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Casas Carpin

Sección: Vía Correo Electrónico

Pide a Pablo Anaya poner atención a tratamientos de mujeres con cáncer cervicouterino

Reporta que una doctora prácticamente la torturó y ni siquiera contaba con la especialidad de ginecobstetricia

15/08/2012

alcalorpolitico.com

Estimado Director:

Le solicito de la manera más atenta que publique en su periódico la siguiente nota sobre una negligencia médica a la cual fui sometida por una doctora de Coatepec, Veracruz en junio del presente año, debido a una situación de salud que le expongo en la carta a continuación y en el archivo adjunto. Por mi seguridad no menciono el nombre de la doctora que me atendió, pero creo que es importante difundir este tipo de situaciones entre la población en general, para empezar a cambiar las cosas a nivel de sanidad en nuestro Estado y en el país. No es posible que haya tantos casos de negligencia médica, muchos de los cuales han llevado a la muerte de los pacientes y no se haya una respuesta certera por parte de la Secretaría de Salud ni a nivel de las leyes que protegen a los pacientes.

Sin más por el momento, le agradezco enormemente su atención a este mail y espero su respuesta.

A la atención del doctor Pablo Anaya Rivera
Secretario de Salud del Estado de Veracruz
A la ciudadanía xalapeña en general.
¿Tratamiento médico o tortura?

Me diagnosticaron una displasia grave en el cuello del útero causada por el Virus del Papiloma Humano. Decidí consultar con otros médicos antes de intervenirme con electrocirugía como me recomendó mi ginecólogo de ese momento. Así fue que consulté a una ‘ginecóloga’ que además hacía homeopatía y experta en virus de papiloma. Ella me aseguró que la displasia había sido causada por un virus de papiloma humano tipo 14 ó 16, que había sido contagiada hace 5 años y que si no me operaba lo más pronto posible con electrocirugía (de forma ambulatoria en su consultorio de Coatepec) tendría cáncer en el cuello del útero.

También me dijo que el virus del papiloma humano se curaba en gente que tenía dinero, no en las mujeres de zonas rurales donde ella trabajaba (sobre todo en la región de Los Tuxtlas), donde era muy frecuente por la desinformación sobre el virus. Sin embargo, ella recomendaba la electrocirugía sólo en casos como el mío, pues no dejaba de ser una técnica invasiva con fuertes repercusiones psicológicas. Acepté y me realizó la microcirugía el 12 de junio de 2012; sin embargo, no me imaginé que iba a ser víctima de una negligencia médica por las razones que expongo a continuación:

1. Sus indicaciones preoperatorias fueron: el analgésico que debía tomarme antes de la cirugía, la ropa que debía llevar (holgada o falda), que fuera acompañada y que me pondría anestesia local en el cuello del útero con lo cual estaría consciente durante toda la intervención.

2. En ningún momento me mandó a hacer análisis preoperatorios que creo son necesarios para cualquier cirugía aunque sea ambulatoria.

3. No me explicó en ningún momento las posibles contraindicaciones o peligros que tenía la electrocirugía y a la fecha, no está claro si el tamaño de la zona quemada fue el adecuado o si quemó de más, lo cual, según otro ginecólogo al que acudí para las revisiones postoperatorias, podía tener repercusiones en el momento en que quiera embarazarme, pues era posible que mi cuello no tenga la capacidad de aguantar el peso del feto.

4. Le parecía irrelevante antes y después de la electrocirugía tipificar el virus.

5. Durante el procedimiento tuvo actitudes y juicios antiéticos que me prepararon psicológicamente para que fuera “un gran trauma” como ella misma había anunciado minutos antes de la intervención.

6. No me puso la cantidad de anestesia necesaria para el procedimiento que iba a realizar, causándome mucho dolor físico durante la intervención (cuando le pedí que me pusiera más, en un inicio se negó a hacerlo, después su enfermera dijo que no encontraba más y cuando encontraron sólo me puso media dosis).

