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Veracruz ante el cambio climático

Jos Manuel Velasco Toro 04/04/2019

alcalorpolitico.com

En 1972 se celebró la Primer Conferencia Mundial sobre medio ambiente en Estocolmo, Suecia. Luego, en 1992, las Naciones Unidas (ONU) llevaron a cabo la Convención Marco sobre el Cambio Climático y, en 1994, los acuerdos derivados de ésta se pusieron en marcha. Cada año se realizan conferencias en las que se analiza y toman acuerdos para enfrentar las condiciones antropogénicas que están acelerando el cambio climático. De la reunión de 2015 se derivaron los Acuerdos de París cuyo objetivo es concertar acciones globales para evitar que la temperatura aumente 2° C, situación, de suceder, desastrosa para la humanidad. Sin embargo, pese a los acuerdos internacionales y las acciones que se han derivado de los mismos, se observa que estas no son suficientes y el calentamiento global no se detiene, situación que sigue cambiando seriamente las condiciones climáticas cuyos efectos ya se perciben devastadores. Cada país miembro de la Convención Marco asumió la responsabilidad de implementar programas para reducir el impacto antropogénico. México plasmó esos compromisos con la reforma a la Ley General de Cambio Climático (LGCC) realizada en 2018. Ley que en su artículo 2 establece el derecho a un ambiente sano y la obligada concurrencia de la federación, las entidades federativas y los municipios para “elaborar y aplicar políticas públicas para la adaptación al cambio climático y la mitigación de gases y compuesto de efecto invernadero”. Lo que implica, entre otras muchas acciones, disminuir realmente la emisión de gases de efecto invernadero, poner alto a la criminal deforestación y destrucción de la biodiversidad, al tiempo de dejar el discurso mediático carente de voluntad política para, efectivamente, trascender a la realización de programas claros con medidas que frenen lo que contribuye al calentamiento global, en lo nacional, regional y local.
 
El futuro de la humanidad está en riego. De eso no hay duda. Empero no hemos tomado consciencia de la dimensión del efecto negativo que se vivirá de no cambiar muchas conductas, prácticas y formas de vida que desde décadas atrás han afectado, y continúan haciéndolo, las condiciones que nos brindaban un equilibrio dinámico del clima planetario. La responsabilidad de ese cambio no recae sólo en las instancias de gobierno, sino que es, y debe ser, del conjunto de la sociedad porque conlleva modificar nuestro estilo de vida consumista y depredador. En este orden de compromiso social, la Universidad Veracruzana (UV), a través del programa de Estudios de Cambio Climático en el que participan académicos de la UV, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y del Instituto de Ecología (INECOL) impulsados por el Dr. Adalberto Tejeda Martínez, viene realizando un profundo estudio en el entorno veracruzano de las condiciones y, sobre todo, de los negativos afectos que se tendrán que enfrentar de no resolver las causas que interactúan, en lo regional y local, en el cambio climático adverso. Resultado de ello es el documento Veracruz ante el cambio climático: acciones mínimas 2019-2014. 65 propuestas (febrero de 2019). El texto que se encuentra en la página web de la Universidad Veracruzana (www.uv.mx), inicia con una clara explicación de los efectos que se tendrán en Veracruz y da evidencias cuantitativas y cualitativas de ello. Por ejemplo, se señala: “Actualmente, en Veracruz se tiene menor precipitación, en promedio, que hace dos décadas. En las montañas, sin embargo, llueve más y ocurren tormentas de menor duración, con fuertes escurrimientos que arrasan el suelo fértil produciendo ríos de lodo y desprotegiendo el suelo en la cuenca alta, mientras que en la cuenca baja se registran sequías más acentuadas y frecuentes” (p. 7). En ese escenario se proyectan consecuencias negativas para 2030 y 2050 de continuar la elevación térmica. Si ésta aumenta en 1.5 y 2° C, respectivamente en esos años, no sólo se exacerbará “el estiaje y la intensidad de las inundaciones” (p. 8), sino traerá afectaciones en la salud, la dinámica económica se alterará por completo, el aumento del nivel del mar inundará espacios costeros provocándose un súbito y masivo desplazamiento de la población hacia las zonas altas, la agricultura se verá afectada por sequías prolongadas o lluvias torrenciales, en fin, los efectos son múltiples como múltiples deben ser las acciones preventivas de los efectos, resolutivas de las causas y modificadoras de la actual forma de vida.
 
La propuesta interrelaciona los diversos sectores, explica los impactos que se tendrá en ellos de no cambiar la situación y los costos que acarreará en lo ecológico, en la biodiversidad, lo agropecuario, la dinámica económica, desorden urbano, la salud y, sobre todo, del daño a la vida humana pues se podría pasar de la pobreza a una miseria estructural e intelectual. Sin recurrir a un lenguaje catastrófico, se explica qué se puede esperar y qué se puede hacer para prevenir o enfrentar las consecuencias derivadas del cambio climático. Esto, desde luego, pensado a partir de la realidad veracruzana y para actuar en lo regional y local, lo que a la vez es actuar en lo global. El conocimiento está ahí como también el saber qué hacer. La voluntad política con visión prospectiva para liderar un cambio de actitud que conduzca a resultados efectivos debe ser construida desde la base misma de la sociedad y eso atañe a la actitud coordinada de los tres niveles de gobierno (¿se podrá lograr cuando la estupidez política privilegia la pelea entre facciones políticas cuando la función pública debe estar al servicio de la sociedad?).
 
Por eso la propuesta Veracruz ante el cambio climático, no se limita a señalar causas, sino trasciende su ámbito académico para situarse en el plano social y político al proponer soluciones inmediatas y mediatas, no de corte aislado, sino interrelacionado en tanto que los efectos están, de una u otra manera, con mayor o menor impacto, relacionados entré sí. En ese sentido, las propuestas son transversales y abarcan biodiversidad, educación, investigación, gobernanza, salud, agricultura, hidrología, costas, economía, edificaciones y urbes, así como mitigación de emisiones de efecto invernadero. Documento que es necesario difundir para conocer, reflexionarlo para actuar y convencernos, como sociedad, de que es necesario trascender hacia una actitud de vida sobria que privilegie los imperativos ecológicos en coherencia con la naturaleza. La “moneda está en el aire”, como bien dice la consigna popular.
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