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En Poza Rica

Para festejar este Día del Niño en su escuela, debe cooperar 100 pesos; no tiene recursos

- El niño José Roberto con esta cuota podrá disfrutar de un platillo, pastel y dulces
- Lo que su familia gana económicamente es insuficiente hasta para comprar zapatos
- Lo único que quiere es que algún día su mamá le compre un carrito de control remoto

Lidia L?pez Poza Rica, Ver. 30/04/2013

alcalorpolitico.com

Para poder celebrar el Día del Niño, José Roberto debe pagar en su escuela cien pesos de cooperación y así disfrutar de un platillo, pastel y dulces; pero en la humildad de su hogar, en la colonia Emiliano Zapata, su único deseo es que algún día su mamá le compre un carrito de control remoto, ese sería el mejor regalo para así festejar su infancia.
 
A sus nueve años de edad, la vida es alegría pese a la condición humilde en la que subsiste junto a sus cuatro hermanos, su madre y su padrastro, en la colonia Emiliano Zapata, localizada en las afueras de esta ciudad petrolera y donde la pobreza prolifera en su esplendor.
 
En todo momento, lo que se adquiere es bajo el esfuerzo económico. Su madre, Eva, trabaja “en lo que sea”, lavar o planchar ropa ajena, ofrece sus servicios por doquier, pero no siempre le contratan porque como madre de familia, debe hacerse cargo del hogar.
 
Lo que se gana en esta familia, es insuficiente, económicamente. Eva no forma parte de ningún apoyo de asistencia social, sea federal, estatal o municipal. Lamenta que no puede cubrir los gastos secundarios, así como José Roberto, todos sus hijos en edades de 16, 15, 13 y 12 años carecen de calzado y “resisten” las pisadas con zapatos de segunda y hasta tercera mano.
 
En el campo deportivo de la colonia Libertad, José Roberto esperó a su mamá. Apoyado sobre una llanta abandonada, la misma que utilizó como juguete y poder entretenerse durante el camino.
 
Su mirada fija, pero su mente viajó muy lejos. En los momentos que su imaginación volaba, José Roberto sólo tiene un sueño permanente, un carro de control remoto, es el regalo ideal que su madre le podría dar. –¿Pero de dónde lo agarro?– expresó con melancolía la madre.
 
José Roberto sólo tiene un juguete, un carro de volteo. Es el único de su propiedad, con él comparte los momentos de diversión con sus amigos o con sus hermanos.
 
“Es lo único que quiero, sólo jugar con mis carritos”, para José Roberto eso es más importante que pagar cien pesos en su escuela, todo por celebrar el “Día del Niño” y tener derecho a comida, refresco y dulces.
 
Es un niño travieso, le describió su madre, una mujer robusta, de baja estatura, que pese a su juventud ya enfrenta problemas de salud. No tiene ese dinero para pagar, pero precisamente en este “Día del Niño” es que hablará con su maestra para pedirle que le permita entrar a la escuela y pueda convivir con sus compañeros y compañeras de clases.
 
Las cuotas para apoyar la infraestructura en las instituciones educativas aparentemente son voluntarias, los maestros y las maestras justifican que el apoyo gubernamental es insuficiente y deben padres y madres de familia aportar por el bien de la educación de sus hijos e hijas.
 
Lo que está fuera del orden reglamentario, son las aportaciones para convivencias o celebraciones durante el ciclo escolar, en la cual cualquier padre o madre de familia puede abstenerse. Sin embargo en el “Día del Niño”, para los adultos debiera ser comprensible que son ellos, niños y niñas los festejados y resulta todo lo contrario.
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