7. No aceptó sedarme aunque caí en un ataque de pánico por el olor a carne quemada y el dolor anterior; según ella porque “era mejor no depender de los fármacos y controlarse por medio de respiración”.

8. Debido a la tortura psicológica y física por la que pasé durante la intervención, el diagnóstico de mi psicoterapeuta es que ésta equivale a una violación.

Por todo lo anterior, después de la intervención, acudí con mi psicoterapeuta quien me comentó que la doctora que me había intervenido no es ginecóloga sino técnica en colposcopía y tampoco es homeópata pues no tiene cursos que la certifiquen.

Ante la sorpresa consulté su número de cédula profesional en el Registro Nacional de Profesionistas y efectivamente no tiene la especialidad de ginecobstetricia, como ella misma especificó en el informe médico que llenó para mi aseguradora, sino que es únicamente médico cirujano. Sin embargo, sé que en México desafortunadamente, como médico general pueden llevar a cabo este tipo de intervenciones y no hay leyes que protejan a los pacientes ante estas situaciones.

Investigando un poco más por Internet he visto que la doctora efectivamente figura como ginecóloga en la Jurisdicción Sanitaria núm. V y en la Clínica de Displasias del Centro Estatal de Cancerología doctor “Miguel Dorantes Mesa” (CECAN), de la Secretaría de Salud en Xalapa, (Veracruz), pero ¡no es ginecóloga, no tiene esa especialidad!, al menos no con el número de cédula con el que está ejerciendo, así que me viene otra pregunta, ¿cómo es posible que la misma Secretaría de Salud de Veracruz avale a médicos que realmente no tienen esa especialidad y también avalen sus técnicas de intervención-tortura con los pacientes?, ante esto no me sorprende, pero me indigna, la nota en el periódico del sábado 4 de agosto de 2012 (La Jornada Veracruz) donde el 40% de las muertes se dan por negligencia médica.

Ante lo sucedido investigué la forma de demandarla y quitarle su cédula profesional, ya no por mí, sino por el daño que le está haciendo a las señoras de las comunidades rurales donde ejerce y el trato que les da en las cirugías, el cual ya experimenté; sin embargo, el sistema legal de México no está a favor del paciente y sería un proceso largo y caro, en el cual yo tendría que exponerme a médicos que determinen que lo que me hizo fue incorrecto y no estoy dispuesta a ello; pero sí estoy dispuesta a difundir por todos los medios a mi alcance lo que me sucedió con esta doctora para evitar que las mujeres con un diagnóstico como el mío tengan mi desafortunada experiencia.

Investigando un poco más en la página del SESVER, me encontré con una Comunicación Social de este organismo en el cual, el 2 de diciembre de 2011 el secretario de Salud de Veracruz, Pablo Anaya, al comparecer ante el Congreso del Estado con motivo del Primer Informe de Gobierno informó de las siguientes cifras:

“Se efectuaron 112 mil pruebas de papanicolaou y 48 mil estudios para detección del VPH. En hospitales que cuentan con clínica de colposcopía se atendieron seis mil 623 mujeres, diagnosticándose cáncer a 153 a quienes se otorgó tratamiento gratuito a través del Régimen Estatal de Protección de Seguridad en Salud” (en Comunicación Social SESVER, 6-marzo-2012), pero me atrevo a preguntarle al secretario de Salud, Pablo Anaya de la forma más atenta, ¿a cuántas de las mujeres a las que se les diagnosticó cáncer cervicouterino o virus del papiloma humano, se les dio un seguimiento en el tratamiento que recibieron para saber si hubo un tratamiento ético por parte de los médicos tratantes o también se convirtió en una tortura para ellas?.

Sé que el maltrato a los pacientes, psicológico sobre todo, es una práctica común entre los médicos en hospitales públicos y privados, desafortunadamente se vuelven muy insensibles al dolor ajeno, pero no puede ser y ¡me indigna enormemente que también se vuelvan torturadores de los pacientes!

Saludos cordiales, Rosalía Fernández Tarrío
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