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Sursum Corda

Que las cosas materiales no suplan la gracia de donarnos a nosotros mismos

Pbro. Jos Juan Snchez Jcome 23/12/2019

alcalorpolitico.com

Llegamos con tanta esperanza de encontrarnos con una palabra que tenga el poder de penetrar el alma. El corazón muchas veces nos regresa a la Iglesia y a la familia después de haber tocado tantas puertas de manera infructuosa. Es como si en el fondo reconociéramos que nunca nos tuvimos que haber ido, que aquí estaba la paz que perdimos, que este es nuestro hogar aunque hayamos huido.
 
En esas circunstancias, regresamos a casa con el deseo de ser escuchados y de recibir la palabra exacta para la soledad y el vacío que experimentamos. De repente, como sucede en estos días de Navidad, aparece la genealogía de Jesús en el evangelio de San Mateo, que abunda en nombres de mujeres y hombres.
 
Ante la urgente necesidad que tenemos de Dios y del calor de nuestra Santa Madre Iglesia, cuesta digerir en esa circunstancia una palabra como ésta. ¿Cómo me puede sanar esta palabra? ¿De qué manera me puede dar el consuelo que tanto vengo a buscar? ¿Cómo calma mis ansias de ser amado, escuchado y acogido una palabra que se explaya en una lista interminable de nombres?
 
Mientras nos planteamos estas preguntas, que retrasan la gracia que queremos alcanzar, llega de repente la luz. Al sentir una palabra como ésta de manera impersonal y al margen de nuestro contexto existencial marcado por la necesidad de ser acogidos, vamos experimentando las formas tan especiales que Dios tiene para acercarnos a su Sagrado Corazón.
 
No es un texto como tanto otros que están en la Biblia, donde se destacan inmediatamente las palabras de ánimo, de cariño, de consuelo y de paz. Esta parece más bien un elenco de nombres y un repaso de historia.
 
Pero llega el consuelo, llega la paz y descubrimos que es la palabra que nos salva, es la palabra que nos conviene, es la palabra que estábamos necesitando exactamente en este momento de indefensión.
 
Muchas personas tienen un concepto puritano de Dios. Piensan cómo puede Dios estar en la Iglesia si hay tantos pecadores. Cómo puede Dios manifestarse entre tanta gente conocida por sus errores y pecados.
 
Este mismo concepto puritano lo aplicamos a la Biblia. Cómo puede ser esto palabra de Dios si se habla de asesinatos, muerte, guerras y destrucción. Por lo menos este planteamiento puritano lo llegan a plantear varios escritores, que de esta forma expresan su indignación y rechazo a considerarla palabra de Dios.
 
Es palabra de Dios porque Dios va en serio, la encarnación va en serio. Dios puede estar aquí y se puede manifestar a nosotros porque va en serio. Dios no espera a que seamos mejores para darse a conocer, no se espera a que la humanidad cambie para manifestarse.
 
Si Dios procediera así, como nosotros procedemos, se acabaría el mundo. Nosotros esperamos que el otro cambie para cambiar, que el otro tome la iniciativa, que el otro se lo merezca, que el otro venga a pedirme perdón, etcétera. Pero cuesta que ésto suceda, por eso el mal en el mundo crece.
 
Jesús, como todos nosotros, no parte de cero sino que trae ya tras de sí toda una historia. Dios realiza su salvación con gente real, imperfecta, muchas veces mezquina. El Hijo de Dios, al venir a este mundo, asume también un pasado familiar. En este caso aparecen pecados como el homicidio (David), la idolatría (Salomón) o la prostitución (Rahab). Y junto con ello, hay momentos de gracia y de fidelidad a Dios y sobre todo la presencia de José y María.
 
El Señor asume la historia de la humanidad y toma sobre sus hombros nuestra realidad: las cosas buenas para llevarlas a plenitud, las cosas malas para perdonarlas, las esperanzas para llevarlas a cumplimiento.
 
De esta forma, una palabra que sentía impersonal, me va llevando a la paz y la alegría. Dios sabe cómo hacer las cosas y de qué forma llegar a regenerarnos. Qué prodigio tan grande el de Dios que por medio de la encarnación de su Hijo asume en serio nuestra historia y nuestra condición humana.
 
Dios se dona a través de su Hijo y señala de esta forma el camino de la donación personal para recuperar el sentido de la vida. Por eso, el papa Benedicto XVI nos pide que en la Navidad las cosas materiales no suplan la gracia de donarnos a nosotros mismos.
 
"De hecho, (durante la Navidad) a veces se intenta reemplazar el corazón y el compromiso de donarse, a través del dinero, con cosas que son materiales".
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