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Pedro le da claridad y María caridad a nuestra fe

Pbro. Jos Juan Snchez Jcome 09/12/2019

alcalorpolitico.com

Es inagotable el tema de la fe. Los santos y los grandes teólogos han venido clarificando y desentrañando una realidad que de suyo no se puede agotar. Por la vía negativa, alcanzamos a señalar qué es y qué cosa no es la fe, pero en sí misma la dinámica de la fe rebasa las formas que hemos concebido para penetrar en su misterio.
 
Eso venía meditando al ver todas las manifestaciones de cariño del pueblo de México por la Morenita del Tepeyac, al constatar una vez más cómo se expresan las emociones y cómo se desbordan los sentimientos más profundos de la fe.
 
No cito todo lo que se ve y se vive en estas jornadas guadalupanas, pero me bastó contemplar en peregrinación por las carreteras y las calles de México a miles de hermanos soportando las bajas temperaturas de las últimas semanas, para cuestionarme en lo más profundo, para no mantenerme indiferente y para no poner freno a tantas emociones que esta mujer vestida de Sol nos hace probar, especialmente en estos días.
 
No se trata, por eso, simplemente de una imagen o en el mejor de los casos de una devoción. María Santísima es mucho más que eso, es una presencia que enternece el alma, es un misterio que nos envuelve y es una realidad que nos acerca de manera más íntima a Dios.
 
El gran teólogo suizo Hans Urs von Balthasar decía que Dios nos ha dado dos pilares para mantenernos fieles al evangelio, uno es Pedro y el otro es María. Siguiendo este razonamiento, yo utilizo otra imagen para comentar que la fe respira con dos grandes pulmones: el pulmón de Pedro y el pulmón de María.
 
La fe respira con el pulmón de Pedro, ya que la fe no es una ocurrencia ni simple corazonada. La fe no comenzó ayer ni antier con el sueño de alguna persona o con el impulso de algún iluminado. La fe se remonta a Pedro y al testimonio de los apóstoles que conocieron y convivieron con Jesús y al que testimoniaron no solamente con palabras sino con la entrega de su propia vida.
 
Por eso, la fe no puede ser cualquier cosa que se proponga como vida espiritual. Pedro y el colegio apostólico le dan claridad y fundamento a nuestra fe, ofreciendo el servicio de custodiarla y preservarla de cualquier reduccionismo y desviación.
 
Pero también la fe respira por el pulmón de María. Si Pedro le da claridad, María le da caridad a nuestra fe. La fe se vive en el encuentro y en la cercanía con los más necesitados, como testimonia precisamente el acontecimiento guadalupano.
 
La fe también es el secreto de la alegría de tantos hermanos que, a pesar de sus sufrimientos, en María Santísima han logrado experimentar el amor y la misericordia de Dios.
 
Respirar la fe por el pulmón de María significa, por tanto, llenar todos esos vacíos que hay en nuestro corazón con el amor y la misericordia de Dios. Recuerdo a este respecto el testimonio de Juan Pablo II que desde su niñez tuvo una cercanía muy especial con María Santísima, cuando después de la muerte de su madre, su padre le dijo delante de una imagen de la Virgen María: “De ahora en adelante tu madre será la Virgen María”.
 
A pesar de tanto sufrimiento por perder desde muy pequeño a su familia y por padecer las consecuencias de la guerra, no lo conocimos como una persona melancólica y pesimista. Se convirtió en el Papa misionero y en el Papa de la sonrisa, porque ese vacío que había en su corazón lo llenó con la presencia de María Santísima.
 
A diferencia de este testimonio, algunos hermanos se la pasan quejándose de la niñez que tuvieron, de la historia que vivieron, de los padres que les tocó, de la familia en la que crecieron y de las experiencias traumáticas que marcaron su vida. Así que esos vacíos los llenan con más amargura, con más odio, resentimientos, envidias y remordimientos.
 
Cuando respiramos la fe con los dos pulmones, podemos llegar más lejos y la fe nos alcanza para superar las situaciones más difíciles. Cuando respiramos con los dos pulmones, la fe le puede devolver la salud al cuerpo y al alma, a pesar de las historias que nos hayan marcado en la vida.
 
Respirar la fe con estos dos pulmones es llenarnos de vida, esperanza y alegría. Viendo todo lo que le aporta a nuestra fe y lo que le permite experimentar al pueblo de México compartimos lo que de decía von Balthasar: “María es ‘reina de los apóstoles’, sin pretender por sí los poderes apostólicos. Ella tiene otros y mayores”.
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