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No dar por hecho las cosas

19/09/2019

alcalorpolitico.com

El mes de junio pasado se celebraron los foros para la reforma electoral y del Estado en la Cámara de Diputados, dicho ejercicio constituyó la simulación de una acción de gobierno abierto, pues nunca se difundió una convocatoria a la sociedad civil, no se explicó la metodología, el formato y menos aún si se elaboraría algún tipo de diagnóstico o cuando menos una memoria de las ponencias y opiniones que ahí se expresaron. Vamos, aunque se transmitió a través del Canal del Congreso, se celebró a puertas cerradas.
 
Dicho ejercicio se pensó desde su inicio como un “enjuague” de apertura institucional para escuchar a “todas las voces”; así, la selección de los participantes tuvo un sesgo evidente de personajes alineados a la iniciativa de clausurar a los Organismos Públicos Locales Electorales, por tanto, los foros, a los que si bien se invitó a notables académicos, expertos, así como algunos consejeros electorales que, razón en mano pugnaron por la autonomía y necesidad de fortalecer a los órganos electorales en los estados; más bien sirvió de escaparate al oportunismo y se constituyó en una pasarela para quienes aspiran a ser los ungidos para integrar el nuevo órgano electoral, desde luego, siempre que prospere la anunciada reforma electoral.
 
Así, con dichos foros, los autores de la iniciativa reformadora del orden constitucional en materia electoral, pretendieron dotar de legitimidad a una determinación ya tomada y cuya ejecución es inminente: Desmantelar a las instituciones electorales para hacerlas más baratas. Ni más ni menos.
 
Dicha reingeniería electoral, como eufemísticamente se le ha denominado pone en riesgo la consolidación de la democracia mexicana aun en desarrollo. Quienes defienden la iniciativa argumentan que a raíz de las transiciones democráticas (en el ámbito federal) de 2000, 2012 y la última de 2018 dan cuenta de una democracia consolidada. Nada más errado que ello.
 
Si bien el cambio del partido gobernante en tres ocasiones es la resultante de una participación ciudadana cada vez mayor, que se ha articulado a través de la implementación de un sistema electoral abierto, seguro y confiable, que ha entregado gobiernos y órganos de representación que gozan de una sana legitimidad y un amplio reconocimiento social; ello tan sólo representa una dimensión de la democracia, en efecto, en México contamos con una democracia formal consolidada, es decir, contamos con reglas e instituciones sólidas que han permitido catalizar la voluntad popular; no obstante, quedan asignaturas pendientes.
 
Está pendiente la consolidación de la democracia, así sin adjetivos, o como lo ha señalado Lorenzo Córdoba en diversas ponencias, nuestro país requiere transitar de la democracia formal hacia una democracia sustancial, en la cual, la ciudadanía decida su voto de manera verdaderamente informada, pero, además, que participe en las decisiones de interés comunitario, y más importante aún, que vigilante de manera activa, exija la rendición de cuentas a gobernantes y representantes populares.
 
La construcción de ciudadanía y la promoción de la cultura democrática es una asignatura pendiente, aún estamos lejos de ser la ciudadanía ideal, para ello es necesario que todos y cada uno de nosotros practiquemos día a día valores democráticos como: Igualdad, respeto, tolerancia, inclusión, entre otros.
 
La función obvia de los organismos electorales es la articulación de los procesos electorales; sin embargo se soslaya el trabajo que de manera permanente se realiza en ellos, como son: La capacitación y profesionalización de sus servidores públicos, la preparación de los procesos electorales, el análisis, diagnóstico y la consecuente adaptación normativa, que se inscribe en un proceso de mejora continua; así como la construcción de ciudadanía y promoción de la cultura democrática, que constituyen actividades sustanciales que justifican el carácter permanente de las instituciones electorales.
 
Permanencia, Imparcialidad e Independencia fueron los principios fundamentales sobre los que se construyó el sistema electoral vigente. Contar con organismos especializados, de carácter permanente asegura la imparcialidad e independencia en la realización de las elecciones; hoy, más allá de la rumorología, contamos con instituciones electorales profesionales y asépticas.
 
Desmantelar el sistema electoral vigente, desaparecer a los OPLEs en los estados, tal y como se pretende, para que sea un órgano político (Cámara de Diputados) quien designe a consejeros electorales nacionales e integrantes de los órganos delegacionales en los estados, comprometerá de manera trascendente la realización de los principios de independencia e imparcialidad.
 
El mayor y más valioso insumo que actualmente entregan los organismos electorales es sin duda alguna la paz social, y es que la articulación de las reglas vigentes ha permitido además de transiciones democráticas a nivel federal y en las entidades federativas, ha entregado gobiernos y órganos de representación legítimos, con un amplio reconocimiento social. Quienes ganan las elecciones lo hacen siempre con la mayoría de votos y quienes pierden tienen la certeza de haber sido derrotados en un juego justo y en una cancha pareja.
 
Esta resultante hoy todos la damos por hecho, sin embargo, pende de una frágil disposición de las cosas, así, tal cual y como ocurre cuando abrimos el grifo del agua y de él no sale nada, se produce en nosotros una evidente incomodidad, que genera una serie de inconvenientes de los cuales no somos conscientes en lo cotidiano, pues son cosas que damos por hecho día a día. Cerrar la llave a las instituciones democráticas a la postre nos traerá muchos dolores de cabeza.
 
La reforma electoral que se impulsa desde la Cámara de Diputados, además de innecesaria, constituye una involución en el sistema electoral mexicano; que no sorprenda que aprovechando “el ride” se proponga dotar de voto a las representaciones de los partidos políticos, y pues de una vez, que la presidencia del órgano electoral recaiga en quien ostente la Secretaría de Gobernación.
 
Esta reflexión que hoy comparto fue motivada por la plática que sostuve el día de ayer con un buen amigo que sufrió una caída en Chicontepec Veracruz, lugar donde recibió atención hospitalaria a medias, pues por increíble que parezca, no cuentan con equipo de rayos “X”, algo que damos por hecho deben de tener en cualquier hospital. Pues no, y carecer de algo tan elemental genera muchos inconvenientes.
 
Por eso se debe reflexionar y debatir necesariamente una reforma electoral partiendo de la premisa de los ahorros. Cuando un enfermo de diabetes que es insulino dependiente decide “gastar menos” en insulina y reduce su dosis, evidentemente no está ahorrando, todo lo contrario.
 
Gilberto Salazar
 
18/09/2019
 
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