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Si tu corazón tiembla ponlo en las manos de María, la Madre del Amor Hermoso

Pbro. Jos Juan Snchez Jcome 08/02/2021

alcalorpolitico.com

En mi vida cristiana he llegado a tomar conciencia de que soy creatura y de que soy hijo de Dios. Por eso, he llegado a sentirlo y tratarlo como mi Padre, como el Buen Pastor y como el Todopoderoso. La fe cristiana me ha hecho madurar en esta conciencia de que soy creatura, de que soy hijo.
 
Esto me permite acudir a Él como mi Padre, porque uno como hijo necesita el abrazo del Padre, la protección y la fuerza del Padre. Bajo esta conciencia solemos pedir y exponerle al Señor las necesidades propias y las situaciones que vamos pasando en la vida.
 
Pero hay una segunda parte que es fascinante en la identidad cristiana porque en la relación con el Señor uno va madurando la conciencia de que Dios es amigo, de que es alguien muy cercano, que es nuestro confidente y nuestro hermano. Tenemos la dicha de decirlo y experimentar a Jesús como amigo, como nuestro confidente y nuestro hermano. Por eso podemos platicar con Él más allá de las necesidades y situaciones personales que vamos pasando en la vida.
 
Por eso podemos decirle a Jesús como le llegaron a decir los apóstoles en el santo evangelio: “Señor, te andan buscando”. De hecho, esa ha sido mi oración constante durante esta pandemia. También le he expuesto a Dios mis necesidades y problemas, pero la mayor parte de mis oraciones han sido para decirle a Jesús, como le dijeron en el evangelio: “Señor, te andan buscando”. Yo no soy el único que tiene necesidades, el único que padece. Y muchas veces las necesidades de los demás me llevan a Jesús para hablarle de mis hermanos.
 
Tenemos que aprovechar la cercanía e intimidad con Jesús para decirle: “Te andan buscando”. “Muchos enfermos te andan buscando, muchas personas que no pueden con su dolor te andan buscando”. Así resumo mi vida espiritual durante todos estos meses difíciles. Eso le he estado diciendo al Señor durante todo es tiempo: “Mira, Señor, esta familia; mira estos enfermos; mira estos vecinos; mira a todas estas personas; mira a los médicos y a los que se esfuerzan para que estemos bien”.
 
Estoy seguro que esas han sido también las oraciones de muchas personas que ponen en segundo plano sus propias necesidades personales, viendo la magnitud de la tragedia, para decirle a Jesús: “Te andan buscando. Mira la situación de estas personas que están hundidas en su sufrimiento por la muerte de sus seres queridos; mira cómo les cuesta salir adelante por la crisis económica”. Tantas situaciones verdaderamente desgarradoras que le compartimos al Señor.
 
Por esta familiaridad y confianza que tenemos con Jesús también nos ha dado una respuesta. Nosotros no le decimos a Jesús: “Te andan buscando”, en un tono de reclamo, como si no se hiciera presente y se estuviera olvidando de la humanidad. No se lo decimos a Jesús en un tono reclamatorio.
 
Hemos obtenido una respuesta. También a nosotros Jesús nos dice: “Vamos para allá; vamos a los pueblos, vamos con las personas, con las familias, pues para eso he venido”. Qué hermoso saber que Jesús tiene una respuesta a las oraciones que le presentamos en este tiempo, cuando le hacemos saber acerca del sufrimiento de muchas personas.
 
Pero su respuesta nos pasa a traer a nosotros porque es una respuesta donde nosotros estamos incluidos: a nosotros nos toca llevar a Jesús. Así como le decimos: “Mira, Señor, estas personas, estos vecinos, estas familias, estos amigos”, nos toca llevar a Jesús como los apóstoles lo llevaron con los enfermos y los más necesitados. Nos toca llevarlo y hacerlo presente en la vida de las personas para que recobren la esperanza y sientan la cercanía consoladora del Señor.
 
¿Qué podemos hacer en este tiempo de pandemia? Decirle a Jesús que lo andan buscando y en la medida que se lo decimos estar disponibles, porque Dios nos toma la palabra y nos dice: “vamos”; nos permite ir con Él. Así refuerza en nosotros esa identidad porque estamos llamados a anunciar el evangelio y hacerlo presente en este tiempo de tribulación.
 
Qué hermoso saber que en este ministerio de sanación y consolación también se hace presente la Santísima Virgen María. El 11 de febrero, en el marco litúrgico de la festividad de la Virgen de Lourdes, celebraremos en la Iglesia la Jornada Mundial del enfermo.
 
Recurramos a María y pidamos su intercesión por nuestros hermanos enfermos. No olvidemos, como dice San Alfonso María de Ligorio que: "Ante Dios, los ruegos de los santos son ruegos de amigos, pero los ruegos de María son ruegos de Madre".
 
Reconociéndonos necesitados de paz, fortaleza y consuelo en este tiempo de tribulación, acudamos a Ella para que afiance nuestro amor por su Hijo Jesús. Si tu corazón tiembla ponlo en las manos de María y Ella, que es la Madre del Amor Hermoso, te descubrirá la alegría de fiarte del Señor y caminar con Él, llenando de paz y fortaleza tu vida.
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