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Sursum Corda

Quien deja entrar a Dios en su vida no pierde nada de lo que hace la vida libre, bella y grande

Pbro. Jos Juan Snchez Jcome 12/07/2021

alcalorpolitico.com

Estamos en contexto porque si estuviéramos fuera de contexto nos parecerían muy duras las palabras de Nuestro Señor Jesucristo, incluso se prestarían a malos entendidos, eso de que hay que amarlo más a Él que a nuestros padres e hijos. Si no estamos en el contexto adecuado esto suena inhumano, suena muy duro y se puede prestar a malos entendidos.

Quisiera recurrir a la experiencia que todos tenemos. Para hablar de estas cosas podemos recurrir a la experiencia, no sólo a una demostración y explicación, sino fundamentalmente a la experiencia porque tenemos como punto de referencia un mandamiento que establece amar a Dios sobre todas las cosas.

A partir de la experiencia nos damos cuenta que es hermoso amar a Dios, es una belleza amar a Dios. No lo vemos desde el punto de vista de la obligación y del mandamiento, sino que caemos atrapados cuando se trata de amar a Dios.



Al tratar de reaccionar y darnos cuenta ya hemos sido conquistados. Esa es nuestra experiencia del amor a Dios. Puede ser que al principio tenga que ver más la cuestión doctrinal. Pero el que sigue sinceramente a Dios, el que se da cuenta que Dios se ha metido en su vida, entonces cae rendido ante esa hermosura, ante esa experiencia tan cercana y estimulante del amor a Dios.

Si partimos de esta experiencia nos daremos cuenta que hemos sido atrapados, alcanzados por el amor de Dios y, como sucede con los amores humanos, uno quiere más. Uno siente mucha necesidad de conocer más a Dios y de seguirlo; quisiéramos tener una experiencia todavía más viva de todo aquello que Dios ha permitido, asomándose a nuestra vida.

Sí es dura y exigente la vida cristiana y sí es muy difícil cuando nos damos cuenta que hay que cumplir la voluntad de Dios, pero en sí mismo el amor a Dios es algo que ha llenado de sentido nuestra vida.



Además, el Señor Jesús tiene forma de hablar así porque no nos habla desvinculándose de lo que es el misterio del amor, ya que Él no se reservó nada cuando se trató de amarnos, entregando todo hasta la última gota de su sangre.

En la Iglesia nos toca ver cómo muchos tienen necesidad de Dios, tienen hambre de Dios, no vienen a la Iglesia huyendo de su realidad o como si fuera una especie de fanatismo, porque así a veces nos juzgan los que no conocen la dinámica y el misterio del amor cristiano. Si venimos es porque el Señor Jesús ha tocado nuestro corazón, nos ha conquistado y como sucede en el amor humano uno quiere más.

Por eso tendríamos que valorar y respetar el proceso que Dios lleva con cada una de las personas. A veces no lo valoramos ni lo respetamos, vemos con desconfianza a las personas que desde lo más profundo de su corazón sienten mucha necesidad de Dios. Somos muy duros para juzgar a esas personas que lo único que están haciendo es darle más entrada al amor de Dios en su vida.



Esas personas que vemos que son muy religiosas y que han sido conquistadas por el amor de Dios tienen una capacidad enorme para amar a los demás. Si tu esposa ama mucho a Dios, es una buena noticia para tu matrimonio. Si tu esposo ama mucho a Dios, es una buena noticia para tu matrimonio. Si tus padres aman más a Dios, es una buena noticia para tu familia. Si tus hijos aman y buscan a Dios, es una buena noticia para ti padre de familia.

Porque eso significa que esas personas que aman tanto a Dios te van amar siempre de manera digna, al dejarse inspirar y fortalecer por la presencia de Dios en sus vidas.

Esas personas que aman mucho a Dios nunca se cansan, tienen la capacidad de perdonar, son amables, comprensivas y entregadas. Es decir, cada vez son más humanas. Pero si nosotros no tenemos un fundamento superior que es el amor a Dios, por eso nos cansamos y le fallamos a las personas; si no tenemos ese fundamento superior a veces justificamos una serie de situaciones.



Siempre será una buena noticia para los demás que alguien ame más a Dios porque entonces ellos tendrán un lugar importante en sus vidas. No se detengan, no pongan bloqueos cuando Dios está conquistando su corazón. Entonces podremos expresar en primera persona lo que decía el papa Benedicto XVI: “Quien deja entrar a Cristo en la propia vida no pierde nada, nada, absolutamente nada de lo que hace la vida libre, bella y grande”.