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La ciencia desde el Macuitépetl

Una educación emergente para la era planetaria

Manuel Mart?nez Morales 11/08/2011

alcalorpolitico.com

Situados en el umbral del tercer milenio, presenciamos pasmados lo que parece ser una crisis planetaria de consecuencias catastróficas. Hay quienes piensan que hasta la misma especie humana corre el riesgo de una pronta extinción. Y no es que formemos parte del coro de aquellos que pregonan el fin del mundo, sino que bastan una mirada objetiva a lo ocurrido en el transcurso del último siglo y un análisis somero, para cobrar conciencia del enredo que vivimos.

A partir de la expansión del modo de producción capitalista, hemos adoptado el paradigma “economicista” como concepción del mundo y como modo de vida. Contemplamos el universo como un gran mercado, en el cual todo tiene un precio. Esta visión de las cosas reduce la vida humana misma a la categoría de mercancía, y si preguntamos a los jóvenes sobre sus aspiraciones en la vida, veremos que generalmente se reducen al deseo de una mejor posición en la pirámide del consumo mercantil. En el plano social también identificamos el “desarrollo” con el simple crecimiento económico, tal y como es medido en una serie de indicadores macroeconómicos. Todo ello desligado de nuestra vida concreta de cada día.

Ante este panorama, y desde diversos puntos del planeta, se levantan voces y movimientos orientados a buscar alternativas a esta crisis global. Particularmente, en el terreno de las ideas, hay quienes buscan respuestas en el campo de la educación por considerarla un factor de primera importancia en la conformación de nuestras ideas sobre el mundo, y por ser soporte de las decisiones y acciones que asumimos en tanto que agentes activos con posibilidad de modificar nuestro entorno.

El estado actual de la educación muestra algunos signos de esquizofrenia. Por una parte reconoce los problemas que ha causado el proyecto de la modernidad (pobreza creciente, hambre, inequidad, destrucción ambiental, etc.). Y –según afirman algunos especialistas- este tipo de educación continúa con la tendencia que comenzó en la década de los 80 del siglo pasado: “…formación profesionalizante, basada en competencias laborales (o profesionales), y centrada en conceptos como productividad, éxito, liderazgo y calidad. Tienen preponderancia los conocimientos técnicos sobre las humanidades, la literatura y las artes. Se desmantela la cultura que no sirve para hacer negocios.” (E. Alvarado Cuervo et al.: Una educación emergente para la era planetaria: Nuestro reflejo en el espejo del cosmos. Arana Editores, 2010).

Construir alternativas educativas, nuevos paradigmas, no es tarea fácil pues no es posible hacerlo a partir de actos de voluntad individuales, o por acuerdos y decretos de la cúpula burocrática educativa. De ahí que sean bienvenidas ideas y propuestas como las contenidas en la obra antes citada. Pues, conscientes de la magnitud del problema, dicen los autores: “No buscamos un modelo universal ni una reforma educativa más. Si existe un camino para salir de esta crisis civilizacional, deberá emerger desde las realidades locales, que contienen, al mismo tiempo, información del sistema global. Estará fundado en la comprensión de una realidad muy distinta a la que nos han enseñado (y en la que hemos creído ciegamente), así como en un conjunto de principios que guíen nuestra percepción-aprendizaje-acción. Es lo que puede acudir en ayuda de una unidad planetaria”.

Estoy de acuerdo que los cambios globales dependen, o más bien se enlazan con las modificaciones de las realidades locales, incluyendo la realidad de nuestra propia praxis individual. En el libro que comento, el colectivo de autores se mueve en un terreno incierto, como ellos mismos reconocen, pero con la lucidez necesaria para advertir: “El paradigma que está emergiendo de diversos campos del quehacer humano no es un movimiento ni una corriente de pensamiento. No lo ha disparado siquiera la teoría de la relatividad, la mecánica cuántica o la teoría de las súper-cuerdas. Es borroso en sus orígenes y en sus contornos, incluso en su profundidad y posibles consecuencias. En cambio, lo que nos parece evidente es que esta nueva y extraña visión de la realidad está siendo estimulada por la actual crisis civilizacional y por las cada vez menos sostenibles creencias en las que hemos fincado nuestras ideas de progreso, desarrollo y felicidad. Hemos invertido tantas esperanzas en un mito…”

Comparto con ellos la convicción que los hallazgos de las ciencias, las humanidades y las artes han de fructificar en una nueva visión del mundo en la que los valores de la bondad, belleza y verdad, a la luz del paradigma emergente, orienten el proceso de planetarización de una humanidad tan “sapiens” como “demens”.

Reflexionar para comprender lo que se ve y lo que no se ve.

(Interesados en el libro comentado, comunicarse con Susana Carlos Rose, al 842-17-00 ext. 13500)
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