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Mutatis mutandis

UV, democracia ausente

Rafael Arias Hern?ndez 03/07/2013

alcalorpolitico.com

Los riesgos de ineficiencia y mediocridad,

delincuencia e impunidad avanzan, al imponer el principio de “nombraos e imponeos los unos a los otros”.

Mientras las y los veracruzanos hacemos un esfuerzo singular por ejercer nuestros derechos y obligaciones fundamentales, por aplicarlos y fortalecerlos

y, al mismo tiempo, poner en práctica LA DEMOCRACIA, que es hasta hoy,

el mejor sistema terrenal de gobierno, bajo la propia responsabilidad de los ciudadanos.

Mientras hacemos el esfuerzo por asumir responsabilidades y cumplir compromisos

sociales ineludibles, so pena de padecer malos o peores gobiernos y, lo que es inocultable, mas pérdidas y retrocesos por ineficiencia y delincuencia gubernamental.

Mientras ocupados en la pluralidad, ejercemos libertades y derechos y asumimos deberes y obligaciones, para

identificarnos y unirnos en las coincidencias y respetarnos en las diferencias, que nos permitan avanzar en el proceso civilizatorio y de humanización de nuestra conducta.

Mientras el fortalecimiento institucional lo hacen ciudadanos comunes y corrientes, mujeres y hombres del pueblo, analfabetas y letrados iniciados. Pero todos, al fin y al cabo seres humanos, con virtudes y defectos, habilidades y capacidades.

Mientras tratamos de crecer, de mejorar para no ser ciudadanos de segunda o de cuarta.



Mientras todo esto y más sucede en la real realidad. La primera pregunta que todo mundo se hace es muy simple, sencilla y directa.

¿En donde quedo la democracia en la UV?

De ahí en adelante, las respuestas coinciden con la negación de libertades y derechos básicos; y también, con las fantasías y las conveniencias, con los intereses y beneficios, que sustituyen a los principios y a la congruencia.

Absurdo y contradictorio refugiarse en una estabilidad que más bien refleja inmovilidad; así como en reales o inventados, pocos o exagerados

logros y avances.

¿Dónde está la democracia?

¿Porque lo que se predica no se practica; y lo que se dice, no se hace?

¿Quedo sólo en los libros, en las “cesusadas” ininteligibles y elitistas disertaciones filosóficas, en los experimentos de laboratorio y elucubraciones intelectuales inagotables, del derecho y las ciencias sociales y políticas?

¿En dónde está la congruencia y el enseñar con el ejemplo?

¿En dónde está la teoría y la práctica de los derechos humanos, la responsabilidad y la solidaridad social?
El tema no es sólo local. La democratización, en diversos grados e intensidades, formas y estilos,

es una realidad en algunas universidades públicas en el país y en el mundo. Razón de más, para que la polémica y los reclamos se repitan en muchas partes, aunque los puntos de partida coincidan o

sean similares.

Qué sucede con los principios constitucionales y los reiterados buenos deseos de vinculación y compromiso social, que forzosamente tienen como antecedente u origen, todas las instituciones gubernamentales

y las universidades públicas, que son ineludiblemente parte de ellas.

Por un lado, preciso tener presente que la sociedad, la población, los ciudadanos, los contribuyentes o como usted les quiera llamar. Las y los veracruzanos sostienen, mantienen y dan vida a la universidad pública, por lo tanto tienen derecho a participar en la toma de decisiones que afectan su presente y futuro. ¿En dónde están?

Hasta hoy, participación y vinculación negadas y escamoteadas.

Otras

ausencias sociales más, que sólo se medio recuerdan cuando se hace presente la exigencia de un mayor presupuesto, de más recursos para la atención, por cierto incompleta y casi paralizada en el mismo volumen, de la demanda educativa y de servicios, que requiere y se exige ser atendida.

Larga historia de excluidos, marginados, negados que, a la fecha y después de 16 años decómoda, conveniente y bien pagada alta burocracia (¿mejor que los Halcones?). Burocracia que hasta hoy dispone de más de 5 mil 700 millones de pesos; aunque por otra parte, los rechazados acumulados, superan

ya los 300 mil jóvenes simplemente abandonados y olvidados.

