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A 8 a?os de su muerte?

Recuerdan a Digna Ochoa y Plácido en Misantla

Con un festival artístico y cultural para recordar a la luchadora social y defensora de derechos humanos

Anah? Medina Misantla, Ver. 16/10/2009

alcalorpolitico.com

A ocho años de su desaparición, la familia Ochoa y Plácido organizó un festival artístico y cultural para recordar a la luchadora social y defensora de derechos humanos, Digna Ochoa y Plácido.

Familiares, amigos y personas de la sociedad misanteca y provenientes de otros lugares del estado, se dieron cita en un conocido restaurante ubicado a las afueras de Misantla, donde al fondo del salón pendía una lona con la imagen de Digna, una Digna Ochoa sonriente y feliz pese a las vicisitudes.

En el presídium se contó con la presencia de Álvaro Mota Limón, alcalde de Misantla,; Román Bastida Hernández, alcalde de Vega de Alatorre; Claudia Vargas Palencia, instructora del área técnica del Consejo Consultivo de la Comisión Nacional de Derechos Humanos , además de los hermanos Ignacio y Jesús Ochoa y Plácido.

Las actividades en conmemoración de la luchadora social iniciaron a las 12:00 horas dando inicio una misa en memoria de Digna Ochoa y Plácido, y posteriormente, a las 16:00 horas se instaló una ofrenda floral en la tumba donde yacen los restos de Digna.

Alrededor de las 17:00 horas inició el festival mismo que contó con la participación de personas que participaron interpretando canciones como solistas o a dúo, entre los que destaca la participación de el dueto Nueva Trova Veracruzana, conformado por los guitarristas Miguel Ángel Hernández Cuevas y Ignacio Cortés.

Asimismo, participaron personas que emitieron mensajes relacionados con los derechos humanos.

Digna Ochoa: heroína de la utopía de los derechos humanos

Digna Ochoa y Plácido nació en Misantla el 15 de mayo de 1964 y fue la quinta hija de trece que procreó el matrimonio conformado por Irene Alicia Plácido Evangelista y Eusebio Ochoa López.

Digna se caracterizó por ser una niña y una joven alegre, estudiosa, acuciosa y responsable lo que le llevó a ser acreedora a becas durante su educación primaria y secundaria y la preparatoria, mismas que cursó en su natal Misantla.

Posteriormente, emigró a la ciudad de Xalapa para cursar la licenciatura en derecho en la Universidad Veracruzana y al concluirla, realizó su servicio social en la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE), donde llegó a ser agente del Ministerio Público interina.

Fue en ese momento cuando Digna refrendó su sentido de compromiso social al percatarse de numerosas injusticias producto de la corrupción que se cometían contra las personas que no tenían dinero para comprar la justicia, situación que le llevó a renunciar a esa dependencia estatal.

Durante su estancia en Xalapa, Digna Ochoa litigó varios asuntos, todos ellos tenían que ver con la defensa de personas humildes –generalmente campesinos- contra quienes se cometían una serie de abusos por parte de las autoridades municipales y estatales a quienes les incomodaba que lograra desentrañar las redes de corrupción que existían.

Esta situación fue determinante para que en 1988 Digna Ochoa fuera objeto de dos secuestros, siendo en uno de ellos cuando viajó amarrada de pies y manos durante varias horas en una batea, situación de la que logró escapar.

Posteriormente, Digna Ochoa decide emigrar a la ciudad de México, donde se inscribe para participar en un curso sobre derechos humanos.

Años más tarde se incorpora al Centro Miguel Agustín Pro Juárez, donde en un iniciocolaboraba esporádicamente.

En 1990 decide iniciar estudios religiosos con las Hermanas Dominicas del Verbo Encarnado, pero esto lo hizo sin descuidar sus visitas al Centro Miguel Agustín Pro Juárez, y al finalizar el noviciado, Diga dedicó más tiempo a la defensa legal como miembro del Centro.

Entre los casos más significativos que Digna Ochoa defendió legalmente fue el de tres indígenas del ejido de Morelia, en el estado de Chiapas, quienes fueron detenidos, torturados y ejecutados por militares, siendo éste el primero de muchos más que decidió representar como abogada de los agraviados en adelante.

Digna Ochoa logró llevar ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos varios asuntos en los cuales se cometieron violaciones graves de derechos humanos.

Fueron asuntos como el caso de unos presuntos zapatistas en Yanga, Veracruz y en Cacalomacán, en el Estado de México y de la masacre de 17 campesinos ocurrida el 28 de junio ocurrida en Aguas Blancas, Guerrero, los que iniciaron el presagio de su muerte.

Lo anterior le costó a Digna ser objeto de varios secuestros y de amenazas de muerte reiteradas, mismas que finalmente se hacían extensivas a los demás integrantes del Centro Miguel Agustín Pro Juárez.

Ante este hecho, en el año 2000 Digna Ochoa decide viajar a Washington DC donde inició una pasantía en el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (CEJIL) retirándose definitivamente del Centro Miguel Agustín Pro Juárez como medida para garantizar la seguridad de quienes ahí laboraban.

En marzo del 2001 Digna Ochoa retorna a México orientando sus actividades hacia la investigación y poco después inicia el contacto con una organización de campesinos ecologistas de la Sierra de Petatlán y Coyuca de Catalán en el estado de Guerrero, realizando un par de visitas a ese sitio, bajo nuevas amenazas de muerte.

En octubre de ese mismo año, Digna toma la defensa de dos casos que originalmente eran de su ex compañera del Centro Miguel Agustín Pro Juárez, Pilar Noriega, entre ellos el caso de los hermanos Cerezo Contreras, estudiantes acusados injustamente e ilegalmente de haber detonado petardos en sucursales bancarias en la capital del país en julio del 2001.

Digna vio la luz por última vez el 19 de octubre del 2001, en el despacho de su ex compañera Pilar Noriega ubicado en la calle Zacatecas 31, en la colonia Roma, donde se preparaba para la audiencia de desahogo de pruebas del caso de los hermanos Cerezo Contreras que se realizaría al día siguiente.

Digna Ochoa no contó con nunca con las medidas de seguridad para garantizar su integridad física, pese a que la Comisión y la Corte Interamericanas de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos había emitido una resolución en el sentido de urgir al Estado Mexicano a adoptar medidas de seguridad necesarias para garantizar la vida de Digna Ochoa y Plácido entre otros integrantes del Centro Miguel Agustín Pro Juárez.

La muerte de Diga continúa siendo un misterio desde el punto de vista jurídico, aunque para la familia Digna Ochoa este hecho tenga nombres y apellidos, mismos que están a la espera que la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF) se decida a proporcionar y a sancionar.

Ríos de tinta, pronunciamientos de organismos internacionales, marchas y diversas exigencias de grupos de la sociedad civil han sido los estandartes de la lucha por la justicia en el caso Digna Ochoa y Plácido.

Mientras esto sucede, a ocho años de su muerte, su familia mantiene viva la esperanza de que un buen día, la luz de la justicia alumbre la sombra oscura de la impunidad y la vergüenza que ronda aún el recuerdo de Digna Ochoa.
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