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Tres reconocidos veracruzanos

Jorge E. Lara de la Fraga. 11/08/2015

alcalorpolitico.com

“Tratar a la gente con generosidad es parte de la propia felicidad…” Expresión oriental
De mi compendio de apuntes rescato en esta ocasión a un trío de huatusqueños que se destacaron en el campo literario y en los terrenos de la dramatización. Dos de ellos prosiguen aportando sus esfuerzos creativos y son timbre de orgullo para sus contemporáneos. Sin más preámbulo indico que mencionaré datos, características y obras de Guillermo Landa Velásquez, de Dagoberto Guillaumin Fentanes y de Jorge López Páez. El Amigo Guillermo Landa es un huatusqueño a plenitud, hijo de dos oriundos de esa tierra maravillosa de Chicuéllar; actualmente reside en esos ámbitos ecológicos de las Grandes Montañas, después de haber sido miembro distinguido del Servicio Exterior Mexicano y de realizar labores académicas y culturales en Francia, Polonia, Yugoslavia, Nicaragua y Paraguay. Hombre inquieto, dinámico y de avanzada, se ha significado como poeta políglota y como traductor, aportando a la comunidad obras y realizaciones significativas tanto en español como en otros idiomas. Además, autor de múltiples textos y publicaciones en revistas y periódicos nacionales e internacionales.

Un analista de la columna cultural “Versoaverso”, de Paraguay, apunta las principales características de su poesía: “ La fractura de la palabra, el radical ejemplo de un metalenguaje tomado de las propias fuentes de la literatura, una cierta recreación del mundo poético aparentemente sin conexión directa con la realidad, la superposición semántica de los vocablos, la preciosidad erudita de la metáfora, la simbiosis entre las búsquedas modernas y los giros inolvidables del pasado, así como un afán por conservar los rasgos eternos del poema…” Por otra parte, el literato Hugo González Vega, se proyecta en los siguientes términos: “… la poesía de Guillermo nada tiene que ver con las medicinas de patente. Es una fórmula magistral bien balanceada, bien preparada en el mortero, bien olfateada, y después de un breve reposo, convertida en una variación de fórmula magistral o más bien dicho, en una nueva fórmula que muy pronto será objeto de nuevas variaciones…”

Dagoberto Guillaumin (Cordobés y chicatanero por adopción), por los inicios de la década de los 50 del siglo XX, – si mi memoria no me traiciona - dirigió una obra de la autoría de Enrique Jardiel Poncela, dramaturgo español (“Una noche de primavera sin sueño”) y se respaldó en el esfuerzo de actores aficionados de la localidad de Huatusco. Dicho equipo amateur intervino en un concurso nacional de teatro y obtuvo el primer lugar. Fue el Teatro Solleiro, recinto mágico de múltiples acciones culturales, educativas, políticas y deportivas, el escenario idóneo donde se llevaron al cabo los ensayos y el estreno de esa dramatización exitosa a que hago referencia. Tuvieron que pasar 6 décadas para rememorar ese suceso grandioso para la tierra de Chicuéllar y reconocer el espíritu visionario de ese hombre singular que se nutrió con las enseñanzas melodramáticas del genial Seki Sano.

Algunas características del paisano Dagoberto: los que lo conocieron de manera más directa manifiestan su constancia, entrega, sensibilidad para entender a la gente, generosidad y sencillez, así como su capacidad para respaldar a los actores en la representación de determinados personajes. Artistas connotados de México tuvieron vinculación y en cierta medida abrevaron de las enseñanzas de Guillaumin; elementos de la farándula conocieron su tenacidad y firmeza en los ensayos y en los estrenos, tales como José Alonso, Ernesto Gómez Cruz, Manuel Ojeda, María Teresa Rivas, Irma Lozano, Sergio Jiménez, Angélica Peláez, Pilar Pellicer, Héctor Bonilla y Oscar Chávez. De manera especial resalto la actividad encomiable desplegada por el maestro Guillaumin durante más de 14 años al frente del Teatro Ambulante de la SEV, realizando giras por la geografía veracruzana para tener un acercamiento cultural con alumnos de diversos niveles educativos, con el propósito de que las nuevas generaciones apreciaran los valores de la expresión dramática. Formador a carta cabal; autor de los libros escolares “Expresión y apreciación artística” y “Texto de teatro para secundarias”, “…insistía en la importancia de fomentar el teatro entre los jóvenes como ejemplo de vida y experiencia educativa porque, aseguraba, los conflictos que atraviesan los personajes en cada obra, ilustran y ejemplifican a los espectadores de manera viva, a diferencia de las frías enseñanzas que reciben en sus clases de civismo…”

Jorge López Páez es autor de más de 20 obras del “verismo narrativo”, de la llamada Generación del Medio Siglo (XX), con 93 años a cuestas y con ciertos problemas de locomoción. Al paisano lo conozco porque en el 2010, en el marco de la Feria Internacional del Libro Universitario, tuve la oportunidad de actuar como moderador en la presentación de su compendio de cuentos denominado “El chupamirto y otros relatos”, donde intervinieron con sus análisis fundamentados los maestros José Luis Martínez Morales y Ángel Rodríguez Equihua. En tal ocasión manifesté que López Páez se ha proyectado como cuentista y novelista, que es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte de CONACULTA y que tiene publicados más de dos decenas de textos, entre los cuales se destacan: El solitario Atlántico, La costa, Silenciosa sirena, Los cerros azules, Mi hermano Carlos, Hacia el amargo mar, Lolita, toca ese vals, Doña Herlinda y su hijo, La última visita, Los mástiles, Mi padre el general y ¡A huevo, Kuala Lumpur!. Entre las diversas distinciones a que se ha hecho acreedor el prosista de Huatusco, resaltan los premios Xavier Villaurrutia, La Palabra y el Hombre (UV), Mazatlán y el Nacional de Lingüística y Literatura.

En un homenaje reciente, efectuado en nuestra Ciudad Capital, el maestro de la UNAM Ignacio Trejo Fuentes aludió en términos generales a varias de las obras del homenajeado, a las características de su narrativa, a sus personajes predilectos como son los niños, a la temática que aborda en sus trabajos, donde no falta el asunto controvertido de la homosexualidad, así como hizo referencia a esa dosis muy propia de su sarcasmo, humor, picardía y a su descripción descarnada de la miseria humana. Agregó que a López Páez le inquietan tópicos como la fidelidad y la traición; la soledad en medio del tumulto; la incomprensión de la gente ante hechos que les parecen lejanos; y, sobre todo, la muerte. Esta es, junto al mundo infantil, una de las constantes de su literatura. Muchos de sus textos tienen resonancias autobiográficas y la virtud de Jorge es que se singulariza por ser un buen narrador. Sus aportaciones literarias ameritan ser leídas por los veracruzanos.

Atentamente

Profr. Jorge E. Lara de la Fraga.
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