su mínima expresión. Se olvida que sin participación social, no hay legitimación gubernamental.

Presentes y actuantes, las innumerables cortinas de humo, el repetido mensaje oficial de resaltar lo superfluo y falto de importancia, para desviar la atención y alentar la pasividad y el desinterés. Conocidos y repetidos juegos de manos y de villanos.

Y desde luego, ahí esta la caridad gubernamental, convertida en clientelismo, promoción de imagen personal y supuesto apoyo (cuando se da y no se quedan con él) con fines de manipulación social y política.

Innumerables programas de desarrollo social, actividades y acciones de asistencia y apoyo comunitario, que fácilmente se convierten en negligencias, ineficiencias, complicidades y conductas delincuenciales gubernamentales. A rio revuelto ganancia de salvadores y damnificadores.

En todo México, demasiada presión para sobrevivir día a día, hace que la inmensa mayoría de la población no se ocupe o atienda poco, los orígenes, las causas y los causantes de los grandes problemas y males que le afectan. El olvido, la distracción y la minimización de lo importante contribuyen a esta burda cultura de enajenación y dominación.

Y ahí van los millones y millones de mexicanos del desempleo y subempleo; de la informalidad, a la contratación con micro salarios de risa y prestaciones ausentes. De la pobreza creciente, a la anunciada crisis alimentaria; de los altos costos de la canasta básica, a la falta de huevos. De la ley laboral renovada a favor de los mismos, a la eternamente aplicada “ley de Herodes” en perjuicio de todos.

Festín inagotable para “los salvadores del pueblo” y los empresarios de la damnificación”, nada como repartir sin supervisión, transparencia e información, para saber quiénes son los beneficiados, dónde se ubican y la justificación del apoyo supuesta o realmente otorgado. ¿Y los padrones de beneficiarios? Bien, gracias.

Así mientras los mexicanos se ocupan en obtener lo mínimo para sobrevivir, la delincuencia gubernamental avanza, o sostiene sus privilegios y ventajas alcanzadas.

Una y otra vez se puede comprobar, que delincuencia que no se combate y castiga, se vuelve precedente, que tarde o temprano se convierte en símbolo, en ejemplo a seguir. Se puede comprobar también que la inseguridad y la injusticia tienen diversas fuentes y se manifiestan de muchas formas incluso, hasta convertirse, en sistema o costumbre.

Lección repetida en todas partes del mundo y que la Historia consigna hasta el cansancio. Crimen e impunidad son simplemente componentes de la fórmula ideal, para que otro, otros y muchos más delincuentes conviertan a la sociedad en su coto de caza; y, al gobierno, en su fuente de protección y hasta en su espacio de negocios, sobre todo ilegales. Otra de las muchas formas, con las que la inseguridad y la delincuencia se fortalecen.

Hasta que la ciudadanía y la sociedad en general, toman la iniciativa de combatirlos y erradicarlos. Y, desde luego, a reconocer a los pocos, a los contados servidores públicos que en verdad respetan y hacen respetar la ley, y ofrecen buenos resultados.

VOLUNTAD DE SER Y DE HACER.

Necesario actualizar y modernizar leyes e instituciones. Urgente reformar y fortalecer al poder judicial y a todos los servicios gubernamentales de seguridad, procuración y administración de justicia, y readaptación. Pero sobre todo, es preciso que se aplique la norma y se amplié la capacidad de previsión y la velocidad de atención y respuesta gubernamental. Simple voluntad política de hacer y no de simular; efectivo y notorio compromiso social de los medios de comunicación; y un deber insoslayable de todos.

La ley ni tarde ni ausente. Ni a medias, ni a gusto y a comodidad del delincuente. La indiferencia y el disimulo sólo aumentan y complican injustamente los problemas. Letra de la ley, sin la acción ni voluntad política de aplicarla, es parte del fingimiento, el disimulo y la falsedad.

Todos estos temas son cuestiones públicas, asuntos prioritarios que importan al ciudadano y a la sociedad en general. Sus gobernantes y representantes son servidores públicos, no jefes de territorio, ni dueños de franquicia para la impunidad. Ni concesionaros de la representación y el poder público; ni beneficiarios de los recursos y las atribuciones de las instituciones gubernamentales. Simples servidores que deben servir y no servirse.

Todos sin excepción están obligados a cumplir y hacer cumplir la ley; a ofrecer resultados positivos y no pretextos; y a rendir cuentas para ser evaluados, apoyados y reconocidos, o señalados y despedidos. Incluso procesados y sancionados, según su responsabilidad y culpa comprobadas.

Y hay que repetirlo, son asuntos públicos que no pueden estar sólo en manos de servidores públicos de todos los niveles y grados.

Es más, son tan importantes que no puede ser sólo asunto de los gobernantes. Importan a la sociedad y al ciudadano. Incumben a todos y todos estamos obligados a participar y a contribuir en su atención y solución. Es un asunto que rebasa a policías, ministerios públicos, jueces y sistemas de readaptación. Va mas allá de auditores, supervisores y fiscalizadores.

El crimen, el delito afecta demasiado el presente y condiciona o cancela el futuro; y pesar de todo, todavía hay quienes sostienen que no afecta al gobierno, ni al sistema en su estabilidad y paz social.

Están equivocados, ya que en muchos lugares, gracias a la irresponsabilidad gubernamental, el delito es alentado por corrupción, complicidad e impunidad. No hay un lugar del país, en donde no se hable del asunto.

Los responsables, en general, no han hecho lo que deberían hacer. De ahí el inocultable reclamo social que se hace presente y que ahora, su atención puede empezar a tomar forma, con las iniciativas de anticorrupción, transparencia y rendición de cuentas, propuestas por el presidente electo Enrique Peña Nieto y que afectan a los tres órdenes de gobierno.

Ante una sociedad indignada y movilizada, no queda otra que reconocer los alcances de los limitados resultados y la necesidad de redoblar y fortalecer el esfuerzo conjunto.

Previsión, anticipación, capacidad de respuesta, supervisión, evaluación y fiscalización son el reto.
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