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Veracruz: desaceleración y crecimiento

Rafael Arias Hern?ndez 08/05/2013

alcalorpolitico.com

La información sobre la evolución de la economía no se detiene. Como en el conocido chiste de humor negro, tenemos dos noticias.
 
La buena es que la economía crece.
 
Así lo anuncia el INEGI, al distribuir puntualmente el pasado 29 de abril, los resultados del Indicador Trimestral de la Actividad Económica Estatal (ITAEE), correspondientes al cuarto trimestre de 2012.
 
Este indicador de coyuntura, ofrece una versión preliminar sobre la evolución económica de las entidades federativas del país. Y está asociado, con la información difundida el 18 de febrero de este año, sobre la situación de la economía nacional, también para el mismo cuarto trimestre.
 
Con las dos, se puede disponer de datos confiables sobre el desempeño económico en 2012.
 
De acuerdo al (ITAEE), durante el trimestre octubre-diciembre del año pasado, 12 entidades federativas tuvieron mayores avances que Veracruz (3.8), por variación porcentual real, respecto al mismo periodo del año anterior.
 
En los primeros lugares destacan: Nayarit (7.2), Puebla (6.6), Quintana Roo (6.0), Coahuila de Zaragoza (6.0), San Luis Potosí (5.5), Tlaxcala (4.9), Guanajuato (4.8),  Zacatecas (4.6) y otros. Veracruz ocupa el lugar 13.
 
El promedio nacional, del cuarto trimestre al mismo trimestre del siguiente año, fue de 3.2 %.
 
En todo caso, conviene iniciar el análisis del comportamiento económico de la economía nacional y las estatales, de enero a diciembre  del 2012, en el que de entrada se observa crecimiento en todo el país, excepto en el estado de Campeche.
 
Y también, tomar en cuenta las series desestacionalizadas, del mismo indicador; particularmente las que muestran la variación porcentual, respecto al trimestre anterior.
En fin, por lo pronto, tanto la economía nacional, como la de Veracruz, crecieron durante todo 2012, aunque la desaceleración se dejó sentir en el último trimestre.
Se observa también, que la veracruzana cerró con tres trimestres consecutivos, por encima del promedio nacional.
 
 
Crecer para qué y para quién.
 
La mala noticia, es que el ritmo de crecimiento disminuyó y por lo tanto, es aún más insuficiente.
 
Inocultable y notoria situación, sobre todo ante la evidencia de los efectos de las crisis mundiales y la persistencia de gran parte de crecientes necesidades sociales insatisfechas.
 
A pobres, miserables y hambrientos se suman ya los sedientos.
 
Tiempo de recordar y recordarles a los responsables de planes, políticas y programas oficiales, que de todas partes llegó la alerta.
 
En su momento, lo anunciaron casi todas las instituciones internacionales (FMI, Banco Mundial, OCD, CEPAL, etcétera).
 
Lo repitieron organismos y dependencias gubernamentales nacionales, como el Banco de México y la misma Secretaría de Hacienda.
 
Lo analizaron y comentaron especialistas, estudiosos y comentaristas.
Hoy, en efecto. Lo anunciado, se ha confirmado.
 
Tiempo de preguntar y preguntarnos:
 
¿Qué se hizo para evitarlo o enfrentarlo?
 
¿Qué se hace para controlar daños y resolverlo?
 
¿Cuál es el verdadero alcance de las reformas?
 
¿Descentralización, desfeudoralismo y participación social?
 
¿Persistencia en la rendición de cuentas?
 
Hay que informarse para saber y contar con diagnósticos actualizados. No los de los discursos y declaraciones oficiales del “vamos bien”; ni de las auto adulaciones y mensajes triunfalistas y escapistas.
 
Conocer la realidad, particularmente, porque hay que precisar, lo que se debe y se puede hacer, tanto en el ámbito federal como en los ámbitos estatal y municipal. Políticas públicas realistas y efectivas.
 
No hacer nada, hacer lo mismo, o hacer como que se hace, no contribuye ni ayuda a enfrentar las crecientes necesidades sociales y a resolver los múltiples problemas que se padecen.
 
De entrada, hay que reconocer que persisten necesidades insatisfechas; crecen y se complican muchos problemas.
 
Las crisis siguen ahí y sus consecuencias se hacen sentir en todas partes. Peor aún, cuando en los gobiernos hay quienes se unen, en el uso y abuso de recursos públicos y atribuciones institucionales; cuando se juntan la ineficiencia con la delincuencia.
 
La reducción prevista afecta a muchos países, incluyendo al nuestro.
 
Se reduce el crecimiento económico, aparece la desaceleración y aumenta el riesgo de estancamiento y recesión.
 
Es tiempo también de tener presente y no olvidar que aumentar la economía, no es ni será suficiente si no se logra un verdadero impulso al desarrollo humano, social y sustentable.
 
La regulación gubernamental es imprescindible para evitar abusos, excesos e injusticias; también lo es, la redistribución de oportunidades, recursos públicos, ingreso y riqueza.
 
Imposible ignorar, minimizar o distorsionar la creciente desigualdad económica y social que afecta ya, en mayor o menor proporción, a todos los países del mundo.
 
Desigualdad, que en palabras del premio nobel de economía, Joseph Stiglitz, sigue en aumento. Quien además sostiene, que en el planeta, el 1 por ciento de la población concentra el 99 por ciento de la riqueza.
 
Desde luego, tienen razón quienes afirman, que peor resulta si la economía no crece, se estanca o se debilita.
 
Cierto, hay que hacer todos los esfuerzos para producir y fortalecer la economía, porque hay que recordar que no se puede repartir ni consumir, ahorrar o invertir, lo que no se tiene.
 
Pero también hay que insistir y tener presente, que no es salida ni solución hacer más pobres a los muchos y demasiados pobres; y más, mucho más ricos, a los pocos y contados acaudalados.
 
No es conveniente, ni recomendable desembocar en las conocidas soluciones, de sacrificio y sufrimiento de la población, que hoy en día padecen millones y millones en todas partes del mundo. Condiciones que facilitan o propician inconformidad e inestabilidad, descontento y resistencia civil, delincuencia y violencia.
 
O en los rescates, subsidios, apoyos, privilegios y todo tipo de ayudas, de cuantiosos recursos públicos a los causantes de las crisis y beneficiarios descomunales, de los presupuestos gubernamentales y el patrimonio público.
 
Bien se sabe que, austeridad y endeudamiento gubernamental, debilitan y complican el bienestar social y el crecimiento.
 
El combate a la pobreza, el hambre y la miseria, es para reducirlas y eliminarlas, no para extenderlas y administrarlas. Mucho menos para sacar provecho de estas limitaciones, sufrimientos y sacrificios.
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