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Casas Carpin

Sección: Estado de Veracruz

Rudeza innecesaria de elementos de SSP contra estudiantes inconformes

- La noche del Grito, tres fueron sometidos a golpes al intentar accesar a la Plaza Lerdo y manifestarse
- Pese a todo, los jóvenes que ya estaban ahí, se mezclaron entre la multitud y gritaron consignas de fraude y represión
- Sus gritos quedaron ahogados por la algarabía de la gente y el alto sonido de la música

Ylia Ortiz Lizardi Xalapa, Ver. 16/09/2012

alcalorpolitico.com

Poco después de la 23:00 horas, entre la algarabía de la noche del Grito, justo cuando inició el espectáculo de los fuegos artificiales sobre una plaza Lerdo abarrotada de espectadores, a un costado de la Catedral, sobre la calle de Revolución, se escuchó a un grupo de jóvenes que gritaban: ¡Represión! ¡Represión!

Para esta reportera y para quienes trabajábamos desde los balcones del edificio Nachita, en contraesquina de Palacio de Gobierno, no pasó inadvertido el incidente.

Ahí mismo, donde inicia la calle de Revolución, fueron instaladas vallas metálicas para cerrar el paso. En ese lugar había un grupo de elementos de seguridad que resguardaban la tranquilidad.

El arco detector de metales no fue instalado ahí, sino antes, en la esquina de Revolución y Juárez, de tal modo que quienes bajaban por esta calle hacia la plaza Lerdo, ya habían sido revisados y por supuesto no llevaban ni un solo lapicero, porque hasta ese tipo de objetos fueron decomisados.

Así que cuando los jóvenes manifestantes quisieron pasar la valla, no les fue permitido. Molestos, exigieron el paso libre, se hicieron de palabras y comenzaron los jaloneos. Del otro lado, sus compañeros que sí habían logrado pasar, empezaron a gritar ante el enfrentamiento.

La oscuridad en la calle para quien esto escribe, no dejaba ver rostros, pero la penumbra permitió ver los movimientos violentos y escuchar los gritos ahogados de jóvenes que eran sometidos, cada uno por un grupo de oficiales, quienes de los cabellos y de los brazos, sujetaron a uno de ellos y lo golpearon contra la pared de la misma Catedral.

En esa zona sólo estábamos unos cuántos; los reporteros gráficos estaban instalados en un lugar especial frente al balcón de Palacio de Gobierno.Los registros de imágenes, si los hubo fueron de celulares, pero la oscuridad no permitió las tomas.

Se generó la confusión y la angustia para quienes estábamos ahí, al observar los hechos sin poder intervenir y atestiguando la golpiza a jóvenes que insistían pasar para manifestar su descontento, haciendo uso del derecho a la libertad de expresión.

Fue rápido. Los oficiales hicieron su trabajo, los sometieron como ellos saben —a golpes— y se los llevaron. Y luego ahí sólo quedaron sus compañeros, un grupo menor comparado con la muchedumbre en la plaza Lerdo; muchedumbre que no escuchó los gritos de ¡Represión! y ¡Fraude!, y que no se dio cuenta de la rudeza innecesaria contra tres jóvenes que sólo querían manifestar su descontento en forma por demás pacífica.

¿Por qué golpearlos?, gritaba una de las chicas, si con inmovilizarlos y ponerlos del otro lado de la calle era más que suficiente.

Esa misma pregunta es la que, quienes trabajamos en este medio de comunicación nos hacemos y cuestionamos hoy a las autoridades de Seguridad Pública la forma en que capacita a sus nuevos elementos confiables en materia de derechos humanos, donde la elemental enseñanza es que distingan que estudiantes y activistas no son delincuentes como para darles ese trato.
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