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Espacio Ciudadano

Por favor, hechos no palabras

Jorge E. Lara de la Fraga 15/04/2014

alcalorpolitico.com

“Es fácil hablar claro cuando no va a decirse toda la verdad…” R. Tagore.

Es período de reflexión y estoy de buen humor, por ello quisiera creer todo lo que se dice en cuanto al bienestar y al progreso de nuestra Entidad. Casi cada día amanezco con buenas noticias oficiales; escucho por la radio o leo en los periódicos que Veracruz es un centro turístico de gran demanda, que la seguridad pública es un hecho evidente y que los ilícitos están a la baja, que la producción agrícola-pecuaria ha repuntado y que ante unas finanzas consistentes florecen las fuentes de empleo. No se quedan “las cuentas alegres” en esos renglones, sino también se escuchan declaraciones que ponderan avances importantes en los renglones educativos, en salud pública y en servicios a las comunidades rurales, sin dejar de mencionar que –según los decires- en nuestra patria chica se preservan los recursos de la naturaleza, se sanciona a los depredadores y se efectúa un consistente esfuerzo para concientizar a la población en un afán de cuidar su hábitat. En ese mismo tenor podría seguir adicionando “otras fantasías” que chocan o se estrellan contra una realidad cruda bastante diferente a la bosquejada por nuestros “servidores públicos”.
 
Todavía sin enojarme ante tanta falsedad, quisiera aprovechar esta oportunidad para externarle al Señor Gobernador, a sus colaboradores y a los miembros del Poder Legislativo, que midan bien sus palabras y procedan con seriedad, en forma responsable; que en verdad laboren más y mejor y declaren menos. Es pertinente que entiendan que la ciudadanía veracruzana amerita respeto e informes fidedignos de la problemática circundante. Es preferible conocer los problemas y dificultades económicas, así como los rezagos y deudas, que vivir en el engaño o en una patraña que se esfuma como una pompa de jabón. Ya estamos bastante grandecitos para estarnos creyendo de manera ilusa que Veracruz goza de cabal salud y que nos movemos en un campo de la plena transparencia, donde nada está oculto y donde supuestamente podemos hallar información objetiva de las cuestiones institucionales. En mi posición ciudadana sólo demando al gobierno estatal congruencia entre el decir y el hacer, eficiencia en el desempeño público, honradez en el manejo de los recursos y sensibilidad de servicio a los sectores más desprotegidos. En otras palabras, más nueces y frutos que ruidos carnavalescos. 
 
Un colega me indicaba que no me enojara en vano ante las barbaridades que se cometen, que me preparara psicológicamente para entender que las declaraciones oficiales hay que asimilarlas al revés. En ese tenor, por ejemplo, si los titulares informativos pregonan que la entidad veracruzana goza de cabal salud en el rubro financiero, que el área educativa está bien atendida en todos los niveles, que todo marcha debidamente en derredor de un plan general de acción, que el IPE se desenvuelve viento en popa, que la seguridad pública es ejemplar y nuestro estado es líder en dicha materia, que la libertad de expresión refulge a plenitud, así como que el campo está bien organizado para la producción. La lectura correcta de esas “marquesinas” o de esas 8 columnas habrá que entenderlas así: en nuestra sufrida patria chica subsisten las deudas financieras y existen obras inconclusas; hay índices bajos en el área pedagógica tanto en la educación básica como en la educación media básica; hay indicios de que se carece de un proyecto estatal de desarrollo y se procede en medio de un rompecabezas; el instituto pensionario está en crisis; la ciudadanía jarocha vive un clima de inseguridad progresivo; la prensa en buena proporción se subordina a las disposiciones gubernamentales y el agro está en la orfandad, carente de programas agrícolas y pecuarios.
 
Una cuestión elemental que no debería olvidar nunca una persona dedicada a la función pública es que el poder se termina, que no es para siempre; que los políticos que trascienden son aquellos entregados al servicio, seres honorables y comprometidos con los demás, ofrendadores genuinos de obras necesarias y de programas humanísticos. Que hay múltiples elementos de ocasión, muy populares y adorados en su tiempo, pero después arrinconados merecidamente en el desván de los malos recuerdos por sus fechorías comprobadas. Considero de antemano que el presente comentario no les va a agradar a varios y hasta es probable una advertencia por “mis impertinencias”, pero ni modo hay que arriesgarse a decir lo que uno piensa. Además no creo cometer algo infame si señalo con sinceridad las fallas que observo, toda vez que es preferible que los gobernantes sepan de esas preocupaciones para que busquen pronto soluciones y encuentren respuestas ágiles a las necesidades de la sociedad.
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