Pero más larga evasión. Historia sin fin de excusas, pretextos y cuentos, para evitar, obstruir o limitar la incorporación y aprovechamiento de las potencialidades externas de participación ciudadana y social; e internas, de estudiantes, trabajadores, académicos, creadores, promotores

y artistas, en los asuntos universitarios que, por cierto son derechos sociales que pertenecen a este mundo, al aquí y el ahora, así como al futuro.

Y por el otro lado,

el objetivo y razón de ser, que no hay que olvidar: la educación impartida por el Estado mexicano, debe luchar contra la ignorancia y sus efectos, las servidumbres, los fanatismos y los prejuicios.

Prejuicios, monomanías, alucinaciones e invenciones, como los academicismos excluyentes, el culteranismo presupuestal, las cofradías de “expertos educativos”, los privilegios infundados y demás formas que ocultan o sirven de pretexto para impedir el ejercicio de libertades y derechos, pero eso sí, útiles y eficaces para

favorecer beneficios indebidos, privilegios injustificados y negocios cuestionados.

En este contexto, no es de extrañar la ausencia de principios como certeza, equidad, legalidad, independencia, imparcialidad y objetividad, porque son propiamente principios y valores de la DEMOCRACIA y sus procesos de elección.

Y todavía hay más.

En donde queda el criterio constitucional del sistema educativo obligado a extender la democracia, no sólo en su estructura jurídica y régimen de participación y gobierno, sino como fomento y apoyo de un “sistema de vida fundado en el constante mejoramiento, económico y social del pueblo”.

En fin. Por lo pronto el proceso democrático en la universidad está de vacaciones.

Pero no lo está. Ni estará la evaluación objetiva de lo hecho y lo pendiente, del acierto y el error. De

costos y beneficios institucionales y, también, personales.

Por lo pronto, empezó la cuenta regresiva, la separación de la consubstanciación, alimentada y sostenida por la colaboración abyecta y servil,

que pretendió imponer la idea, de que la persona a cargo encarna y es la institución misma. Se acabó, cuando menos por esta administración. No mas expresiones como “la Universidad soy yo”; o, “quien me critica, critica a la institución”.

Participación sin simulación es el reto. Ni sumisión servil, ni reprobación anticipada.
El fin, para esto y más, es el principio.

Por fortuna la Universidad es una comunidad libre y

plural, de seres humanos que no necesitan del espejo de la madrastra de Blanca Nieves, para darse cuenta de lo bueno y lo malo, de la eficiencia y la ineficiencia, de la responsabilidad y la delincuencia de los presuntos responsables o irresponsables a cargo.
Nada de

“nombraos e imponeos, los unos a los otros”.

CONVOCATORIA Y JUNTA.

La democratización de la vida mexicana, en todos sus aspectos, y alcances, todavía es un largo camino que recorrer, un reto inocultable, una aspiración legítima y un proceso constructivo, plural y participativo que nunca termina.

Por lo pronto, tenemos que partir de lo que tenemos, de lo que hay para mejorar instituciones y convivencia pacífica y civilizada. Avanzar es el reto.

El proceso de designación en la UV se ha puesto en marcha con la convocatoria correspondiente. Nada extraño ni novedoso. Es, la forma hasta hoy establecida para conducir el cambio del responsable de la institución.

El deber y compromiso de la nominación lo tienen nueve personas, cuyos méritos, atribuciones y obligaciones están, más o menos,

definidas en las normas correspondientes.

Se puede asegurar y adelantar que el proceso y la designación misma descansan en la confianza depositada en la Junta de Gobierno.

En la honestidad y

capacidad de todos y cada uno de sus integrantes. En su conocimiento de la institución y la sociedad que la sostiene; y en sus ideas de la problemática universitaria, presente y futura, reposa teóricamente, la decisión y el nombramiento.

Nueve personas con probada, comprobada

y, en breve, re comprobada, credibilidad, confianza, honestidad, capacidad, conocimiento, disposición…
Veremos.