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Sursum Corda

Tiempos para ayudar a Dios y defender hasta el final el lugar que ocupa en nuestra vida

Pbro. Jos Juan Snchez Jcome 04/01/2021

alcalorpolitico.com

El Señor no deja de hablarnos y sigue mostrándose en este año que iniciamos con esperanza. En medio de tanto sufrimiento e incertidumbre, agradezco a Dios que no me ha faltado su palabra para enfrentar esta realidad adversa y sobre todo, para compartir esta palabra a mis hermanos.
 
Esta palabra que Dios me ha regalado se ha ido convirtiendo prácticamente en una directriz pastoral. El Señor me ha hecho ver que, en este tiempo de tanto sufrimiento, tenemos que ayudar a Dios. Somos nosotros los que tenemos que ayudar a Dios.
 
Siempre pedimos la ayuda de Dios; cuando vamos a la Iglesia es para pedir ayuda. La mayor parte de las veces acudimos a la Iglesia a pedir ayuda. Puede ser que en ocasiones experimentamos una especial gratitud al reconocer que muchas bendiciones nos vienen de Dios, por lo que sentimos la necesidad de dar las gracias.
 
Pero en un tiempo de carencias y de mucho sufrimiento, uno va a la Iglesia y se acuerda más de Dios para pedir ayuda. Así podríamos decir que se va resumiendo nuestra vida espiritual en este tiempo de contingencia sanitaria.
 
Hay momentos en la vida en los que nosotros tenemos que ayudar a Dios. No porque Dios no pueda o no quiera ayudarnos, sino porque ese es el principio de nuestra salvación.
 
¿Cómo podemos ayudar a Dios en un tiempo difícil como este? No echándose para atrás, no renegando de Él, tratando de animar a otras personas y compartiendo nuestros bienes.
 
Hemos visto que, hasta la gente más piadosa, la gente más consistente en su fe, también se ha tambaleado. Por lo tanto, es un tiempo para luchar, para agarrarnos fuertemente de nuestra fe, para que entendamos lo que significa vivir en estas circunstancias la dimensión de la cruz, a fin de levantar el ánimo de los demás. Basta que consideremos cómo estamos de ánimo en la casa, quién se ha venido para abajo, quién se ha desanimado, quién ha renegado de Dios, para que nos demos cuenta que allí es donde tenemos que ayudar a Dios.
 
También tenemos que ayudar a Dios porque hay mucha pobreza no sólo espiritual sino también material. Son tiempos en los que el desprendimiento y la generosidad de los cristianos hablan mucho de Dios. En otros órdenes de la vida, uno ayuda si te ayudan; si alguien te da, tú le das; si alguien te atiende, tú le atiendes; si alguien te muestra la amistad, tú también lo haces; si alguien está dispuesto a escucharte, tú también lo escuchas.
 
Pero la dinámica cristiana es diferente, como muchas veces lo explicó Jesucristo. Uno tiene que dar sin esperar la recompensa y en este caso también, aunque a veces nos gane la tentación, porque uno quisiera más de Dios en este tiempo crítico. Sin embargo, se trata de ayudar a Dios y de seguir confiando en Él.
 
Una de las lecciones espirituales que nos ha dejado el tiempo de Navidad es que un niño necesita ayuda, necesita nuestros brazos, protección y que nosotros demos la vida por él. Un niño está indefenso y necesita que demos la vida por él y lo respaldemos en todos los sentidos; necesita que podamos acurrucarlo en nuestro pecho para que sienta el calor y el amor de esta humanidad.
 
Dios necesita de nuestra ayuda y esta puede ser una de las directrices espirituales de este año porque Dios llega ahora como un Niño indefenso que necesita de toda nuestra protección; nos llega como un Niño que en la medida en que nosotros lo arropemos y lo protejamos logrará despertar nuestro corazón.
 
Un niño también despierta la ternura que muchas veces vamos perdiendo en esta vida. En Navidad, uno siente cómo renace la ternura, cómo un Niño nos trae otra vez el amor, cómo un Niño nos hace ver que seguimos siendo humanos, seguimos siendo de Dios.
 
En este difícil momento que estamos pasando, Dios necesita nuestra ayuda. No estoy diciendo que le dejemos de pedir y suplicar por nuestras necesidades. Claro que hay que seguir pidiendo, hay que clamar al cielo para pedirle a Dios que se acabe esta pandemia. Pero que aprendamos que Dios necesita nuestra ayuda, que este Niño necesita nuestros brazos, cariño y protección. Y a cambio, en la medida que lo estrechemos, este Niño va a generar la ternura en nuestro corazón.
 
Al desearles feliz año quisiera pedirles que ayuden a Dios, que no se echen para atrás, que protejan con sus brazos, con su testimonio y con toda su fe al Niño Jesús.
 
Muchos hermanos han llegado a esta visión a partir de situaciones más dramáticas que enfrentaron, como Etty Hillesum que ante el atroz sufrimiento en los campos de concentración y aferrándose a Dios llegó a expresar:
 
“Corren malos tiempos, Dios mío. Esta noche me ocurrió algo por primera vez: estaba desvelada, con los ojos ardientes en la oscuridad y veía imágenes del sufrimiento humano. Dios, te prometo una cosa: no haré que mis preocupaciones por el futuro pesen como un lastre en el día de hoy, aunque para eso se necesite cierta práctica... Te ayudaré, Dios mío, para que no me abandones pero no puedo asegurarte nada por anticipado. Sólo una cosa es para mí cada vez más evidente: que tú no puedes ayudarnos, que debemos ayudarte a ti y así nos ayudaremos a nosotros mismos. Es lo único que tiene importancia en estos tiempos, Dios: salvar un fragmento de ti en nosotros. Tal vez así podamos hacer algo por resucitarte en los corazones desolados de la gente. Sí, mi Señor, parece ser que tú tampoco puedes cambiar mucho las circunstancias; al fin y al cabo, pertenecen a esta vida... Y con cada latido del corazón, tengo más claro que tú no nos puedes ayudar, sino que debemos ayudarte nosotros a ti y que tenemos que defender hasta el final el lugar que ocupas en nuestro interior... Mantendré en un futuro próximo muchísimas más conversaciones contigo y de esta manera impediré que huyas de mí. Tú también vivirás pobres tiempos en mí, Señor, en los que no estarás alimentado por mi confianza. Pero, créeme, seguiré trabajando por ti y te seré fiel y no te echaré de mi interior”.
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